Así funciona la genómica de consumo

Dietas milagro usando tu ADN: las empresas que meten mano a tu genoma... y a tu cartera

Las firmas que ofrecen estudios genéticos, tanto para diseñar dietas personalizadas como para recomendarte un vino, proliferan a ambos lados del Atlántico.

Foto: Plataformas como la estadounidense Helix y la española Made of genes ofrecen productos de genómica de consumo (Fuente: Helix)
Plataformas como la estadounidense Helix y la española Made of genes ofrecen productos de genómica de consumo (Fuente: Helix)
La esencia de cada ser humano está escrita en su ADN. Entonces, ¿por qué no preguntar a nuestros genes cuál es la rutina de gimnasio que más nos conviene o el tipo de vino que nos conquistará? Según la ‘startup’ Helix, consultar a esta especie de oráculo biológico sobre cuestiones de lo más variadas ya es posible: la plataforma está enteramente dedicada a la denominada genómica de consumo.

La empresa se independizó en el 2015 de su progenitor, el gigante estadounidense Illumina, especializado en tecnología de análisis y secuenciación del ADN, por cuyos ordenadores ha pasado el 90% de los datos genéticos de todo el mundo.

Siguiendo las huellas de su padre, este comercio electrónico ofrece más de una veintena de productos y servicios que permiten conocer desde el riesgo de padecer ciertas enfermedades congénitas al rostro de tu futuro bebé, obtener una dieta personalizada o una recomendación vinícola “científicamente seleccionada”. Aunque también puedes encontrar bufandas y calcetines coloreados en base al genoma de su dueño. Todo ello por un precio que puede superar los 200 euros.

Básicamente, la plataforma funciona de la siguiente manera: al comprar cualquiera de los productos, el usuario recibe un kit para enviar una muestra de saliva de la que se extraerá el ADN para su secuenciación. Los análisis disponibles en la tienda virtual corren a cargo de empresas externas, como DNAFit o Insitome. Estas compañías utilizan la web como escaparate y obtienen de Helix los datos genéticos de los clientes, quienes reciben, finalmente, asesoramiento vía ‘app’.

Puedes asignar colores a las bases del ADN para que la empresa Dot One diseñe unos calcetines personalizados (Fuente: Helix I Dot One)
Puedes asignar colores a las bases del ADN para que la empresa Dot One diseñe unos calcetines personalizados (Fuente: Helix I Dot One)

Es un nicho de negocio cada vez más atractivo gracias a los avances científicos y el abaratamiento de este tipo de estudios. La firma Soccer Genomics ofrece planes personalizados para futuros futbolistas y Orig3n, un test que predice la habilidad de un niño para aprender idiomas.

Aunque más tímidamente, la tendencia ha llegado a este lado del charco. En España encontramos también una plataforma que ofrece estudios genéticos de diferentes empresas, Made of genes. A ellas se suman firmas como como Alimentómica, una ‘spin off’ de la Universidad de las Islas Baleares, y Nutrigen Service, que ofrece una dieta inteligente acompañada por videoconsultas nutricionales a través de su aplicación. El plan de alimentación de esta última se diseña a partir de una prueba genética (200 euros) que determina los factores responsables del sobrepeso en cada persona.

Aquellos que contratan los servicios de alguna de estas compañías acaban pagando cifras considerablemente altas, por lo que es normal que se pregunten qué hay de cierto en estas promesas. Más allá de los análisis que determinan dónde vivían sus ancestros o reconstruyen su árbol genealógico, ¿puede realmente un test genético indicar qué comidas y ejercicios les harán perder kilos o qué vino casa perfectamente con sus gustos?

Base científica, sí, pero limitada

Rastrear el ADN en busca de pistas que permitan diseñar planes de alimentación a medida es la base de la nutrigenómica y la nutrigenética, dos disciplinas relacionadas que estudian las interacciones entre genes y alimentos y la respuesta del organismo. Los test en este ámbito identifican ciertos marcadores genéticos conocidos —también llamados polimorfismos o SNPs, de ‘single nucleotide polymorphism'— que, según han demostrado trabajos científicos, están relacionados con factores como el metabolismo del colesterol y las grasas y la predisposición al sobrepeso.

Si bien se han descrito alrededor de un centenar de estas variantes que pueden verse alteradas por modificaciones en la dieta, “hay que tener en cuenta que la información es limitada”, advierte a Teknautas Andreu Palou, director de Alimentómica e investigador del centro CIBEROBN del Instituto de Salud Carlos III.

El abaratamiento de los costes de la secuenciación y análisis genéticos permitirá la expansión del mercado (Fuente: Helix)
El abaratamiento de los costes de la secuenciación y análisis genéticos permitirá la expansión del mercado (Fuente: Helix)

Partiendo de lo que ya sabemos “se pueden hacer ciertas recomendaciones dietéticas, pero no aconsejar una dieta milagrosa. Y para esto hay que estar muy al día en ciencia”, asegura por su parte Lluís Arola, director del Centro Tecnológico en Nutrición y Salud de la Universidad Rovira i Virgili. Como explica Palou, los test pueden ser útiles, pero solo si se manejan un número suficiente de genes y son interpretados por verdaderos expertos.

“Lo único que sabemos a ciencia cierta es que, si quieres adelgazar, tienes que comer menos y hacer más ejercicio”, sostiene Arola. En su opinión, si no tienes problemas de salud o de sobrepeso, “¿para qué te vas a gastar 200 euros?”. Ahora, lo más aconsejable para quien decida hacerlo es averiguar quién realiza el estudio. En un área tan incipiente, “la calidad de la información que te dan depende mucho de quién está detrás del test nutrigenético”, dice el catalán.

La relación de la genética con el deporte se conoce un poco más. Se han identificado variantes en nuestro ADN que determinan, en cierto grado, factores como la capacidad de recuperación tras el esfuerzo físico o la propensión a desarrollar más o menos musculatura. De nuevo, el diseño de una tabla de ejercicios personalizada a partir de los resultados de un análisis genético tiene sentido científico… si se hace bien. “El consumidor lo tiene difícil para distinguir entre test que pueden ser de utilidad y están en manos de expertos y aquellos que no sirven para nada. Los primeros son más caros no solo por los costes analíticos, sino, sobre todo, por la interpretación que es necesario aplicar”, subraya Palou.

Hay cierto fundamento científico, pero la información de la que disponemos es muy escasa

¿Y las recomendaciones vinícolas basadas en el ADN? Vinome, la empresa que ofrece el servicio, asegura que se basa en los hallazgos de un estudio propio para buscar variantes genéticas relacionadas con los gustos. A partir de él, han desarrollado un algoritmo para detectar los marcadores en el genoma de sus clientes y asociarlos con características organolépticas de las bebidas.

Aunque se han identificado algunos polimorfismos relacionados con los receptores de sabor y la respuesta de cada persona, la posibilidad de elegir un tipo de vino a partir de ellos parece bastante remota. “Hay cierto fundamento científico, pero la información de la que disponemos es muy escasa. Tiene que ser un algoritmo con mucha imaginación”, bromea Arola.

Después de pasar un test sobre qué alimentos te gustan, Vinome te recomienda un vino basándose en tu genética (Fuente: Helix I Vinome)
Después de pasar un test sobre qué alimentos te gustan, Vinome te recomienda un vino basándose en tu genética (Fuente: Helix I Vinome)

Las páginas de los productos de Helix informan tanto de las limitaciones de los resultados que ofrecen como de la ciencia que, supuestamente, los respalda. Sin embargo, el genetista y médico estadounidense Eric Topol ha criticado duramente a la empresa, tachándola incluso de pseudocientífica. No pone pegas al procedimiento de secuenciación, pero sostiene que los análisis posteriores se sustentan en trabajos con pocos datos que no son replicables. En su opinión, la plataforma deja en mal lugar a la genómica de consumo.

Por otra parte, los usuarios no pueden obtener sus datos genéticos, solo el informe final donde se indican las conclusiones. La compañía se los queda —con las implicaciones para la privacidad que ello implica— y el cliente tiene que volver a someterse a nuevos análisis y estudios si quiere probar suerte en una empresa ajena a la plataforma. La empresa Made of genes, por el contrario, custodia en la ‘nube’ la enciclopedia de genes de sus clientes para que puedan consultarla en cualquier momento.

En opinión de Palou, la protección de la información genética de las personas es una de las cuestiones más importantes en este campo y “el reducto a defender”, aunque reconoce que lo ve difícil.

Un negocio en ciernes

Técnicamente, en Estados Unidos es la FDA el organismo encargado de regular los kits genéticos que ofrecen estas firmas, aunque no está claro hasta donde llega su responsabilidad. Hasta la fecha, solo se ha pronunciado sobre la empresa 23andme.

Mientras tanto, la Comisión Federal de Comercio estadounidense registra unas 50 reclamaciones al año relacionadas con engaños en el sector de la salud tecnológica. En el 2014, la agencia se enfrentó a un caso contra la empresa de genómica de consumo GeneWize, que denunciaba que su test de ADN podía identificar las “desventajas” de una persona y solventarlas con “suplementos dietéticos y un sérum individualizado según el perfil genético”.

En España no existe legislación específica sobre la materia

En España tampoco existe legislación específica sobre la materia. La Ley de Investigación biomédica habla de los test genéticos en general en el campo de la salud y advierte que deben estar sujetos a prescripción y asesoramiento médico. Por eso, algunos expertos en Derecho señalan que los dirigidos directamente al consumidor no deberían comercializarse en nuestro país si no se realizan en un entorno clínico.

Para Arola no hay problema porque, de momento, no hacen daño. “No hay que olvidar que esto es un negocio”, dice. Pero uno incipiente: “Lo primero que llega al mercado suele ser lo fantasioso, pero el tiempo se encargará de seleccionar aquellos test nutrigenéticos que demuestren utilidad”, sostiene Palou.

Ambos investigadores coinciden al predecir que las cosas cambiarán en un futuro cercano, cuando los precios de la tecnología de secuenciación y análisis de ADN bajen y, como consecuencia, aumente la información disponible sobre variantes genéticas. Cuando se anunció el Proyecto Genoma Humano en 1989, se estimaba que costaría alrededor de 3.000 millones de dólares (algo más de 2.500 millones de euros), aunque acabó siendo algo menos. Las cifras han disminuido exponencialmente desde entonces. Hoy, secuenciar el genoma es unas 400.000 veces más barato que en el 2001.

En unos años “estará sobre la mesa la compra selectiva de productos en función de tu genotipo, la cocina selectiva”, augura Arola, quien reitera que aún es pronto: “Aunque hay empresas que lo hacen bien [están respaldadas por universidades o centros de investigación y limitan claramente el alcance de sus estudios], hacer actualmente recomendaciones dietéticas o de deporte por 200 euros para mí es charlatanería”.

A los consumidores solo les queda tener cautela y saber elegir, “como ahora vas a un médico o a otro en función de referencias o prestigio”, apunta Arola. Porque la evolución del mercado es rápida. Y, por lo que parece, imparable.

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