no te suena, pero a partir de ahora lo hará

Este es Álex Pérez, el niño prodigio en la sombra de las 'startups' españolas

Allá por donde pasa sale un negocio, ya sea en Harvard o convenciendo al niño superdotado de 'Crónicas Marcianas' para montar una conferencia con premios Nobel en Oxford

Foto: Alex Pérez en la conferencia de Altius en Oxford.
Alex Pérez en la conferencia de Altius en Oxford.

El currículum de Alexandre Pérez Casares (Valladolid, 1983) luce impecable sobre el papel. Graduado en Ingeniería Industrial por la Universidad de Valladolid, en la ciudad aún recuerdan el día que el periódico llevaba a página completa su expediente, el mejor de la historia de la escuela con 50 matrículas de honor. "Industriales en Valladolid es famosa por ser una de las carreras más duras y largas de España", recuerda un alumno que lo conoce. "Así que no, Álex tonto no es".

La excelencia le valdría premios —el Extraordinario de su universidad y el Nacional de Ingeniería en 2006— y becas —la de Caja Madrid, Fundación Carolina y Fulbright— con las que se marchó a estudiar a Estados Unidos: primero a Standford (un MBA) y después a Harvard (un MPA, máster en Administración Pública). La experiencia y contactos en ambas le llevaron a su posición actual: un extraño híbrido entre la élite académica e intelectual internacional y su día a día en una de las 'startups' más sonadas de nuestro país: Fever, una 'app' para buscar planes en la ciudad.

Álex es cofundador y presidente de Altius Society, una suerte de club de pensadores que desde 2014 reúne en Oxford anualmente a varias de las mentes más brillantes del planeta para debatir sobre el futuro de la humanidad. Solo a la edición de este año acudieron, entre otros, tres premios Nobel —Sheldon Glashow (Nobel de Física en 1979), Rajendra Pachauri (Nobel de la Paz en 2007) y Harold Varmus (Nobel de Medicina en 1989)—, una Medalla Fields (Sir Michael Atiyah) y perfiles políticos como Enrique Iglesias (expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo).

Junto a él está Carlos Blanco, a quienes muchos recordarán por ser el niño superdotado de 'Crónicas Marcianas'. Carlos es académico, trabaja como profesor en la Universidad Pontificia de Comillas y la complementariedad con Álex es perfecta: él pone la cabeza pensante y humanista, mientras que Álex aporta el brazo ejecutor y los contactos políticos de la sociedad. Ambos definen Altius como la antítesis de Davos: un lugar donde no se va a cerrar tratos, sino a pensar.

Carlos Blanco en la Conferencia Altius de Oxford.
Carlos Blanco en la Conferencia Altius de Oxford.

"En el mundo ya hay sitios de poder", apunta Carlos a Teknautas. "Y no me gusta. Yo de pequeño iba a la tele, he coincidido con gente así y no son debates profundos. Para traer a los académicos, hay que convencerles con ideas".

Pero la rutina diaria de Álex tiene poco que ver con esta prominencia intelectual. En la sombra, sin dar la cara ni en medios ni en papeles, es desde hace cuatro años la mano que mece Fever, una 'startup' fundada en 2011 por la que ha pasado mucha gente —porque la rotación de empleados es muy alta— e inversión, porque lleva levantando rondas desde que se fundó. La cúpula de la empresa se reestructuró en 2015, cuando su fundador Pep Gómez dejó de estar al mando e Ignacio Bachiller, hijo del presidente de Mediobanca, le sustituyó.

Álex solo figura como asesor estratégico, pero varias fuentes consultadas coinciden desde hace años en que es quien manda, quien "parte el bacalao". Prueba de ello es que aparece en Madrid, en una cafetería de la Plaza de Olavide, maleta de ruedas en mano y con poco más de una hora para charlar: ha venido a una reunión con Atresmedia (inversores en Fever) porque, al ser estratégica y financiera, se lo ha pedido Nacho (el CEO) y a las 20:40 coge un avión de vuelta a Londres, donde reside y trabaja desde la oficina que tienen allí.

"Depende del mes. En Fever dije: me encanta el proyecto, pero necesito flexibilidad", asegura. "Yo gestiono mi tiempo. Soy un 'advisor". Así dedica el resto, dice, a Altius.

Álex sólo figura como asesor estratégico, pero varias fuentes consultadas coinciden en que es él quien "parte el bacalao"

"Lo de las 'startups' le viene de Standford", considera Carlos. "Somos superamigos, pero yo no uso Fever. Hay gente muy inteligente, como la que trabaja en banca de inversión, que no está satisfecha. Creo que a Álex puede pasarle lo mismo. Es un entorno menos intelectual". Para Álex, que antes de Fever trabajó en banca de inversión, esto no es del todo cierto: "Fever me apasiona porque refleja un cambio de tendencia: la gente ya no quiere cosas, sino experiencias. Pero en una 'startup' estás en la noria de ratón, tan estresado que priorizas el corto plazo. Tienes poco tiempo para pensar en el 'bigger picture' y temas trascendentales".

Harvard: un enamoramiento intelectual

Alexandre y Carlos se conocieron en Harvard en 2010, cuando el primero estudiaba un máster en Administración Pública y el segundo hacía una estancia en el Comité para el Estudio de la Religión. Ambos iban becados por Caja Madrid.

"El grupo de españoles era compacto", recuerda Carlos. "Yo estudié Química, Filosofía y Teología; Álex, Ingeniería Industrial. Yo soy humanista y él es analítico, una mente rápida que me rebatía. Me gustaba porque me gustan los desafíos. Hablábamos de física, matemáticas, historia de las civilizaciones... de tecnología y economía, que no me interesaba hasta entonces. Él tenía la idea de reunir a más gente para hablar de esos temas".

"Carlos tiene infinita curiosidad", añade Álex. "Yo venía de ingeniería y le interesaba mucho. Tuvimos una especie de enamoramiento intelectual".

Deb Roy, Director de Estrategia de Medios de Twitter, en la conferencia.
Deb Roy, Director de Estrategia de Medios de Twitter, en la conferencia.

Carlos volvió a España en 2011 y empezó a trabajar como profesor, primero en Pamplona (Universidad de Navarra) y después en Madrid (Universidad Pontificia de Comillas). Álex continuó entre Harvard y Standford, en un programa conjunto de las dos universidades, e inició su incursión en el mundillo 'startup' español.

La primera 'startup' de Álex: Blink

En 2010, Álex había conocido a Rebeca Minguela, otra española becada en el MBA de Harvard Business School. "Ellos hablaban de emprendedurismo", recuerda Carlos. "A mí me interesa lo académico, no la empresa. Yo me evadía".

Álex y Rebeca idearon una red de emprendedores para solucionar el desempleo juvenil en España, que fundaron en 2011 y terminó siendo Blink, una 'app' de reserva de hoteles que en 2012 se vendió a Groupon.

La historia —explicada en este artículo y recogida en un caso de Harvard— terminó mal entre los dos: al poco de empezar, mientras la empresa echaba a andar con fundadores a caballo entre España y Estados Unidos (donde estudiaban), Álex falsificó documentos, propició que varios inversores abandonaran el proyecto y Rebeca lo despidió.

La emprendedora Rebeca Minguela.
La emprendedora Rebeca Minguela.

"No hablo mal de personas con las que trabajé en el pasado", apunta Álex, zanjando el tema. "Aún estaba en Harvard. Ahí conocí a José María Beneyto, en una conferencia que dio".

José María Beneyto es catedrático y fue diputado del PP y coordinador de la subcomisión del Fondo de Reestructuración Bancaria en 2012. "Se me acercó un chico joven, me dijo que era español y que estaba estudiando. Tomamos una cerveza y nació una amistad. Me pareció una persona muy competente", recuerda hoy. "Eran años complicados. Todo estaba revuelto, en plena crisis. Yo me dejaba asesorar por personas y una de ellas fue Álex". Juntos contactaron con el 'Financial Times' y publicaron un artículo sobre los mitos de la economía española, advirtiendo a los inversores de que, dijeran lo que dijeran los mercados, España iba bien.

"Había un problema de percepción", indica Álex. "La economía española no estaba tan mal como se decía".

Los viajes a España de Álex en verano de 2012 también sirvieron para reunirse con Carlos y terminar de gestar Altius Society. Beneyto sería, a partir de entonces, uno de los perfiles imprescindibles en la sociedad: junto a él, Diego Hidalgo (exconsejero del grupo PRISA y mayor filántropo de España) y Manuel Muñiz (actual decano del Instituto de Empresa), que ejerció como primer presidente.

"La iniciativa es de ellos. Pero desde el primer momento hubo personas sénior a las que nos pareció que aquello tenía mucho interés", continúa Beneyto. "Era un enfoque interesante con gente interesante vinculada a Harvard y Oxford. No se hace habitualmente".

En los años siguientes, Altius daría el estirón con los patrocinios de Telefónica y Acciona

"Nos ayudaron mucho", añade Carlos. "Manuel Muñiz estaba en Oxford y tenía mucha capacidad de organización. Yo dije que no quería ser presidente, que debía serlo o Álex o él". Muñiz, que ha preferido no participar en este reportaje, dejó Oxford en 2016 y se desvinculó. Álex pasó a ser presidente de Altius, que en los años siguientes daría el estirón: con patrocinios de Telefónica y Acciona (un total de 20.000 € según él) para pagar vuelos a los conferenciantes y el empujón intelectual de Carlos, consiguieron potentes paneles que reunían a lo más selecto de la academia internacional.

"En la tercera edición yo tomé las riendas del contenido", continúa Carlos. "Dije: quiero traer a las mejores mentes del planeta. Estamos en un mundo movido por el dinero y el poder. Pues no, quiero que sea el intelecto. Me lanzaba. Por ejemplo: cené con Eric Maskin, Nobel de Economía en 2007, y le dije 'venga a la conferencia'. Y vino. En 2016 traje premios Nobel, Wolf... Mentes brillantes que solo al interactuar con ellas dices: esto es lo que vale la pena de la humanidad. Es casi un milagro".

Carlos Blanco charla con asistentes a la Conferencia Altius en Oxford.
Carlos Blanco charla con asistentes a la Conferencia Altius en Oxford.

La segunda 'startup' de Álex: Fever

En paralelo a todo aquello, Álex empezó a asesorar al fundador de Fever, Pep Gómez. Bernardo Hernández, el primer inversor de la 'startup' y mentor del joven emprendedor, conoció a Álex en San Francisco y fue quien los presentó.

Durante algo más de dos años, de 2013 a finales de 2015, ambos convivieron como pudieron en la gestión. La historia —explicada en este artículotampoco terminó bien. Esta vez quien salió perdiendo no fue Álex, sino Pep, que tras problemas con el Consejo de Administración abandonó la dirección. En su lugar quedaron Ignacio Bachiller, un joven con experiencia en McKinsey, como CEO, Francisco Hein, otro joven que venía de la 'app' Happn, como CMO y Álex, el más experimentado de todos. Desde entonces se mantiene a la cabeza, aunque solo como "asesor".

"Sin sus ánimos, Fever no hubiera seguido", cuenta Hein. "Nos ayuda muchísimo. Ha sido clave".

Es realmente un tipo muy listo. Pero o no le gusta, o no puede o no le dejan estar de cara al público. Prefiere estar en la sombra

"Gestiona cosas tan simples como los textos de las notificaciones 'push", cuenta un antiguo empleado. "Es realmente un tipo muy listo. Pero o no le gusta, o no puede o no le dejan estar de cara al público. Prefiere estar en la sombra".

Una teoría, un "secreto a voces" manejado entre extrabajadores, es que los tres se aliaron para que el consejo de administración de la empresa despidiera al "inmanejable" fundador Pep. La narrativa coincide, aunque no en todos los detalles, con la de Unicornio en Paro, una cuenta anónima de Twitter que se ha popularizado últimamente entre las 'startups' por publicar soplos del mundillo.

Su lectura, anónima y a través de 'email', es que "Álex consumó en Fever el golpe de estado que no pudo dar en Blink". A Álex y a otros implicados Unicornio les parece "tergiversador", pero no ocultan su mosqueo ante algunos datos publicados que fuentes conocedoras de la situación reconocen como ciertos.

"La gente dice que Álex es muy maquiavélico", señalan fuentes cercanas a él. "A mí no me lo parece. Quizá sí es muy pragmático". Quienes han trabajado bajo su mano en una u otra 'startup' lo definen como una persona muy inteligente, manipuladora, con poca empatía y ningún escrúpulo para hacerse con el poder. "La parte política la hace muy bien", apunta una de estas personas. "Pero no es alguien que sepa relacionarse con los demás", añade otra. "Había reuniones muy tensas en las que él no sabía ser diplomático. Se puede no estar de acuerdo, pero te trata con mucho desdén. Se le nota superioridad".

Esa superioridad, consideran otros, es elitismo intelectual: viene de entornos muy altos —Oxford y Harvard— y muy diferentes al día a día de una 'app'.

Álex Pérez, en la conferencia Altius.
Álex Pérez, en la conferencia Altius.

"Busca la paja en el ojo ajeno y tendrás una viga en el propio", responde Álex. "Pero precisamente por este salto entre la empresa y lo racional... Cuando estaba en Harvard, limpiaba escuelas públicas en los suburbios de Boston. Creo que tengo empatía".

Las diferencias de trato entre equipos —entre ingenieros y diseñadores y resto de empleados— son habituales en cualquier 'startup' y Fever no es una excepción: los desprecios por parte de 'management' a becarios y trabajadores de 'marketing' de contenidos (habitualmente, mujeres) que quedaron reflejados aquí permanecen, según las fuentes consultadas.

"¿A quién desprecio yo? Y si ahora estamos 'manejando el pescao', ¿por qué solo hay cinco becarios?", responde Álex. "Pero imagínate que viene alguien de X departamento y dice que es injusto que un ingeniero cobre más y pueda teletrabajar. Tú das una justificación, pero a la gente no le satisface. Parece injusto. Pero, ¿cómo lo arreglarías tú?".

"Una persona brillante"

Los últimos meses han sido ajetreados para Álex y Carlos. Del 29 de septiembre al 1 de octubre de este año celebraron la cuarta edición de Altius en la Oxford Union Society, la mejor sede de la universidad. "Fue a través de Alberto Merchante, una de las mentes más brillantes de España y miembro de la Oxford Union", dice Carlos. "Nos dijo: vais a respirar historia. Aquí habló Churchill. Y nos la consiguió".

Entre los conferenciantes hubo cinco premios Nobel —Finn E. Kydlan, de Economía, Rajendra Pachauri, de la Paz, Harold Varmus, de Medicina, Sheldon Glashow, de Física, y Sir Anthony Legget, de Física (vía vídeo)— además de un premio Wolf de Física (Peter Zoller). Puedes ver el programa completo aquí.

Entre los conferenciantes hubo cinco premios Nobel además de un premio Wolf de Física y una medalla Fields en Matemáticas

"También vino Sir Michael Atiyah, medalla Fields, el equivalente al Premio Nobel de Matemáticas", añade Carlos. "Dio una conferencia en Madrid hace meses y un amigo organizó una cena. Hablamos durante cuatro horas. Y al final vino y dio una charla preciosa: belleza, verdad y espíritu humano. Lo mejor era verlos en la cena, a un medalla Fields o a Harold Varnus, como niños junto a los estudiantes asistentes. Disfrutando".

Carlos se tomó la molestia de solicitar a sir Michael Atiyah una cita sobre Altius para este artículo. El académico contestó. "Encontré la mezcla de la juventud y la experiencia estimulante, fomentando lo mejor de todos. Me da mucha, y muy necesaria, confianza en el futuro".

Entre los españoles estuvieron destaca Belén Romana, expresidenta del Sareb, y el jurista Antonio Garrigues Walker, quien solo tiene buenas palabras para Álex y Carlos. "La experiencia es estupenda. Es un grupo que acepta las reglas del debate civilizado y son temas que importan y tienen que ver con el tiempo actual. Es gente joven con una cultura maravillosa, que para su edad conocen a mucha gente y saben que esto no pasa en España, donde la gente importante es demasiado importante como para ir a sitios así".

Asistentes a la cena Altius en el Pembroke College Dining Hall de Oxford.
Asistentes a la cena Altius en el Pembroke College Dining Hall de Oxford.

"Fue precioso", concluye Carlos. "Yo impulsé Altius en 2016, pero no me atrevo a decir que el mérito sea mío. Álex es una persona brillante y organiza de forma impresionante. Éste era mi sueño de la infancia y no lo hubiera podido llevar a término si no fuera por él".

A Álex le preocupa la mención a su elitismo, así que antes de marcharse a coger su vuelo a Londres insiste en cerrar el tema. "¿Cuándo hemos escrito nosotros a la prensa? Si lo que nos importase es... ¿pero acaso es malo traer [a Altius] a gente que sabe? ¿Tú crees que si voy a una periodista de 'El País' hace un año y le digo: 'dos españoles montan una antítesis de Davos en Oxford con ocho premios Nobel', qué hubiera hecho? Zas. Sacarlo. ¿Y por qué no está eso? Reflexiona por un momento, ¿por qué no hemos hecho eso? ¿Me entiendes?", concluye.

"Pido perdón si alguna vez alguna persona ha sentido que la he tratado con condescendencia, porque mi intención no ha sido esa. A lo mejor es algo con lo que tengo que tener cuidado. Pero de ahí a pensar que traer personas que están haciendo actividades... si eso fuera así, no haría lo que hago".

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