¿Cuánto tardará en ser una amenaza real?

Ataques a 13.000 km: Corea del Norte está cerca de completar su tecnología nuclear

Hasta hace poco se creía que Corea del Norte tardaría muchos años en tener lista su tecnología nuclear. Los últimos acontecimientos demuestran que está más cerca de lo que pensábamos

Foto: (Reuters)
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Ya no cabe ninguna duda: con el Hwasong-15 (Marte-15) Corea del Norte dispone de un misil balístico intercontinental con al menos 13.000 km de alcance y capaz por tanto de llegar a casi cualquier punto de EEUU. Pero cuando se trata de un sistema de armas llegar no basta: también hay que golpear al enemigo, lo que en este caso supone transportar y dejar caer una cabeza de combate (a ser posible nuclear) en el lugar adecuado. Es en estos dos factores donde todavía falla la tecnología norcoreana, que aún no ha resuelto dos problemas básicos: el peso y la protección de la cabeza de combate y la guía precisa del misil. Sin embargo, todas las evidencias apuntan a que ha avanzado mucho más rápido de lo que muchos los analistas pensaban. Tanto que puede estar a solo unos pocos años, o incluso meses, de conseguirlo.

"Corea del Norte puede estar a solo unos meses de desarrollar la posibilidad de atacar EEUU con un misil balístico armado con cabeza nuclear". Fueron las palabras de Mike Pompeo, director de la CIA, el pasado octubre. Tal vez sea la visión más extrema (e interesada) del conflicto, pero múltiples analistas militares coinciden, y dan un ejemplo. Superar las dificultades tecnológicas a las que se enfrenta ahora Corea del Norte le costó más de una década a la URSS y a EEUU, pero menos de dos años a China. Eso fue en 1966. Ahora los avances tecnológicos, incluso para el régimen de Pyongyang, acelerarán mucho más su escalada militar.

Corea del Norte, está demostrado, posee artefactos nucleares. Por la potencia de su última prueba, y a falta de que se hagan públicos análisis atmosféricos, cabe pensar que dispone de la capacidad de construir y detonar una bomba H o termonuclear. El país, sabemos desde esta semana, tiene también el Hwasong-15, un misil con capacidad intercontinental que quizá pueda incluso ser transportado y disparado desde un camión especial. Se podría pensar que la suma de estas dos capacidades es afirmar que Kin Jong-un dispone de la capacidad real de volatilizar cualquier ciudad de los Estados Unidos. Pero la historia nos dice que la cuestión no es tan sencilla: misil+bomba atómica no significa necesariamente disuasión operativa. Para conseguir esta última Corea del Norte necesitará todavía un tiempo. ¿Cuánto?

EEUU tardó al menos 12 años en resolver los problemas tecnológicos de instalar un arma atómica en la punta de un misil balístico intercontinental de tal modo que el arma sobreviviera a la reentrada en la atmósfera y detonara sobre el lugar oportuno. Casi el mismo lapso de tiempo necesitó la URSS para conseguir el mismo objetivo. Cuando China detonó su primera bomba atómica en 1964, EEUU estimó que necesitaría al menos 5 años. Pekín sorprendió al mundo realizando una prueba nuclear con lanzamiento de misil balístico (de alcance intermedio) en 1966. De momento Corea del Norte no ha demostrado esta capacidad. Y los problemas tecnológicos no son sencillos.

Fotografía de archivo del lanzamiento de un misil balístico realizado por Corea del Norte. (EFE)
Fotografía de archivo del lanzamiento de un misil balístico realizado por Corea del Norte. (EFE)

Reentrada atmosférica

El primero y más importante está relacionado con el peso de la cabeza de combate y el equilibrio que debe guardar con su protección durante la reentrada atmosférica. Para que el arma haga explosión como debe tiene que llegar en buenas condiciones, especialmente si se trata de una cabeza termonuclear con la Configuración Ulam-Teller (o 'cacahuete'), que necesita una geometría muy precisa para detonar. Esto supone que debe sobrevivir intacta a las grandes aceleraciones del despegue y la salida de la atmósfera. Y sobre todo debe resistir la reentrada, que es una prueba mayor de su ingeniería.

Las ojivas de un misil balístico intercontinental en trayectoria de combate siguen una ruta suborbital, es decir que no llegan a entrar en órbita, pero casi; parte del camino se hace fuera de la atmósfera y por tanto tienen que volver a entrar en ella para alcanzar el blanco. El problema es que lo hacen a velocidades hipersónicas (hasta decenas de veces la velocidad del sonido), lo que provoca un fortísimo calentamiento aerodinámico: es el efecto que provoca el 'incendio' de los meteoros durante su llegada. El calentamiento es tan intenso que es capaz de destruir rocas, mucho más una estructura como es una cabeza nuclear. Para evitarlo es necesario protegerla con un escudo de calor.

Las cerámicas son muy delicadas mecánicamente: la rotura de unos pocos módulos condenó al Columbia en 2003

Hay dos tipos de escudos que pueden usarse para este fin que hacen uso de dos efectos diferentes. Por un lado están los sumideros de calor, como los que utilizaba la Lanzadera Espacial y algunas de las primeras ojivas nucleares de la historia. Este tipo actúa absorbiendo el calor generado en una masa de metal (el sistema más primitivo) o cerámica avanzada (el de las lanzaderas); la energía se libera posteriormente en la atmósfera poco a poco por radiación. El problema es que las cerámicas son muy delicadas mecánicamente: la rotura de unos pocos módulos condenó al Columbia en 2003. Y si se quieren hacer más sólidas y se emplea el metal hacen falta muchos kilos de material.

Pero aumentar el peso de la carga significa reducir el alcance del misil, y aunque el Hwasong-15 llega más lejos que el 14 no va sobrado de capacidad. Algunos expertos creen que tanto el último lanzamiento del Hwasong-14 como el primero del 15 se hicieron con cargas muy ligeras, de unos 150 kg, para maximizar el alcance. Es muy improbable que Corea del Norte disponga de la capacidad de miniaturizar tanto sus artefactos nucleares. Añadir un escudo metálico pesado reduciría la distancia máxima y por tanto el valor disuasorio.

El líder norcoreano, Kim Jong-un ordena el lanzamiento del nuevo misil intercontinental, un modelo más grande y mejor diseñado que subraya los avances armamentísticos del régimen. (EFE)
El líder norcoreano, Kim Jong-un ordena el lanzamiento del nuevo misil intercontinental, un modelo más grande y mejor diseñado que subraya los avances armamentísticos del régimen. (EFE)

De hecho se cree que para que fuese viable el misil debería poder transportar un sistema completo de reentrada de unos 650 kg, de los cuales 500 corresponderían al arma propiamente dicha y el resto a la estructura y el escudo. Esto dejaría parte del territorio estadounidense fuera del alcance del Hwasong-15 pero le permitiría atacar ciudades como Washington, Chicago o Nueva York, por no citar las de la Costa Oeste. Conseguir ese peso no es nada sencillo, pero un peso mayor limitaría demasiado el alcance.

La única posibilidad es optar por el segundo tipo de protección térmica, el escudo ablativo, que consiste en una masa de material que al calentarse se convierte en gas que se disipa; esta disipación arrastra consigo el calor apartándolo del vehículo. Literalmente el escudo se va deshaciendo y al descomponerse protege al resto de la ojiva. Para ello se crea una estructura 'en colmena' de metales ligeros que se recubre con materiales especiales basados en exóticas resinas de carbono.

Estas resinas deben tener características muy particulares y fabricarse con tolerancias extremas, ya que si el proceso de combustión y disipación no es el adecuado la reentrada puede desestabilizarse y el vehículo perder el blanco, o peor aún, destruirse. Las accidentadas reentradas tanto del segundo ensayo del Hwasong-14 como del Hwasong-15 (que se fragmentó en tres pedazos, al menos) indican que Corea del Norte aún no domina del todo esta tecnología, pero puede estar cerca.

Acertar en el blanco

Con cabezas nucleares no hace falta un elevado grado de precisión en el impacto; hasta la más pequeña tiene tal potencia que arrasa una amplia zona, especialmente si se hace estallar a una altura idónea de alrededor de 1.000 m sobre el blanco. Los análisis realizados por especialistas sobre el posible impacto de un arma nuclear como las que tiene Corea del Norte en distintas ciudades estadounidenses dentro del alcance del Hwasong-15 son aterradores: centenares de miles de muertos instantáneos y hasta millones de heridos sin que sea necesaria una gran precisión en el punto de detonación. Un error circular probable de hasta varios kilómetros supondría poca variación en las consecuencias de un ataque así.

Vista del lanzamiento del nuevo misil intercontinental. (EFE)
Vista del lanzamiento del nuevo misil intercontinental. (EFE)

Lo cual es una ventaja para Pyongyang, dado que colocar una ojiva nuclear mediante un misil intercontinental en el punto deseado no es tan sencillo. En la fase de ascenso el misil debe ir calculando su trayectoria con enorme precisión mediante ordenadores de a bordo y un sistema de localización inercial. En la fase suborbital el control es casi nulo, y el descenso es muy accidentado; además del escudo térmico la ojiva debe tener formas especiales para navegar la reentrada. Maniobrar en las fases suborbital y de reentrada permite a las más sofisticadas ojivas de potencias como Rusia, EEUU o China ejecutar maniobras, bien para esquivar posibles contramedidas como misiles interceptores, bien para atacar blancos móviles (como el misil balístico antibuque chino DF-21). Este tipo de ojivas se conocen como MARV (maneuverable reentry vehicle).

Los MARV exigen sofisticados niveles de miniaturización; sus ojivas necesitan su propio sistema independiente de localización de blancos que incluye un ordenador propio para calcular su posición y un sistema de guía activo como el de radar que usaban las ojivas del misil estadounidense de alcance intermedio Pershing-II, retirado en 1991. Se cree que China trabaja ahora en ojivas capaces de planear para evitar los sistemas de interceptación estadounidenses como el GMD.

La precisión de cualquier lanzamiento de Corea del Norte sobre territorio de EEUU puede contener un error de kilómetros

Es muy dudoso que Corea del Norte disponga de semejante capacidad, y ni siquiera está comprobado que domine la compleja aerodinámica del descenso de una ojiva nuclear. Al menos no con las limitaciones de peso impuestas por sus misiles. Además Pyongyang no puede contar con ayudas externas como el sistema de posicionamiento global GPS o el GLONASS ruso (ex-soviético). El BeiDou chino sólo está operativo con alcance regional y es dudoso que China permitiera su uso para guiar misiles balísticos. De modo que es probable que la precisión de cualquier lanzamiento sobre territorio estadounidense contuviera un error de incluso kilómetros, lo que en ciertos blancos como islas (Hawaii, Guam) o ciudades costeras podría suponer un ataque fallido o limitado.

(Reuters)
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De modo que a pesar de que Kim Jong-un puede contar ya con cabezas nucleares funcionales y con un misil con el alcance necesario para colocar una de ellas en buena parte del territorio de EEUU, aún no ha demostrado poseer algunos elementos vitales en la cadena del proceso como vehículos de reentrada adecuados, cabezas nucleares del tamaño y robustez necesaria y sistemas de control y guía con el suficiente grado de precisión. Pero que no lo haya demostrado públicamente no quiere decir que no esté cerca de lograrlo. Es más, la inteligencia militar internacional apuesta por esta última hipótesis.

Cuando ese momento llegue, es muy probable Pyongyang quiera certificar su capacidad con una prueba nuclear con el sistema completo, lanzando un misil armado sobre algún rincón remoto del Pacífico cuidadosamente elegido para que no provoque una respuesta inmediata. Sería la primera detonación nuclear atmosférica desde 1980 y la demostración final de una capacidad de disuasión independiente real: la comunidad de analistas de EEUU la ha bautizado como el ‘Pajaro Juche’ uniendo el nombre de la primera prueba equivalente de ese país en 1962 (Frigate Bird, durante la Operación Dominic) con el nombre de la ideología dominante en el régimen norcoreano. Habrá quien no lo crea hasta que no lo vea.

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