De una maquina enigma a un avión espía

Este es el tesoro del mayor coleccionista de ‘gadgets’ de espionaje del mundo

Keith Melton ha preservado cámaras espías, micropuntos o restos de vehículos de los servicios de inteligencia. Sus 5.000 artefactos se mostrarán en el International Spy Museum

Foto:  Keith Melton con uno de los objetos de su colección (Foto: Ketih Melton)
Keith Melton con uno de los objetos de su colección (Foto: Ketih Melton)

En 1960, un avión espía estadounidense fue derribado cuando sobrevolaba la Unión Soviética. Gary Powers, el piloto de la aeronave U-2 que debía pasar desapercibida, fue capturado. Volvió a Estados Unidos gracias a un intercambio de prisioneros, aunque no fue precisamente bien recibido. ‘El puente de los espías’, una de las últimas películas dirigidas por Steven Spielberg, narra ese incidente que tensó la cuerda entre las dos superpotencias en plena Guerra Fría.

Fuera de la ficción, hay un apasionado de los ‘gadgets’ de espionaje que ha conseguido hacerse con un pedazo de ese malogrado avión encargado por la CIA. Es más, también conserva un dólar de los años 20 que camuflaba una especie de alfiler con veneno similar al que Powers llevaba en su misión, pero que no usó para suicidarse.

Keith Melton, una de las mayores autoridades del mundo sobre historia del espionaje (ha escrito decenas de libros de referencia en la materia, ha sido consultor técnico en la serie ‘The Americans’ y en numerosos documentales y es asesor de la comunidad de inteligencia estadounidense) atesora esos y otros muchos artefactos.

Él mismo ha mostrado uno de los más famosos hace unas semanas: el piolet con el que el espía español Ramón Mercader asesinó a Trotski. “Lo estuve buscando durante cuatro décadas hasta encontrarlo”, señala Keith Melton a Teknautas. La hija de un agente de la policía secreta mexicana lo guardó bajo su cama durante ese mismo tiempo.

El dirigente soviético Nikita Krushev observando los restos del U-2 (CIA, Wikimedia Commons)
El dirigente soviético Nikita Krushev observando los restos del U-2 (CIA, Wikimedia Commons)

Melton, que ha comprobado de diversas formas que se trata de la famosa arma homicida —conserva la marca del fabricante austriaco y un “amigo” que trabajó en el FBI le ayudó a analizar la forma de la huella ensangrentada que quedó marcada en el bastón—, consiguió que le vendiera el piolet.

Además de presentarlo en sociedad, Melton acaba de decidir donarlo, junto a los restos del U-2, el dólar suicida y más de 5.000 ‘gadgets’ al servicio del espionaje que ha ido recabando con los años, al International Spy Museum de Washington D.C. "Si quieres tener la mayor colección de sellos del mundo, puedes simplemente comprobarlos y comprarlos. Pero en el mundo de la inteligencia no es solo encontrarlos, es saber lo que estás buscando y situarte en la posición para tener la oportunidad de conseguirlos”, apunta enigmáticamente Melton, que presume de tener la mayor colección privada de artefactos de espionaje del mundo.

Una vida dedicada a descubrir secretos

Ingeniero de formación en la Academia Naval estadounidense, Melton no estudió historia ni tampoco trabajó como agente de la CIA: ha hecho su fortuna gracias a ser uno de los mayores propietarios de franquicias de McDonald’s en Estados Unidos. Pese a ello, este coleccionista de Florida es considerado hoy como uno de los mayores historiadores del espionaje.

“En los 70, muchos de los individuos que servían en nuestra OSS [la Oficina de Servicios Estratégicos por sus siglas en inglés], una especie de antecesora de la CIA, estaban empezando a fallecer. Como nadie sabía cómo era su equipamiento, la historia iba a perder esos objetos”, detalla. “Así que empecé un proyecto para preservar la historia de la inteligencia”.

Un dólar de plata con un alfiler para el suicidio como el que llevaba Gary Powers (Colección de Keith Melton en el International Spy Museum)
Un dólar de plata con un alfiler para el suicidio como el que llevaba Gary Powers (Colección de Keith Melton en el International Spy Museum)

Cumplir esa misión, que comenzó hace ya 45 años, le ha llevado a viajar por una veintena de países. Visitar Berlín justo después de que el muro cayera o trasladarse a Moscú durante la caída de la Unión Soviética le permitió hacer los contactos necesarios para conservar objetos usados por la desaparecida Stasi, la que fuera policía secreta de la República Democrática Alemana, o por la KGB soviética.

Presentándose como historiador (“nunca he hablado sobre la política de la Guerra Fría, sobre quién estaba en lo cierto y quién no”) y tirando en alguna ocasión de inventiva (hace unos años comentó que había sacado de la URSS un pequeño objeto dentro de su boca, aunque prefiere no recordar aquella anécdota), Melton ha conseguido recopilar variopintos dispositivos del mundo del espionaje.

Mostró muchos de ellos en las páginas de ‘Ultimate Spy’, un libro cuya primera edición se publicó hace dos décadas y ha actualizado con el tiempo. Las fotografías del volumen recorren cámaras (como las pequeñas y fáciles de esconder Minox, usadas tanto por la CIA como por los soviéticos), curiosos dispositivos de escucha (como un zapato con un sistema de escucha oculto en la suela que el servicio de inteligencia de Checoslovaquia colocó para espiar a los estadounidenses en los 60) o incluso animales utilizados como espías. Él mismo consiguió una de las cámaras que se ataban a las palomas durante la I Guerra Mundial para vigilar desde el cielo.

Las palomas fueron espías en la I Guerra Mundial (International Spy Museum)
Las palomas fueron espías en la I Guerra Mundial (International Spy Museum)

Sin embargo, las armas no abundan en su colección. “En el mundo de ficción de James Bond, el espionaje es fascinación y seducción, mientras que en el mundo real es información secreta y comunicación”, apunta Melton. “James Bond habría sido un mal espía, no duraría ni cuatro minutos en el mundo real”.

De máquinas de cifrado a espionaje diminuto

La vasta colección de artefactos de este coleccionista que echa por tierra al agente 007 llegará al International Spy Museum, que abrirá sus puertas en una nueva sede más amplia en 2018, en diferentes fases. Entre ellos figura una de las máquina de cifrado más famosas: la Enigma, la máquina estrella de los nazis cuyos misterios logró descubrir el matemático Alan Turing, padre de la informática moderna.

El ejército alemán llegó a tener más de 30.000 máquinas en funcionamiento, pero la de Melton, con caracteres en japonés escritos a mano, no llegó a usarse: los alemanes la fabricaron para los japoneses en la II Guerra Mundial, pero la contienda acabó antes de que llegara a cifrar mensajes.

También podrán contemplarse otros objetos menos conocidos por el público general que Melton ha conseguido a lo largo de los años: una canoa sumergible llamada Sleeping Beauty (Bella Durmiente) diseñada por el Ejecutivo de Operaciones Especiales que creó Churchill durante la II Guerra Mundial, un vial de óxido de deuterio (los británicos sabotearon la producción de esta sustancia en Noruega para frenar el programa nuclear de los nazis) o la bandera que los exiliados cubanos entrenados por la CIA pensaban izar en la Habana antes de que el fracaso en Bahía de Cochinos acabara frustrando sus planes.

En el museo también estarán disponibles los dispositivos más pequeños de la colección de Melton: los micropuntos, documentos o imágenes reducidos a una fotografía de un milímetro de diámetro que podían esconderse en cualquier parte, desde un anillo a una moneda. Edgar Hoover, uno de los directores más polémicos del FBI, calificó los micropuntos que usaban los espías alemanes como “la obra maestra del espionaje enemigo”. De hecho, tanto Estados Unidos como los servicios de inteligencia de otros países usaron esta tecnología.

Las cámaras Minox fueron las más utilizadas por los servicios de inteligencia durante medio siglo (Foto: International Spy Museum)
Las cámaras Minox fueron las más utilizadas por los servicios de inteligencia durante medio siglo (Foto: International Spy Museum)

“Un [micropunto] eficazmente escondido es casi imposible de encontrar”, asegura Melton, que presume de tener varios micropuntos reales así como cámaras para crearlos. El laborioso proceso para producir estas imágenes en miniatura ilegibles para el ojo humano le fascina tanto que está escribiendo un libro en el que descubrirá los secretos del microespionaje.

Keith Melton comenzó hace 45 años su búsqueda de tecnología del espionaje (International Spy Museum)
Keith Melton comenzó hace 45 años su búsqueda de tecnología del espionaje (International Spy Museum)

Pero, ¿dónde conservaba esa inmensa colección? Hace años, este coleccionista que siempre tiene puesto “el sombrero de detective” ni siquiera revelaba la localización. En 2012, una reportera de Forbes visitó su impresionante mansión en Boca Ratón (Florida) —una de sus salas está inspirada en un zepelín y otra ‘suite’ está preparada para resistir huracanes— y se convirtió en la primera persona fuera de la comunidad de inteligencia en recorrer el particular museo del espionaje que creó en su casa de invitados.

Ahora, como miembro de la junta fundadora del International Spy Museum, ha optado por donar todos sus tesoros a este centro. “Hay un momento en la vida de cada persona en el que debes asumir la cruel realidad de que no estarás aquí para siempre. He sido muy afortunado de poder disfrutar de la historia de estos artefactos y ahora me gustaría tenerlos expuestos en uno de los mejores museos del mundo”, defiende Melton. Así, cualquiera podrá contemplar los objetos reales que jugaron un papel en algunas de las operaciones más famosas del espionaje, como la del aquel U-2 que acabó fracasando.

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