pagar sólo con el 'smartphone' ya es posible

Adiós al dinero: así sobreviví un fin de semana en China pagando solo con el móvil

Los medios de pago por el móvil han crecido tanto en este país que el dinero en efectivo ya no es necesario. Lo demostramos durante dos días

Foto: Comprando un zumo de naranja natural Vingoo. (Zigor Aldama)
Comprando un zumo de naranja natural Vingoo. (Zigor Aldama)

Es viernes y no tengo ninguna entrevista concertada, así que el desayuno es relajado y parece un buen momento para comenzar un pequeño experimento: mi pareja y yo viviremos dos días en China sin tocar el dinero en efectivo. Tampoco utilizaremos tarjetas bancarias. Pagaremos todo con el móvil, utilizando los servicios de Alipay —filial del gigante del comercio electrónico Alibaba y gestionado por Ant Financial— y WeChat Pay —la competencia de Tencent—.

No tengo duda de que será fácil: los pagos a través del móvil se han desarrollado en China mucho más que en ninguna otra parte del mundo. La juventud ha pasado de utilizar exclusivamente el dinero en efectivo al dinero electrónico, casi sin pasar por el dinero de plástico. Así, el año pasado 469 millones de chinos utilizaron este tipo de pagos, y en total se movieron 7,7 billones de euros. Sí, con b. Es una cifra que multiplica por 50 la de Estados Unidos.

La razón del éxito salta a la vista: pocos comercios y servicios se han resistido a adoptar ya este sistema, sobre todo en las ciudades más importantes. Desde comercios de grandes superficies hasta pequeños puestos en mercados al aire libre han abrazado el móvil como cartera. En las zonas menos desarrolladas del país la revolución va con un poco de retraso, pero estoy seguro de que el experimento también funcionaría.

He dejado un reguero de datos con los que se puede saber qué café bebo, dónde hago la compra, donde me emborracho y qué como

El sistema es muy sencillo. Nuestras cuentas de Alipay y WeChat Pay están ligadas a nuestras cuentas bancarias. De ahí sale el dinero para pagar las transacciones si no tenemos suficiente en los monederos de las aplicaciones. Pero es importante recalcar que, a pesar de que el registro se debe hacer con un nombre y un documento de identificación reales, no siempre es necesario vincular el servicio a una cuenta corriente. De hecho, en mi caso WeChat Pay no lo está: funciona exclusivamente con el dinero que recibo en mi monedero.

La frutera también se ha sumado a las compras 'online'. (Zigor Aldama)
La frutera también se ha sumado a las compras 'online'. (Zigor Aldama)

Después de haber pasado la mañana redactando un reportaje, a mediodía salimos de casa para ir a comer. Al pasar por una tienda de China Mobile recuerdo que debo añadir saldo al móvil, así que decido sumar cien yuanes (13,5 euros) con el móvil. Es muy sencillo: en la propia ‘superaplicación’ de Alipay anidan otras de diferentes empresas. China Mobile es una de ellas, así que solo tengo que poner mi número de teléfono, especificar cuánto quiero pagar, y utilizar mi huella dactilar o la contraseña para confirmar la operación. Listo.

El año pasado, 469 millones de chinos utilizaron este tipo de pagos y en total se movieron 7,7 billones de euros

Decidimos almorzar en un restaurante de comida de Xinjiang, la región noroccidental de China. Podríamos haber elegido cualquier otro porque todos aceptan el pago con móvil. Después de unas costillas de cordero y unas vainas salteadas, pedimos la cuenta. En la esquina de la mesa hay un código QR: lo escaneamos con Alipay, ponemos el importe que debemos pagar y la camarera confirma el pago. Listo.

Antes de salir, mi compañera me recuerda que tenemos que abonar también la factura del teléfono —China Telecom— de casa. De nuevo, la ‘superapp’ cuenta con un apartado para hacerlo. Desde Alipay se pueden abonar las facturas del teléfono, pero también las de la luz, el agua, o el gas. Es más, se pueden domiciliar en Alipay, de forma que la aplicación avisa del importe al que asciende el recibo y no hay más que aceptarlo para hacer el pago. Siempre con la contraseña.

Tengo que ir a una notaría a recoger un documento legalizado, así que decidimos tomar el café en uno de los establecimientos que ofrecen algo parecido: Starbucks. Después de pelearnos unos minutos con el dependiente para evitar que nos dé una bañera de leche y que nos haga un par de cortados, hacemos el pago con el móvil. Esta vez WeChat Pay, porque no aceptan (todavía) Alipay. En este caso, además, es el dependiente el que utiliza un escáner para leer el código de barras que genera la propia aplicación en la pantalla —durante un minuto—, el sistema más extendido entre las grandes empresas.

Desplazándonos en bici con Mobike. (Zigor Aldama)
Desplazándonos en bici con Mobike. (Zigor Aldama)

Vamos al metro. Tengo que recargar la tarjeta NFC del monedero, así que yo decido hacerlo en la máquina que escanea el código de barras de Alipay y mi pareja utiliza una forma mucho más rápida: utilizando un móvil con lector NFC, no hay más que poner el billete de transporte en la parte trasera, abrir la 'app', y decidir cuánto dinero queremos cargar. Listo.

Antes de pasar las canceladoras, compramos un zumo de naranja recién exprimido en una de las máquinas de Vingoo. Con Alipay, pagar no es solo práctico. Además, conseguimos un descuento de tres yuanes (40 céntimos de euro).

La última actualización de la ‘superapp’ de Alipay ya permite incluso pagar los impuestos con el móvil

Desafortunadamente, lo que no cambia en China es la burocracia. El centro de legalización de documentos está hasta arriba y tardamos casi una hora en recoger nuestro legajo con los respectivos sellos de China y del Consulado de España. Aquí habríamos tenido un problema si no fuese porque el servicio ya estaba pagado de antemano: solo se acepta efectivo o tarjeta bancaria. Pero creo que es solo cuestión de tiempo que el dinero móvil sea bienvenido.

Volvemos al metro. Tenemos que ir al Carrefour a hacer la compra. La cadena francesa es, curiosamente, una de las que más aplicaciones acepta: en cada caja se muestra el listado, con Alipay, WeChat Pay, Apple Pay, y Samsung Pay. Las dos últimas están muy lejos de lograr la aceptación de las dos primeras, así que no haría este experimento con ellas.

Hemos hecho hambre, así que para la merienda mi pareja opta por un ‘youtiao’ —una especie de porra, versión china—, que paga convenientemente en un chiringuito escaneando el código de Alipay. Yo, sin embargo, prefiero un té con leche que abono de la misma forma. Antes de llegar a casa, la fruta se la compramos a la frutera de la esquina. Lógicamente, también acepta todo tipo de dinero electrónico, incluidos servicios cuya existencia desconocía, como QQ Pay, Baidu Pay, y JD Pay. El mercado de 'apps' empieza a saturarse, como sucede con tantas buenas ideas chinas.

A mí me toca pasar la tarde editando fotografías mientras mi compañera se dedica a su empresa. Se nos hace tarde y tenemos cena en casa de unos amigos, así que pedimos un taxi utilizando Didi —sí, la empresa que adquirió Uber en China—. El servicio, una vez más, está integrado en la ‘superapp’ de Alipay, así que no hace falta descargar la de Didi, aunque también se puede hacer. El taxista, parco de palabra pero honrado, cobra por el móvil. Un pitido en su móvil, convenientemente anclado al salpicadero, le confirma que el dinero ha sido transferido a su cuenta, así que nos bajamos.

Código QR del restaurante. (Zigor Aldama)
Código QR del restaurante. (Zigor Aldama)

Recuerdo que le debo dinero a un amigo mío que pagó una comida hace un tiempo, así que se lo transfiero por WeChat Pay utilizando mi monedero electrónico. El servicio es totalmente gratuito e inmediato. En cuanto confirma la recepción, ya puede usar el saldo.

El sábado aprovechamos para hacer compras 'online' en Taobao, la rama C2C de Alibaba. Necesito para una sesión fotográfica una hoz y un martillo de metal —no las herramientas de verdad, sino el símbolo del Partido Comunista—, así que no hay mejor lugar para buscarlo. En la calle sería imposible. En internet aparecen cientos, de todos los tamaños, materiales, y colores. ¡Qué gran invento Taobao! El pago, como siempre, con Alipay.

Bicicletas públicas, restaurantes, bares... hasta la frutera del barrio se ha apuntado a la moda de los pagos móviles

No gastamos nada más hasta que quedamos con otros amigos para tomar unas copas por la noche. Tomamos una bicicleta de Mobike para hacer un poco de ejercicio, pagada con Alipay. El bar al que vamos ofrece descuento por WeChat, así que no hay que pensar mucho en cómo pagar. Para concluir el día, compramos las entradas de ‘Ghost in the Shell’ al día siguiente. Una vez más, dentro de la propia 'app' de Alipay y con precios dinámicos.

Como me imaginaba, vivir en China sin tocar el dinero en efectivo es realmente sencillo. Es más, podríamos vivir sin tocar billetes y monedas. Aunque nunca me había propuesto desterrarlo por completo, reconozco que son todo ventajas. Es más, en una primera versión de este texto apuntaba un problema esencial para eliminar el papel moneda por completo: la Administración. Creía que había cosas que no se podían hacer por el móvil. Por ejemplo, pagar impuestos como el de la Renta. De hecho, es un asunto tedioso que, además, hay que hacer cada mes. Sin embargo, los propios funcionarios me han corregido cuando he llamado para confirmarlo: en la última actualización de la ‘superapp’ de Alipay ya se puede hacer. Lo he comprobado y es cierto.

No obstante, el sistema apunta hacia un futuro algo tenebroso. No en vano, teniendo en cuenta que las empresas chinas están obligadas a compartir con el Gobierno todos los datos que este exija, es evidente que surgen preguntas sobre la privacidad y el control de la población. Más aún en un país autoritario y policial como es China. Al fin y al cabo, usando estas aplicaciones he dejado un reguero de datos con los que se puede saber qué café bebo, dónde hago la compra, donde me emborracho, y qué como. Todo, además, en tiempo real. Y eso sin mencionar la posibilidad de ser ‘hackeado’. Así que creo que lo más adecuado es compaginar este tipo de pagos con dinero en efectivo. Mientras exista, claro.

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