10 toneladas de destrucción

Así funciona MOAB, la 'madre de todas la bombas' lanzada por EEUU en Afganistán

El Gobierno de Donald Trump ha utilizado la bomba contra un complejo de túneles del Estado Islámico

Foto: Una imagen de la bomba y un mapa de dónde ha sido lanzada.
Una imagen de la bomba y un mapa de dónde ha sido lanzada.

Nueve metros y 17 cm de longitud; 1,03 metros de diámetro, 9,5 toneladas totales de las cuales 8,4 toneladas corresponden al explosivo. La bomba GBU-43/B MOAB ('massive ordnance air blast', munición masiva de explosión aérea) hace desde luego honor a su apodo de ‘la madre de todas las bombas’: se trata del armamento más contundente de entre los no nucleares que tienen a su disposición las Fuerzas Armadas estadounidenses. Diseñada para operaciones muy particulares, lanzada desde vulnerables aviones cargueros y construida en muy reducidos números (que se sepa, dos ejemplares de pruebas y 15 operativos), este tipo de bomba no se había usado antes en combate. Claramente, Washington deseaba dejar una contundente señal con su empleo sobre una región de Afganistán repleta de cuevas donde recientemente murió un soldado estadounidense.

Desde que los primeros aviones de combate empezaran a arrojar granadas de mano a sus enemigos en tierra en la Primera Guerra Mundial, el bombardeo aéreo ha ido progresando a la par que las defensas contra las bombas. Los aviones transportaban cada vez bombas más grandes y de tipos especializados, y en tierra las defensas blindaban sus puntos vulnerables con cada vez mayores cantidades de hormigón y acero. La Segunda Guerra Mundial contempló el duelo entre sistemas defensivos como las bases de submarinos alemanes de Brest y las bombas ‘Tallboy’ británicas o la base submarina de Valentin y las bombas ‘Grand Slam’, también del Reino Unido, las más grandes de tipo convencional usadas en aquel conflicto con sus 10.000 kg de peso total, que fueron capaces de penetrar más de 4,5 metros de hormigón armado reforzado. Por su parte, los EEUU diseñaron la T-12 ‘Cloudmaker’ (hacedora de nubes), la más elaborada versión de las bombas ‘terremoto’ diseñadas por Barnes Wallis, con sus 19,7 toneladas y su nariz blindada para asegurar que se clavara profundamente en el terreno antes de detonar. La T-12 era tan desmedida que solo podía llevarla el también desmesurado bombardero B-36 Peacemaker, aunque fue probada desde un B-29 modificado.

La llegada del armamento nuclear hizo obsoletas las grandes bombas convencionales como medio para destruir búnkeres reforzados: es muy difícil blindar una estructura para que pueda resistir el impacto directo de una cabeza nuclear. Para casos en los que no era deseable utilizar un arma nuclear para destruir blancos especialmente protegidos, se diseñó la línea de ‘Bunker busters’ que culmina en la actual GBU-57A/B MOP ('massive ordenance penetrator', munición penetradora masiva), con sus 13,5 toneladas de peso total.

Pero en Vietnam sí que apareció una nueva necesidad que justificó el desarrollo de un nuevo modelo de bomba: a menudo los helicópteros estadounidenses no podían aterrizar en la jungla debido a los árboles. Para resolver esta cuestión, se diseñó y construyó la BLU-82B/C-130, oficialmente denominada Commando Vault pero apodada ‘Daisy Cutter’ (cortamargaritas), una contundente y eficaz respuesta y antecesora más directa de MOAB.

La función de la ’Daisy Cutter’ era crear de forma instantánea un claro en la jungla lo bastante grande como para servir de pista de aterrizaje de helicópteros. Para ello, se construyó una bomba que era en la práctica un coche-bomba volador: 5.700 kilos de una mezcla de amonal en un arma que pesaba en total 6.800 kg y detonaba a 97 cm del suelo mediante una ‘nariz’ extendida para evitar hacer un cráter. La explosión generaba sobrepresiones de 70 kg/cm3 cerca del punto de impacto: la onda expansiva llegaba a tener hasta 1,5 km de radio. Tal es la explosión que la altura mínima de seguridad para el bombardero era de 1.800 m AGL (sobre el suelo). Lanzada desde aviones de transporte como el C-130 o helicópteros pesados, se construyeron más de 250 que fueron ampliamente utilizadas en Vietnam. Y no solo para crear claros, sino para destruir edificios protegidos, blancos especialmente reforzados o por su valor de intimidación.

Es por este último factor, sobre todo, que también se han usado en numerosas ocasiones en las guerras del Golfo y en Afganistán: una ‘Daisy Cutter’ es una enorme explosión, la mayor que se puede presenciar en un campo de batalla no nuclear, y se sabe que desmoraliza e intimida al enemigo. Esta es la función para la que se desarrolló su sucesora, MOAB, tras la retirada de las BLU-82B/C-130 en 2008. A diferencia de su antecesora, la MOAB está cargada con un alto explosivo (composición H6) que combina el TNT (trinitrotolueno) con RDX y un 20% de polvo de aluminio que aumenta la temperatura de la explosión y alarga por tanto la onda expansiva. Como consecuencia, el H6 es casi un 40% más potente que el TNT puro y la ‘madre de todas la bombas’ es considerablemente más contundente que la ‘Daisy Cutter’.

Y también es más precisa: MOAB utiliza un sistema de aletas de control de rejilla inspirado quizás en el que usan numerosas municiones rusas. La bomba rota en el aire y las aletas interactúan con un sistema de control GPS capaz de llevarla a su objetivo con precisión de metros; el avión lanzador debe mantener una altura mayor aún que con sus antecesoras para evitar la onda expansiva. El arma no se considera ideal para blancos protegidos o subterráneos, ya que carece de capacidad de penetración: su uso ideal es con blancos ‘blandos’ muy puntuales. Y siempre que se pretenda darle una buena y pirotécnica lección al enemigo, claro está. Aunque hoy ni siquiera es la bomba convencional más grande del mundo: ese honor le corresponde a la apodada 'padre de todas las bombas', un artefacto ruso cuyo ejército afirma que es cuatro veces más potente que MOAB.

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