en caso de duda, sentido común

Leche con pus y cúrcuma anticáncer: los bulos alimentarios que inundan tu Facebook

Las nueces son buenas para el cerebro, Monsanto está acabando con las abejas y los productos lácteos son asquerosos. ¿Seguro?

Foto: Mu. (Facebook)
Mu. (Facebook)

Internet es el reino de la posverdad y las conspiraciones. Un paseo rápido por la web nos dejará con la impresión de que el 11-S fue un ataque de falsa bandera llevado a cabo por EEUU, que los limones curan el cáncer y que Monsanto está acabando con las abejas para vender sus drones-insecto que parecen sacados de un capítulo de Black Mirror. Por suerte, internet también es el reino de la información veraz, pública y libre. Si abres ahora Facebook, estos son los últimos bulos que encontrarás.

Nueces para el cerebro y plátanos para la...

Hace miles de años que el ser humano descubrió la curiosa similitud entre algunos alimentos y órganos humanos. Con el método científico todavía por inventar y la medicina en pañales, se llegó a la conclusión de que ingerir estos productos beneficiaría la parte del cuerpo a la que se parecen. El ejemplo más repetido es el de las nueces y el cerebro, pero existen a patadas: el tomate y el corazón, el kiwi (o la zanahoria) y el ojo, el brócoli y los pulmones... ¿es esto cierto? ¿debemos comer plátano todos los días?

"Todo vegetal está señalado por la naturaleza; y para lo que él nos significa, para eso es bueno", escribía en el siglo XVI el médico y naturalista suizo Paracelso. Conocida como "teoría de los signos", esta idea ya era defendida en los tiempos de Hipócrates pero, por atractiva e intuitiva que pueda parecer, carece de rigor científico. Lo mejor es aplicar el sentido común y mirar los componentes del alimento, como las vitaminas, que son los responsables reales de cualquier efecto (positivo o negativo) sobre la salud.

La evolución trabaja para maximizar la supervivencia y reproducción de las especies y no para convertir la naturaleza en nuestra farmacia personal, por lo que cualquier relación entre aspecto y beneficio es fruto de la casualidad. El caso de las nueces, por ejemplo, fue defendido durante muchos años debido a que estas contienen ácidos grasos poliinsaturados omega-3, que hace unos años despertaron un gran interés por sus supuestos efectos positivos sobre el cerebro. Un estudio publicado en 2010 en la revista 'Neurology' puso en duda dicha protección e hizo que la moda del omega-3 comenzará su declive.

La mortal y milagrosa cúrcuma

Las propiedades medicinales de la cúrcuma circulan por internet casi desde su creación. Protege el hígado, mejora la artritis, ayuda a luchar contra el cáncer... Nada parece escapar a esta planta que se utiliza como colorante alimentario bajo el nombre de curcumina (E-100ii) y que es un ingrediente imprescindible del curry indio. Este viral se cobró una víctima la semana pasada, cuando 'The Independent' informó de que una mujer de 30 años había muerto tras recibir una inyección con esta sustancia durante un tratamiento naturópata.

La curcumina es un compuesto inestable, reactivo, mal absorbido por el organismo y, por lo tanto, un tratamiento improbable

¿Significa esto que la cúrcuma, lejos de ser beneficiosa, resulta mortal? Varios estudios han demostrado los efectos beneficiosos de la curcumina sobre determinados tipos de cáncer y en condiciones de laboratorio, pero la realidad dista bastante del efecto "superior a los medicamentos" con el que se presenta en algunas webs. A comienzos de año, varios investigadores publicaban una revisión en la revista 'Journal of Medicinal Chemistry' en la que analizaban décadas de altas espectativas sobre esta planta.

"La curcumina es un compuesto inestable, reactivo, mal absorbido por el organismo y, por lo tanto, un camino improbable", concluyen los investigadores. El problema es que este compuesto se degrada con facilidad en nuestro cuerpo y no es absorbido con efectividad, lo que lo convierte en un "pobre candidato" como fármaco. Además, recuerdan que no existen estudios replicables sobre muchos de sus supuestos beneficios, que van desde los efectos antiinflamatorios a los antidepresivos.

Esto no quiere decir que la cúrcuma sea peligrosa, siempre y cuando se utilice en el plato. "Es muy segura cuando se usa para cocinar, pero no sabemos cuánto cuando se usa con fines médicos", advierte el 'Cancer Research' de Reino Unido, que sólo señala los dolores de barriga como consecuencia de su abuso. Las inyecciones, además de costar casi 200 euros, pueden poner en riesgo nuestra vida.

Genocidio de abejas por culpa de Monsanto

Más de 37 millones de abejas muertas por culpa de los transgénicos de Monsanto, los pesticidas de Monsanto o una combinación de ambas. Este bulo lleva circulando por internet desde al menos 2012. La última versión que podemos ver estos días en Facebook añade a la ecuación los drones-abeja que han desarrollado investigadores japoneses para darle un toque conspiranoico.

El "problema de colapso de colonias" está causado por multitud de factores como pesticidas, cambio climático y, sobre todo, patógenos

David Schuit es el pobre agricultor que lleva perdiendo 37 millones de abejas al año desde hace un lustro y, tal y como ya explicó el blog 'Ciencia y cosas', el origen de este bulo. Los insectos más importantes para la alimentación del ser humano por su papel como polinizadores sí están en peligro, pero las causas son más complejas que el empeño de una multinacional en vender sus robots (que, por otra parte, han sido desarrollados por investigadores de un centro público de Japón).

El "problema de colapso de colonias" (CCD) es un declive en las poblaciones de abejas que comenzó a observarse a principios del siglo XXI y que parece causado por multitud de factores. Algunos pesticidas pueden provocar la muerte de estos insectos, pero el cambio climático y sobre todo patógenos como ácaros, hongos y virus parecen ser los principales responsables. En cualquier caso, nadie quiere acabar con un animal del que depende la supervivencia de muchas especies de plantas.

Leche con pus

Pus, antibióticos, heces, hormonas... ¿Quién querría beber leche con toda esa basura? Los mitos sobre este producto que circulan por la red, la mayoría impulsados por movimientos animalistas, darían para un libro. Desde que provoca alergia y colesterol a la obviedad de que somos el único animal adulto que la ingiere (también el único que consume croquetas, paella, tortilla y cerveza) la lista es interminable.

En la UE la presencia de antibióticos en la leche está muy controlada y las hormonas directamente prohibidas

Algunos de ellos están basados en una incorrecta relación causa efecto. Igual que el consumo de margarina en Maine (EEUU) parece directamente proporcional al número de divorcios, los países que más leche toman parecen sufrir más de osteoporosis. Esto podría deberse a que los países más desarrollados ingieren más productos lácteos pero, al mismo tiempo, tienen una población más envejecida. Numerosos estudios señalan el efecto contrario: esta bebida es buena para la salud de nuestros huesos.

Otros bulos hacen referencia a la presencia de bacterias patógenas y antibióticos, una mezcla harto dudosa por motivos obvios. ¿Tiene la leche bacterias? Sí, pues los procesos de pasteurización y uperización (muy necesarios, como explicamos hace poco al hablar de los riesgos de consumir quesos crudos) suelen dejar bacterias lácticas, que no son peligrosas para nuestro cuerpo, eliminando peligros como 'Listeria' y 'Campylobacter'.

La presencia de antibióticos en la leche sí es un problema que trae de cabeza a los ganaderos. Los animales enfermos reciben estos fármacos, que luego pueden acabar en el producto final. En altas concentraciones producen resistencias y alergias y por eso la Unión Europea mantiene un estricto máximo aceptable que varía entre los 4 y los 50 microgramos por kilogramo de leche. En otras palabras, si nos bebiéramos un litro de leche nuestro cuerpo ingeriría, como máximo, 0,05 miligramos de estos fármacos. Con las hormonas sucede algo parecido pero, como la UE las prohíbe, no debemos temer su ingesta.

El caso del pus es curioso porque habla de "células de pus", cuando el pus es un líquido que contiene, además de células muertas, leucocitos, glucosa y suero. En este caso las definiciones dan igual: no queremos pus en la leche. Este bulo viene por el hecho de que muchos animales sufren mastitis (inflamación de las mamas) por la sobreexplotación. Esto se trata con antibióticos y, mientras la infección dura, la leche no se utiliza (no se pueden superar los límites de antibióticos), por lo que es poco probable que llegue a nuestro vaso.

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