que el efecto joule no te amargue la vida

No te quemes: trucos para evitar que tu ordenador se caliente demasiado

Si puedes freír un huevo sobre tu portátil lo estás haciendo mal. Pero no te preocupes: te explicamos cómo solucionarlo

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Año 2017, los portátiles siguen calentándose una barbaridad, una mala noticia porque las altas temperaturas son uno de los mayores enemigos de la tecnología. Si puedes freír un huevo sobre tu ordenador es que algo estás haciendo mal, pero no te preocupes: con estos consejos podrás usarlo sin quemarte, fundirlo ni tener que meterlo en la nevera. No dejes que el efecto Joule te amargue el día.

¿Hace calor o soy yo?

El primer paso es saber si nuestro portátil está más caliente de lo que debería. No es una cuestión baladí: cualquier aparato eléctrico se calienta por culpa del efecto Joule, ya que parte de la energía cinética de los electrones se transforma en calor. Esto es inevitable por lo que conviene saber cuándo es momento de tomar cartas en el asunto.

Para un portátil, la temperatura máxima normal de su CPU es de unos 55ºC (un poco menos si es de sobremesa), aunque lo normal es que la media sea inferior, de unos 45ºC. Los 85ºC son un límite ya preocupante al que no deberíamos llegar, y a partir de 100ºC el procesador puede quemarse. Estas cifras son orientativas y dependen de nuestro procesador: lo importante es que si notamos un calor excesivo (en el caso de los portátiles podemos incluso quemarnos un poco las manos) o escuchamos un ruido excesivo de los ventiladores es hora de pasar a la acción.

Una buena forma de comprobar la temperatura es utilizar un programa como Real Temp o Open Hardware Monitor, que permiten configurar alarmas si el calor llega a límites alarmantes y hasta controlar la velocidad de los ventiladores.

Lo más fácil: una buena localización

Comencemos con los trucos más sencillos. En primer lugar: la localización del portátil es importante. Nada de 'asfixiarlo' rodeándolo de objetos, ponerlo sobre las piernas (el ser humano es una estufa viviente), en habitaciones calientes o sobre superficies que no permitan que ventile. Son pequeñas cosas que parecen una tontería pero que, sobre todo en verano, van a incrementar la temperatura de nuestra máquina.

Un problema al que se enfrentan los portátiles es que las ranuras de ventilación están justo debajo, entre el cuerpo y la mesa, lo que dificulta la refrigeración. Por este motivo, una primera solución puede ser comprar una base de refrigeración. Estas levantan el dispositivo unos centímetros (lo cual ya es una mejora) y además incluyen ventiladores (las mejores permiten colocarlos donde deseemos, lo más cerca posible de la CPU) y materiales que absorben el calor.

Dificultad intermedia: limpia y configura

Si las soluciones externas no funcionan es hora de toquetear nuestra máquina por dentro (sin abrirla todavía). Lo primero es limpiar el equipo, ya que el polvo suele acumularse en las palas de los ventiladores (en serio, mucho) hasta convertirse en uno de los principales problemas. Para eso apaga el dispositivo, desenchúfalo de la corriente y extrae la batería si es posible (toda seguridad es poca).

Para limpiar un portátil sin tener que abrirlo se venden unas peras de aire comprimido para quitar el polvo como se hace con las lentes de las cámaras. Apuntar bien y no emocionarnos demasiado es importante para no estropear la placa con tanto aire. También podemos eliminar la suciedad de las ranuras, que a menudo se bloquean. Deberíamos repetir este proceso de vez periódicamente.

Ahora toca optimizar la configuración de nuestro ordenador. No es mala idea seguir algunos de estos consejos previos: un ordenador lleno de programas inútiles y virus tendrá que trabajar más y, por lo tanto, sufrirá las altas temperaturas. Pero lo más importante es revisar nuestra configuración energética. Para ello debemos ir a Panel de control/Hardware y sonido/Opciones de energía (o escribir powercfg.cpl en la barra de ejecutar).

Una vez allí deberemos ir a Editar la configuración del plan/Cambiar la configuración avanzada de energía. Luego seleccionamos Administración de energía del procesador/Estado máximo del procesador y empezamos a 'jugar' con el porcentaje. Lo normal es que esté al 100%, pero si tenemos problemas de sobrecalentamiento podemos probar a ponerlo al 95, 90 y hasta 80% para casos extremos.

No se vayan, que todavía hay más: también es posible configurar el ahorro de energía del aparato desde Opciones de energía para decidir cuándo se apaga la pantalla y cuándo se pone el equipo en suspensión. Si no estamos usando el portátil lo mejor es que descanse y se enfríe para que, al volver a cogerlo, siga en forma.

Para valientes: abre el portátil

Esta solución cuesta unos seis euros y es quizá la más eficaz, pero implica abrir nuestro portátil. Quien no se vea con ganas de hacerlo puede centrarse en el resto de consejos o pedir ayudar al amigo informático. Entre tu procesador y el disipador que se encarga de expulsar el calor que el primero genera se encuentra una pasta que deberías tratar con cariño y reemplazar con cierta frecuencia. Llamada pasta térmica, es capaz de conducir el calor del procesador hacia el disipador (también lo hace en la tarjeta gráfica) y se puede reemplazar con unas nociones básicas. Una vez al año no hace daño, y ya que abrimos el ordendador podremos limpiar mejor los ventiladores.

En conclusión: si a nuestro portátil no le pasa nada raro y las condiciones externas son las óptimas, los responsables del sobrecalentamiento suelen ser una combinación de polvo en los ventiladores y falta de pasta térmica. Si ni por esas logramos arreglar el problema es la hora de llevarlo a arreglar. O quizá comprar otro.

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