silicon Valley en versión china

Dentro de Xiaomi: así se construye un imperio a base de copiar (y mejorar) a Apple

Entramos en la sede del fabricante chino en Pekín, buena muestra de su rápida expansión y de su enorme ambición empresarial

Foto: Fotos: Zigor Aldama
Fotos: Zigor Aldama

“Sumamos ya más de 8.000 empleados, y hemos crecido tanto que nos hemos visto obligados a expandir las oficinas por otros dos edificios de la zona y alquilar uno más lejos. Pero somos una empresa con solo siete años de vida y queremos seguir manteniendo el espíritu de ‘start-up’ del principio”. Lilian Lin, una de las responsables de Comunicación para el mercado internacional, resume rápidamente la trayectoria de la compañía que ha revolucionado el sector de los ‘smartphones’ y que ahora quiere hacer lo mismo con el de las televisiones y el del hogar inteligente.

Mientras tanto, en la recepción del cuartel general de Xiaomi, una joven empleada comprueba el SMS que este periodista ha recibido con la invitación para visitar la sede de la que hace un par de años fue considerada como la ‘start-up’ más valorada del planeta: 45.000 millones de dólares.

Satisfecha, la recepcionista da su visto bueno y por la impresora sale un pase con un código QR para acceder a las diferentes zonas a las que da acceso. “No puedes hacer fotografías de las pantallas de los ordenadores”, informa Lin. Sin duda, Xiaomi se toma muy en serio los secretos que guarda.

En el mostrador, un sensor de aire informa de que la contaminación en el interior del edificio es de 50 microgramos por metro cúbico. Es el doble de lo que la Organización Mundial de la Salud recomienda, pero una cantidad muy inferior a los 330 microgramos del exterior. “Hemos instalado muchos purificadores de aire de los que fabricamos nosotros mismos, así que la mayoría trabaja aquí con la seguridad de que no está poniendo en peligro la salud”, apunta Lin. “Además, la cantina del sótano ofrece una comida de calidad. Creemos que en China, donde hay una gran rotación de personal, es importante crear un buen ambiente para retener a los trabajadores”.

Imitando el estilo Google

Sin duda, el segundo edificio de la compañía, ubicado en el distrito pekinés de Haidian, pretende también crear una atmósfera ‘cool’ similar a la de las empresas de Silicon Valley. No en vano, a primera vista podrían ser las oficinas de Google o de Facebook: las salas de reuniones se asemejan a los bungalows de un lugar tropical, hay una zona de recreo con varias mesas de billar que están siendo utilizadas -en muchas otras empresas se nota que no son más que ‘attrezzo’ para impresionar a las visitas-, y se puede bajar rápidamente de la tercera planta a la primera utilizando un divertido tobogán que, en este caso, no parece tener muchos adeptos entre los empleados.

Aquí y allá, el conejo que hace de mascota de Xiaomi da la bienvenida. La empresa incluso tiene una mascota real, la perra Wangcai. “Su caseta es más grande que alguno de nuestros apartamentos”, ironiza Lin.

A diferencia de lo que sucede en las oficinas clásicas, Xiaomi ha optado por deshacerse de los cubículos que había instalado en su primer edificio y las estancias en las que se encuentran los cientos de puestos de trabajo son amplias y diáfanas. Sorprende encontrar frente a las pantallas de ordenador que no podemos fotografiar a un ejército de programadores y de responsables de servicio técnico extremadamente joven. La mayoría no ha cumplido los 30, y muchos ni siquiera los 25. “Xiaomi es, como fueron IBM o Microsoft, una de esas empresas en las que los jóvenes soñamos con trabajar algún día”, cuenta un informático que ha hecho realidad ese sueño.

También llama la atención la profusión de banderas de diferentes países, incluida una de España. “Es cierto que nuestra expansión está siendo cautelosa, pero ya tenemos empleados que hablan multitud de idiomas y que están preparando el salto a nuevos mercados”, explica Lin. “En Europa ya estamos en Polonia y en Grecia, donde tenemos que aprender cuáles son las necesidades y las preferencias de los usuarios. No tanto en el ‘hardware’ como en la interfaz de MIUI -el sistema operativo basado en Android-. Sé que muchos usuarios se sienten frustrados porque no hemos llegado a sus países de forma oficial, pero queremos minimizar los errores todo lo posible antes de dar ese paso”.

Legal y propiedad intelectual

Destaca en la tercera planta el equipo destinado a temas legales y a la propiedad intelectual, uno de los asuntos más espinosos de las marcas chinas. No obstante, los directivos de Xiaomi siempre han destacado que, a pesar de ser seguidores incondicionales de Apple, su objetivo no es copiar sino innovar. A ese respecto, la empresa señala el Mix como buen ejemplo de ello: un móvil conceptual que ha logrado convertirse en un objeto de deseo capaz de eclipsar al iPhone.

A pesar del aire de vanguardia de las instalaciones, diferentes empleados reconocen que la filosofía de la empresa sigue siendo muy china. “Se trabaja a destajo”, critica una que prefiere no dar su nombre. “No hay horarios y eso dificulta la conciliación familiar”. La propia Lin reconoce que pasa tres horas al día en el metro para ir y volver de la oficina, algo habitual en una gigantesca megalópolis como la capital china. “Así que a mi hijo pequeño lo cuidan los abuelos”.

Quizá ese tipo de vida haya sido también una de las razones por las que ha decidido marcharse Hugo Barra, exresponsable del departamento de Android en Google y luego vicepresidente de Xiaomi para el mercado internacional. En la nota que publicó en Facebook, aunque se deshizo en halagos hacia la experiencia que la multinacional china le ha proporcionado, también reconoció que el trabajo en China le estaba pasando factura en la salud. En el sector privado, el trabajo es especialmente duro. Claro que ahí también reside una de las razones por las que las marcas chinas están conquistando el mundo.

Diversificación de productos

Preguntada por las razones del retroceso en las ventas de ‘smartphones’ el año pasado -un 22% según Counterpoint-, Lin resta importancia al asunto. “Estamos en un mercado muy fragmentado en el que cada vez hay más empresas en liza. Es lógico que haya momentos en los que la cuota de mercado se reduzca”. En cualquier caso, la responsable de Comunicación apunta que “Xiaomi ha diversificado mucho sus productos y tiene diferentes fuentes de ingresos”.

Se refiere a los aparatos que se muestran en el ‘showroom’ de la empresa. Xiaomi aspira a construir la casa del futuro que se está construyendo gracias a la gradual implementación del Internet de las cosas. En ese hogar todo estará conectado: desde los sistemas más críticos, como la seguridad o la calefacción, hasta los electrodomésticos más mundanos, como la olla para cocer arroz o la báscula del baño. La compañía ya ha comenzado a fabricar incluso su primer robot juguete, que también se puede controlar desde el móvil.

Así, no es de extrañar que en las nuevas tiendas físicas que comenzó a abrir el año pasado -y que serán mil dentro de unos años-, los clientes estén interesados sobre todo en lámparas, potabilizadoras de agua, enchufes, y las baterías externas que se han convertido en un gran superventas. Son productos que ofrecen mayor margen de beneficio que los teléfonos móviles y que, poco a poco, también comenzarán a venderse oficialmente en el extranjero para hacer de Xiaomi la empresa de Internet que ansían sus directivos: diversificada y global.

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