edificios inteligentes y sillas refrigerantes

La tecnología que puede acabar (por fin) con las guerras por el aire acondicionado

Entre los calurosos y los frioleros comienza estos días una nueva edición de las guerras por el control del termostato en la oficina. Algunas mentes avanzadas quieren zanjarla

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El calor ya está aquí. Esta frase, digna de la más machacona canción del verano, augura otro clásico de esta estación: las guerras por el control del aire acondicionado. Uno lo sube, otro lo baja, y el termostato se pasa tres meses oscilando arriba y abajo según las preferencias de calurosos y frioleros. Entre medias, negociaciones, quejas y discusiones aderezadas con goterones de sudor y chaquetas que solo se utilizan en interiores. Eso sí, manteniéndose siempre entre los 17 y los 27 grados para los locales "donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas y similares" que marca la ley

Doce trucos caseros para hacer el calor más soportable

Esta guerra por el termostato tiene, según una investigación publicada el verano pasado en la revista 'Nature Climate Change', algo de sexista: la mayoría de los edificios determinan su climatización basándose en cálculos antiguos que solo tienen en cuenta el metabolismo de los hombres de mediana edad, por lo general más calurosos. Mientras, la mayoría de sus compañeras se congelan por el aire acondicionado. 

La mayoría de los edificios fijan su climatización basándose en cálculos antiguos que solo tienen en cuenta el metabolismo de hombres de mediana edad

Además de un problema laboral, el abuso del aire acondicionado puede ser un problema de eficiencia e incluso medioambiental: los autores del artículo aseguraban que fijar la climatización de los edificios solamente unos cuantos grados más alta podría ayudar a combatir el cambio climático. "Si tuvieses una visión más ajustada de las necesidades térmicas de la gente que está dentro, puedes diseñar un edificio que gaste mucha menos energía, y eso significa también que las emisiones de dióxido de carbono serían mejores", declaraba Boris Kingma, biofísico del Centro Médico Universitario de Holanda y coautor del estudio.  

Además de apelar al entendimiento en pos de una convivencia térmica pacífica, existen algunas soluciones tecnológicas a este asunto, algunas más sofisticadas que otras, que pueden ayudar a evitar las guerras por el aire acondicionado. 

Burbujas térmicas personalizables

Carlo Ratti es el director de SENSEable City Lab, perteneciente al MIT. Su estudio de diseño, Carlo Ratti Associati, ha rediseñado un edificio en Turín capaz de detectar cuándo hay gente dentro y cuándo no, y así ajustar la iluminación, la temperatura y la reserva de salas, siendo más sostenible. 

Pero quizá lo más llamativo sea la promesa de unas 'burbujas de temperatura' que envolverán a cada trabajador, que podrá ajustarlas según sus preferencias desde su 'smartphone' gracias a una aplicación que se conectará con los equipos de aire del techo. "Tus ajustes personalizados te seguirán a través del edificio", explica Ratti. Suena futurista y lejano, pero esperanzador para solucionar las peleas por el termostato. 

Un edificio que aprende de sus ocupantes

Comfy es una aplicación que permite a los trabajadores de una oficina decidir la temperatura del edificio. A través del móvil, conectan con el servicio de refrigeración y calefacción y permiten tres opciones: calentar su espacio, enfriar su espacio o quedarse como están. Si eligen la primera, tienen 10 minutos de aire acondicionado; si es la segunda, 10 minutos de aire caliente.

La tecnología que puede acabar (por fin) con las guerras por el aire acondicionado

Los cortos periodos de tiempo y que cada uno pueda regular su zona ayudan a que la climatización sea más eficiente y cambiante en caso de necesidad (digamos, de no ponerse de acuerdo), y a la vez el edificio va aprendiendo de las decisiones de sus ocupantes. Pero según algunas voces, la gran ventaja es la sensación de control: como en una especie de placebo, que los trabajadores sepan que pueden ajustar estos niveles, aunque no lleguen a hacerlo porque no lo necesitan, ya hace que todo el mundo se sienta más cómodo. 

Democracia térmica

En verano de 2015, Bloomberg mencionaba otro curioso (aunque seguro que también algo problemático) sistema para intentar zanjar la guerra del aire acondicionado sin necesidad de declarar vencedores ni vencidos. Honeywell, una multinacional estadounidense que comercializa entre otras cosas sistemas de climatización para edificios, pensaba lanzar como complemento a sus equipos una aplicación para que los empleados voten la temperatura a la que debe fijarse el termostato de la oficina. 

La idea es que la temperatura refleje las preferencias de la mayoría de los ocupantes del edificio, y así la satisfacción sea todo lo generalizada posible. Claro que esto podría darle al conflicto una nueva dimensión, con alianzas, pactos y compra de votos...

Ventanas que se convierten en gafas de sol

En muchos casos, probablemente no sea necesario tocar el sistema de climatización si hay otras formas de evitar que el edificio se caliente demasiado. Para ello, bloquear la entrada directa de la luz solar puede ser muy útil. Existen varios sistemas de ventanas que se oscurecen para lograr este efecto.

La tecnología que puede acabar (por fin) con las guerras por el aire acondicionado

Uno de ellos se llama Dynamic Glass, que el CEO de View, la compañía que los comercializa, describe como "gafas de sol bajo demanda para edificios". Cada panel de este tipo tiene su propia gestión y se puede cambiar la tintura que las oscurece en función de varios factores, como la posición del sol o las preferencias personales de los que están cerca.

Su uso puede ayudar a atenuar puntos especialmente calientes o fríos en una oficina, uno de los detonantes más habituales de la guerra por el termostato. 

Que el fresquito venga de la silla

En 2013, científicos de la Universidad de Berkeley probaron a darle a este problema otro enfoque: que el fresquito (o el calor) viniese directamente de las sillas en que nos sentamos. Desarrollaron una silla, bautizada comercialmente como Hyperchair, con un sistema térmico integrado (que ahora comercializa la compañía Personal Comfort Systems) que refresca y calienta zonas estratégicas del cuerpo.

Según sus datos, refrescar la cabeza y calentar los pies son dos de las formas más eficaces de hacernos sentir más cómodos con la temperatura a nuestro alrededor. "Si puedes mantener los pies calentitos, el edificio puede estar frío y nadie se quejará", aseguraba uno de sus autores. 

Soluciones de andar por casa

Mientras instalan en tu oficina ventanas que se oscurecen y sillas que te calienten, quedan a tu alcance las soluciones más tradicionales y menos tecnológicas, pero no por ello despreciables. 

Para los calurosos, un pequeño ventilador de mesa con conexión USB que, bien dirigido, puede evitar más de un sofoco. Además, recuerda beber muchos líquidos para evitar un golpe de calor y, en la medida en que sea posible, usa prendas de ropa frescas.

Para los frioleros, una manta eléctrica puede ayudarte si el aire acondicionado te da directamente haciéndote tiritar. Si no, puede valer con una chaqueta o un pañuelo en la garganta. Cambia las bebidas frías por bebidas calientes, que además de reconfortarte te ayudarán a calentarte las manos. 

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