OGM en productos cotidianos

Dónde y cómo usas transgénicos cada día, y por qué no debes preocuparte

En los alimentos que comes, en las flores que regalas o los billetes con los que pagas. Hay muchos más transgénicos a tu alrededor de lo que crees

Foto: Dónde y cómo usas transgénicos cada día, y por qué no debes preocuparte (EC)
Dónde y cómo usas transgénicos cada día, y por qué no debes preocuparte (EC)

Los transgénicos son alimentos igual de seguros que los que proceden de otro tipo de cultivos. Esa era la principal conclusión de un informe presentado esta semana que recopilaba los resultados de estudios científicos realizados en los últimos 30 años. En ese documento, los autores aclaraban que los cultivos transgénicos no son una solución única y perfecta a muchos de los problemas que rodean a la agricultura y la alimentación en el mundo, pero tampoco son un riesgo medioambiental ni para la salud. Simplemente, son una opción más.

La única razón para odiar los OGM es la falta de información científica

La posición de los transgénicos, también conocidos como organismos genéticamente modificados (OGM, en sus siglas en inglés) es complicada en Europa, donde la sociedad y por extensión los políticos se muestran muy beligerantes contra este tipo de biotecnología. Aun así, ya sea cultivados en territorio europeo o importados de otros países, los cultivos transgénicos están presentes en muchos productos que utilizamos en nuestro día a día. 

Diez OGM aprobados para cultivar

Según los datos que recoge el ISAAA (Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas), la UE ha aprobado en total diez OGM para su cultivo en Europa. Siete de ellos son claveles modificados por motivos ornamentales, otro es una patata con fines industriales, y los otros dos son variedades de maíz con fines alimenticios. Solo uno de estos últimos se cultiva en la actualidad: el conocido como maíz MON810 o maíz Bt, un tipo de maíz al que se le introdujo un gen de una bacteria para que expresase una proteína que resulta tóxica para las larvas del taladro, un insecto que se alimenta de los tallos y las hojas de la planta del maíz e impide que crezca y las cosechas prosperen. 

El maíz se cultiva en Europa (España es su principal productor con un total de 107.749 hectáreas en 2015) y su uso está autorizado para alimentación y elaboración de ingredientes alimentarios. Eso quiere decir que puede encontrarse en todo tipo de alimentos que contengan trazas de maíz, y así debe estar etiquetado siempre que suponga un 0,9% o más de la composición de un alimento. 

Campaña de Greenpeace contra la patata Amflora en la UE: 'Un millón de europeos no pueden estar equivocados. No a los OGM'.
Campaña de Greenpeace contra la patata Amflora en la UE: 'Un millón de europeos no pueden estar equivocados. No a los OGM'.

Tanto la patata Amflora, modificada para que produzca un tipo de almidón utilizado en la industria papelera (en ningún momento se consideró para el consumo humano), como el otro tipo de maíz modificado para ser resistente a un herbicida de amplio espectro, el glufosinato, fueron registradas para cultivarse en la UE pero la primera desapareció por las dificultades burocráticas y la otra porque expiró la licencia y la compañía dueña de los desarrollos no solicitó su renovación. Ninguna de las dos crece hoy en suelo europeo.

Pero las dificultades para aprobar cultivos no impiden que Europa importe toneladas de productos agrícolas transgénicos cada año, tanto para consumo humano como animal, así como con otros usos. Desde el dinero con el que pagamos nuestras compras hasta los claveles que llenan nuestras floristerías, los OGM se encuentran por todas partes. 

Colza, soja y maíz

La UE autoriza la importación de 12 eventos de colza transgénica, la mayoría de ellos enfocados a resistir determinados herbicidas, como el glifosato o el glufosinato. La estrategia agrícola en estos casos es combinar semillas y herbicida, de forma que se pueda emplear sin miedo a dañar el cultivo. Otros tipos de colza que permiten controlar el sistema de polinización, se han desarrollado para facilitar la producción de híbridos comerciales. 

La soja transgénica es el producto agrícola transgénico más cultivado del mundo, con más de la mitad de la superficie mundial dedicada a cultivar OGM ocupada por la soja. Existen distintas variedades que combinan modificaciones para tolerar herbicidas, resistir a los insectos o modificar sus propiedades nutricionales. Europa la importa a toneladas cada año, y la utiliza para piensos animales, además de en productos alimenticios.

Tanto la colza como la soja transgénica, así como el maíz que Europa importa además de cultivar, están aprobados para su uso en alimentación humana y animal, de forma que si comes habitualmente comidas con estos ingredientes u otros derivados (aceite de colza o de soja, harina de maíz, etc), lo más seguro es que hayas comido OGM.

El etiquetado de los transgénicos

La legislación obliga a indicarlo en el etiquetado siempre que el producto contenga más del 0,9% de materia procedente de transgénicos. Por debajo de ese nivel, su presencia es imperceptible en un análisis. En cambio, no es obligatorio señalar cuándo un producto cárnico proviene de un animal alimentado con piensos transgénicos. JM Mulet, profesor de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia, explica que sería imposible hacer cumplir esa norma, porque no hay ninguna diferencia en la carne de un animal según la variedad de soja o de colza con las que esté hecho el pienso del que se haya alimentado. 

Para saber si un producto proviene de un transgénico hay que analizar su ADN o las proteínas que produce. Eso no se traslada al animal que lo come

"La única forma de saber si un producto proviene de un transgénico es si contiene trazas de su ADN o de las proteínas que produce a causa de su modificación. Eso no se traslada al animal que lo come ni tiene ningún efecto sobre él, así que analizando su carne sería imposible saberlo. Si una ley impusiese su etiquetado, no había forma de saber si se cumple", explica. 

Además, en el reglamento publicado por la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas y aprobado por el Ministerio de Agricultura y Alimentación y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, en el que se dan consejos y guías para etiquetar los alimentos, se recomienda no utilizar menciones como "Libre de OGM" o "sin transgénicos", debido a que "contribuye a fomentar el miedo y los prejuicios de los consumidores". 

Dentro de las variedades con fines alimenticios, la UE también ha regulado la importación de una variedad de remolacha transgénica, modificada para ser tolerante al herbicida glifosato. Esta hortaliza se utiliza tanto como alimento como para extraer otros ingredientes, principalmente azúcar y un tipo de colorante, denominado E162 o 'rojo remolacha'. 

Los OGM que no te comes

Otros transgénicos autorizados no están aprobados para su consumo, sino para distintos fines industriales. Un ejemplo son los claveles, que se cultivan en suelo europeo. Los siete eventos autorizados son básicamente la misma modificación: la introducción del gen de otra especie que permite a los claveles generar un pigmento azul que, dependiendo del color original de la flor, da como resultado claveles en distintas tonalidades moradas. 

Distintas modalidades de claveles transgénicos
Distintas modalidades de claveles transgénicos

Por último, la UE permite la importación de algodón transgénico, que se cultiva en países como India. En total son 11 variedades de algodón modificadas para ser tolerantes a los dos herbicidas principales, el glifosato y el glufosinato, así como resistentes al insecto del taladro. Este algodón se aplica a distintos usos, como la fabricación de los billetes de euro, o la confección de prendas de ropa (gran parte del algodón transgénico se importa de hecho ya en forma de productos textiles)

Puesto que no están destinados a la alimentación, la presencia de transgénicos no tiene por qué ser señalada en sus etiquetas. Y no son los únicos. Según explica Mulet, muchos otros objetos cotidianos de distintas áreas se producen a partir de transgénicos, si bien no todos provienen de la agricultura. La insulina que se inyectan los diabétios, por ejemplo, proviene de bacterias modificadas con genes humanos para producir esta hormona de la que carecen y que necesitan para controlar sus niveles de azúcar. También con bacterias OGM se producen anticoagulantes, hormona del crecimiento, la vacuna de la hepatitis B...

"Si vas a la farmacia y pides líquido de lentillas, busca la palabra 'enzimático'. Si la ves, tienes entre manos un producto hecho a partir de transgénicos. Lo mismo ocurre si usas un detergente con enzimas", explica el biotecnólogo. 

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