El tóxico legado de los primeros ordenadores, un pasado que Silicon Valley prefiere olvidar
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muchas zonas están muy contaminadas

El tóxico legado de los primeros ordenadores, un pasado que Silicon Valley prefiere olvidar

Bajo la tierra sobre la que se levanta la cuna de la tecnología se esconde un incómodo secreto. Los productos tóxicos que utilizaban los primeros gigantes tecnológicos dejaron un rastro indeseable

placeholder Foto: Patrick Nouhailler | Flickr
Patrick Nouhailler | Flickr

Ese lugar idílico en el que toda empresa tecnológica quiere plantar su sede no es tan grato como nos habían contado. Resulta innegable que, allí, hasta el emprendedor menos avispado puede dar con un inversor dispuesto a morder su anzuelo y apostar por sus ideas. El precio que tendrá que pagar para lograrlo, no obstante, podría ser excesivo.

Y no lo decimos porque San Franciso ostente el título de la ciudad con los alquileres más caros de Norteamérica o por el estrés que puede provocar montar allí una startup. Además de todo eso, tendrá que vivir en uno de los enclaves más contaminados de Estados Unidos.

Es una situación con la que llevan lidiando muchas décadas los encargados de velar por el medioambiente en la potencia norteamericana. De hecho, el legado tóxico comenzó a fraguarse mucho tiempo atrás. Antes de que las primeras empresas tecnológicas se instalasen en esta zona de la bahía de San Francisco, la industria minera ya hizo de las suyas.

Hasta hace bien poco, aún se podían encontrar restos de mercurio líquido y residuos del cinabrio utilizados en las prospecciones

Hasta hace bien poco, aún se podían encontrar restos de mercurio líquido y residuos del cinabrio utilizados en las prospecciones, entre los más de 22 kilómetros que separan la mina de New Almaden, donde obtenían mercurío, y la ciudad de San José. No resultaba extraño encontrar carteles en los caladeros que advertían a los visitantes que los peces no eran demasiado recomendables para nuestra salud. Es más, estas sustancias tóxicas se habían filtrado y se encontraban en las aguas subterráneas del valle.

Casi treinta zonas con residuos

En 2001, según las investigaciones y pruebas realizadas por la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense (EPA), Silicon Valley era el lugar con mayor número de localizaciones contaminadas (Superfund Sites, como ellos los llaman) de toda Norteamérica. Por aquel entonces, existían en aquella zona 29 puntos con residuos que afectaban tanto al ecosistema local como a los habitantes.

Porque no solo se trata del rastro que dejó a su paso la minería. En la década de 1950 empezaron a nacer en esa región del estado de California las primeras empresas dispuestas a revolucionar el mundo y convertir aquella zona de tradición agrícola en la cuna de la tecnología.

Antes de que la mayor parte de fabricantes trasladaran la producción de chips a Asia, todos los componentes de los primeros ordenadores se fabricaban en el mismo lugar en el que ahora tienen sus sedes Google, Facebook o Apple. El auge de Silicon Valley fue motivado por el trabajo de compañías cuyo principal cometido era fabricar chips de silicio. Algunas de las pioneras, como es el caso de Fairchild o Raytheon, continúan con su negocio, si bien es cierto que han tenido que adaptarse a los nuevos tiempos.

Fue precisamente Fairchild uno de los primeros fabricantes que lograron convertir el lingote de silicio ultrapuro en obleas delgadas y pulidas, un proceso que requería usar productos químicos muy peligrosos para la salud humana. Uno de ellos era el tricloroetileno (TCE), que en 2005 fue clasificado por la EPA como producto cancerígeno y que anteriormente se empleaba como alternativa al cloroformo para desengrasar las piezas de los motores.

Problemas de salud pública y demandas

Al mismo tiempo que la innovación tecnológica avanzaba, Silicon Valley se convertía en un lugar más y más contaminado. Varias décadas después, a causa de distintas fugas en las fábricas que operaban en la zona, se encontraron restos de tricloroetileno en las aguas subterráneas, pero no fue hasta la década de 1980 cuando los ciudadanos de aquel rincón de la bahía de San Francisco supieron de la existencia de estos niveles de contaminación. Nada más ser conscientes de ello, empezaron los problemas.

A raíz de un estudio, el Departamento de Servicios Sanitarios estadounidense descubrió multitud de casos de abortos involuntarios y defectos en los recién nacidos. El índice de niños que presentaban alguna malformación era entre 2,5 y 3 veces más alto cuando las mujeres, durante el embarazo, habían estado en contacto con agua contaminada. Esta situación provocó que en 1986 hubiera hasta 250 demandantes contras las grandes compañías, en una escenario jurídico que les podía costar varios millones de dólares.

El Departamento de Servicios Sanitarios estadounidense descubrió multitud de casos de abortos involuntarios y defectos en los recién nacidos

Tras constatarse el incremento de las tasas de cáncer de la zona, las autoridades decidieron tomar medidas. No obstante, ninguna de ellas ha logrado revertir la situación, algo que llevará mucho más tiempo, y el riesgo aún existe. La Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos puso en marcha acciones para tratar de limpiar los restos tóxicos que existían en las aguas subterráneas y que, por medio de un proceso conocido como intrusión de vapor, se estaba volatilizando de tal forma que los productos químicos pasaban a transitar los sistemas de ventilación de ciertos edificios.

Comenzaron a realizar análisis del aire en el interior de casas y oficinas, que demostraron lo que muchos ya temían. De hecho, en 2013, se probó que más de 1.000 trabajadores de Google habían estado expuestos durante más de dos meses, en dos oficinas de la compañía ubicadas en Mountain View, a niveles "excesivos" de tricloroetileno.

Transporte incorrecto de mercancías

A esto hay que sumar que, como quedó demostrado en una investigación del Center for Investigative Reporting y el diario británico The Guardian, el transporte de los residuos tóxicos hallados en Silicon Valley para ser analizados se estaba realizando de forma inadecuada. Estos restos se llevaban a distintas plantas de tratamiento repartidas por todo el territorio estadounidense, sin que esos viajes estuvieran regulados por la EPA. Durante el trayecto, los residuos se podían sobrecalentar y dejar a su paso un rastro tóxico sumamente peligroso.

Los últimos estudios revelan que las tareas de limpieza realizadas en la última década no han dado resultados, lo que ha obligado de nuevo a tomar medidas. Más de 500 pozos en Mountain View están siendo monitorizados para controlar sus niveles de contaminación. Este es el peaje que Silicon Valley ha tenido que pagar para convertirse en la cuna de la tecnología en Estados Unidos y uno de los centros de innovación más importantes del mundo. Un legado sumamente pernicioso para quienes ahora quieren o tienen que vivir allí.

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