probamos la nueva Roomba 980

Una aspiradora robótica es el peor enemigo de mi gato

He probado la aspiradora robótica Roomba 980 en el piso donde vivo con mi gato, Poly. Toda una experiencia ver a la naturaleza y a la tecnología encontrarse, conocerse y aprender a convivir

Foto: Gato vs. robot, una relación complicada.
Gato vs. robot, una relación complicada.

En las dos últimas semanas he sido testigo de cómo las relaciones surgen y evolucionan con el tiempo, de forma que quienes se consideraron incompatibles nada más conocerse, aprenden a convivir, a confiar el uno y en el otro y hasta a compartir momentos entrañables llenos de diversión. O bueno, quizá no mucha diversión, pero sí algo de tolerancia mutua. 

En estas semanas he probado la aspiradora robótica Roomba 980 en el piso donde vivo con mi gato, Poly. Y ha sido una curiosa experiencia ver a la naturaleza (o toda la naturaleza que quede en un gato doméstico con 'algo' de sobrepeso) y a la tecnología encontrarse, conocerse y aprender a convivir. Pero no ha sido fácil, así que he decidido contarlo aquí para que cualquiera con una mascota sepa a qué atenerse si le regalan uno de estos cacharros por Navidad. Después contaré qué me pareció la aspiradora como tal (en resumen: bien, pero es carísima), primero veremos qué tal se llevó con el gato.

Una relación complicada

Por decirlo brevemente: mal. La relación empezó muy mal. Pasada la primera (¡y grandísima!) emoción de ver llegar una caja de cartón a casa porque, bueno, a los gatos les gustan las cajas, la puesta en marcha de la Roomba (con sus pitidos, su ruido de succión y sus ruedas implacabes) desató el terror. Poly protagonizó el 'sprint' de su vida (no hace muchos, recordemos lo del sobrepeso), que le llevó a recorrer el piso en décimas de segundo hasta esconderse en el punto más alejado de la máquina que pudo encontrar. Con los ojos como platos y las orejas de punta, se agazapó hasta hacerse lo más pequeño que pudo (una vez más, recordemos que es un gato 'rellenito').

(Esto mi gato no lo hace)

En el otro lado del ring, la aspiradora procesaba el encuentro con una frialdad automática envidiable. Comenzó a circular por el parqué, haciendo su ruido de succión mecánica y aspirando lo que pillaba a su paso, mayormente pelos del propio gato (uno de los grandes problemas de limpieza en una casa con mascota, imaginen mi alegría). Arriba y abajo por el salón y la cocina, trazaba sus líneas en zigzag imperturbable, solo interrumpidas por muebles y paredes. Y a cada topetazo con un obstáculo, un leve giro y vuelta a trazar rectas, arriba y abajo, aprendiéndose la superficie de la casa para posteriores excursiones. 

Pero si algo no se le puede negar a mi gato es el valor, así que pasado un rato, él mismo debió arengarse, animándose a plantar cara ante la escándalos de la intrusa. Comenzó mirando desde el pasillo con tensa curiosidad, con los ojos bien abiertos, las orejas en acción de antena parabólica incansable y manteniendo siempre una distancia prudencial. Algún giro inesperado de la aspiradora tenía como resultado un nuevo respingo, otra carrera y terminar de nuevo escondido en algún rincón, pero en general Poly iba ganando poco a poco confianza para vigilar a su némesis a distancia.

La cosa mejora, y yo me alegro

Eso sí, tranquilos, dueños de mascotas: la cosa mejora. Poco a poco el gato aprendió cómo funcionaba la Roomba, de forma que podría vigilarla desde la distancia con relativa calma: se mantiene en lo alto, como si fuese un vigía, porque sabe que la máquina rueda pero no trepa, y ahí no podrá alcanzarle nunca. También ha aprendido a predecir sus movimientos y se va desplazando según gira ella, en un 'bailar de lejos no es bailar', que diría Sergio Dalma, pero que para Poly es más que suficiente.

Amigos, sí, pero a distancia.
Amigos, sí, pero a distancia.

Y es bueno que hayan conseguido convivir porque si la Roomba aterrizó en casa como la peor enemiga de mi gato, a mí me cayó bastante mejor desde el primer día porque su labor recogiendo precisamente los pelos de gato, esa sustancia que parece brotar en cada rincón en el momento en que un gato cruza el umbral de la puerta: no hay forma humana de hacerlos desaparecer porque cuando terminas de barrer por un lado, el gato ya ha empezado a sembrar por el otro. Bien, pues este robot es un valioso aliado en la tarea que, si bien no hace milagros, al menos estará a tu lado, luchando con todo su empeño por alcanzar el objetivo.

Un modelo avanzado con un precio descomunal

La Roomba 980 es la última generación de robots domésticos de iRobot, y la evolución se nota. Esta versión circula por la casa con fluidez, memorizando la superficie poco a poco y sorteando los obstáculos con eficacia. Además, su sistema de tracción incorpora un empuje extra para salvar pequeños desniveles, de forma que pasa por encima de cables, por ejemplo, sin engancharlos (en la mayoría de los casos) y dejar a su paso un reguero de caos y destrucción.

Emparejado con una aplicación móvil, el robot se puede programar o activar a distancia, de forma que puedas ponerlo en marcha cuando no estás en casa y aprovechar para que cumpla con su tarea sin que el ruido te moleste (si el gato está solo en casa y el cacharro se activa, el susto puede ser morrocotudo, eso sí). Una vez que termina, o cuando se queda sin batería, la máquina vuelve sola a su punto de carga y se coloca en posición, lista para volver a activarse en el momento deseado.

El principal (por no decir enorme) inconveniente de este modelo es su precio: 1.199 euros. Un electrodoméstico casi de lujo para la mayoría

Tras dos semanas de uso, mi conclusión es que se trata de una máquina muy útil para mantener un nivel de limpieza doméstico aceptable, aunque no brillante. Aún tiene problemas para alcanzar las esquinas de la casa (por su forma redonda), pero se maneja muy bien con polvo, migas o pelo de animal. Aunque no le ocurre a menudo, puede atascarse si engancha un papel o algo de cierto tamaño.

El principal (por no decir enorme) inconveniente de este modelo es su precio: 1.199 euros en la web oficial, lo que lo convierte en un electrodoméstico prácticamente de lujo para la mayoría, y más si tenemos en cuenta que la robótica doméstica está en pleno desarrollo y que lo que hoy es puntero en un par de años podría quedarse anticuado. Por ese precio, tendría que aspirar hasta la última mota de polvo, limpiar todas las demás superficies de la casa, incluido el alto de la estantería al que nadie llega pero que cuando te asomas parece haber desarrollado vida propia, y rascarle las orejas al gato con arrobo (claro que no sé si él se dejaría).

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