Todo lo que tu 'smartphone', y cómo lo usas, revela sobre ti
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Un estudio analiza 74.124 llamadas en 18 meses

Todo lo que tu 'smartphone', y cómo lo usas, revela sobre ti

El investigador español Esteban Moro ha analizado cómo utilizamos el teléfono, a quién llamamos y en qué momentos. ¿Su conclusión? La gente se resiste a dejar de escuchar a quien más aprecia

Foto:  (Foto: Garry Knight)
(Foto: Garry Knight)

Durante buena parte de la noche dormimos, cuando amanece despertamos, a mediodía comemos... O eso suele ser lo habitual. Es la actividad diaria de cada individuo, su ritmo circadiano, ese que queda reflejado en numerosos aspectos psicológicos y fisiológicos y que suele estar conectado al ciclo día-noche.

Sin embargo, cada persona tiene el suyo. Nadie se comporta igual: los hay que prefieren levantarse temprano y que suelen quedarse en la cama hasta pasadas las diez; los que trabajan mejor cuando oscurece o los que lo hacen en pijama y con el primer café del día.

Se trata de un ritmo personal que marca desde la actividad sexual hasta los actos suicidas, y que suele estar relacionado con cuestiones genéticas. Se trata también de un ritmo que queda reflejado en las trazas digitales que dejamos en las redes sociales o en el uso que hacemos del teléfono móvil, como explica a Teknautas Esteban Moro, investigador de la Universidad Carlos III de Madrid.

Su grupo, junto con profesionales de la Universidad de Aalto (Finlandia) y de la Universidad de Oxford (Reino Unido), ha llevado a cabo un estudio para averiguar cuál es el ritmo circadiano del smartphone. Lo que han querido saber es si existen concordancias entre diferentes individuos: si de forma generalizada se reservan ciertas horas del día para llamar a determinadas personas o si eso sucede al azar, quiénes son los receptores de las mismas, el género de ambos interlocutores, si suelen repetirse los contactos y cuánto duran las conversaciones.

La gente más cercana y con quien se tiene contacto cara a cara suele ser llamada durante las tardes y noches

Se trata de definir el uso que se hace del teléfono para determinar cómo es "la forma de repartir el tiempo" de cada persona, y es algo que tiene un fuerte componente social y no depende solo de patrones de matutinidad y vespertinidad, sino también de otras cuestiones como el horario de trabajo, si la persona está en paro o si tiene una vida y unas relaciones más o menos activas.

Para responder a estas cuestiones, su equipo ha analizado 74.124 llamadas telefónicas durante un periodo de 18 meses y ha hecho encuestas específicas y exhaustivas sobre su contenido. Lo primero que han encontrado es que, aunque el ritmo circadiano de cada persona es único, también es bastante estable, apenas varía, independientemente de las circunstancias.

Esto quiere decir que si una persona es más propensa a llamar por la mañana y otra por la tarde, cada una seguirá haciéndolo en el mismo momento a pesar de las variaciones en su vida. Repartirán el tiempo de la misma manera, por categorías (amigos, familia, compañeros de trabajo...), aunque la gente con la que hablen sea distinta, incluso "aunque cambien de amigos de vez en cuando o conozcan gente nueva".

También han encontrado que el número y la duración de las llamadas tienen que ver con la intensidad emocional que existe entre quienes las hacen y quienes las reciben. Concretamente, la gente más cercana y con quien se tiene contacto cara a cara suele ser llamada durante las tardes y noches. Además, los receptores son personas con las que se habla muchas veces.

Por otro lado, es en ese periodo cuando las llamadas son más largas y la acción es correspondida. "Parece que elegimos momentos del día que son un poquito más descansados para hablar de una manera más íntima", afirma Moro. Mientras tanto, y a pesar de nuestra naturaleza mayoritariamente diurna, por las mañanas y antes de mediodía las llamadas que se hacen son pocas en comparación con el resto de la jornada.

Además, suelen ser más cortas y a grupos de gente más diversos. Es en ese momento, según explica el investigador, cuando tal vez podemos lanzar un tuit o hacer clic en el corazón de Twitter sin más, precisamente porque no nos lleva tanto tiempo y porque muy posiblemente estemos ocupados o en horario laboral.

En la era del smartphone y de Whatsapp, es necesario “reaprender“ a conversar con los demás, volver a hacerlo cara a cara o a través de la voz

En todo caso, el hecho de que la gente mantenga unas relaciones sociales más fuertes por la tarde o por la noche revela "que la gente sigue llamando", que es consciente de que para hablar con alguien es necesario tener tiempo que dedicarle.

De algo similar habla Sherry Turkle, profesora de estudios sociales, ciencia y tecnología del MIT. Propone que, en la era del smartphone y de Whatsapp, es necesario "reaprender" a conversar con los demás, volver a hacerlo cara a cara o a través de la voz, dejando a un lado las teclas de un dispositivo.

Cree que, por lo general, la gente pasa demasiado tiempo mirando a una pantalla, lo que disminuye su capacidad para relacionarse con otras personas e impide que la recepción del mensaje sea total. Cree que utilizar el teléfono es más fácil, directo, agradable y no hay que tener miedo de que la conexión wifi falle.

Las mujeres se implican más

El informe del grupo de investigadores españoles también ha detectado un comportamiento relevante entre las mujeres. La duración de sus llamadas, durante la tarde y noche, es mayor que la de los hombres. Además, son especialmente largas por la noche. En ese momento suelen contactar con amigos, aunque se centran en un pequeño número de relaciones generalmente intensas.

De entre esas llamadas de larga duración, las de más minutos son destinadas a hombres. Según explican los investigadores, esto suele ser así especialmente cuando los comunicantes están en plena adolescencia, experimentando relaciones emocionales marcadas, por lo que es probable que estén relacionadas con cuestiones románticas.

Como apunta la investigación, esas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de utilizar el teléfono tienen que ver con sus roles sociales y con que las mujeres tienden a comunicarse más que los hombres y sus relaciones suelen ser más íntimas e intensas. Mientras que "nosotros solemos tener muchas más relaciones, mucho más cortas", explica el investigador, las de las mujeres tiende a ser más largas y con más interacción.

No obstante, ambos sexos comparten algo: aunque durante la noche llaman a la gente más querida, apenas lo hacen a familiares. Esto, de alguna forma, refuerza la creencia de que las relaciones con los de nuestra misma sangre son menos frágiles que con los amigos, por lo que se requiere menos persistencia. Además, reservar ciertos momentos del día para los amigos y hacerlo de forma continuada refuerza el sentido de relación "especial". De lo contrario, la amistad se deteriora rápidamente.

De alguna forma, es necesario llamar a nuestro amigo para que siga siéndolo, señala Moro. Las llamadas tienen un coste y requieren la intención de contactar con alguien y que este te responda, necesitan tiempo por ambas partes, esfuerzo y "saber que la otra persona valora lo que estás haciendo".

Esta primavera, el equipo de Moro publicó una investigación similar sobre el ritmo circadiano de Twitter y su conexión con el paro. En contraste, el español explica que el número de ocasiones en que los usuarios interactúan con las redes sociales a lo largo del día es mucho menor que el número de llamadas que hacen.

Aún hay esperanza para salvar las conversaciones “tradicionales“, aunque solo sea por la necesidad de hablar con las personas que más valoramos

Por lo general, "hay personas que utilizan el teléfono [para llamar] unas 20 veces al día, mientras que tuitean una vez o dos o se conectan a Facebook un rato sin hacer nada". A diferencia de la investigación centrada en las llamadas, comprobaron que es durante la mañana cuando más actividad hay en Twitter, excepto si la persona está en paro.

En ese caso, tuitea al mismo ritmo en cualquier momento del día. En todo caso, el estudio de Moro parece demostrar que aún hay esperanza para salvar las conversaciones "tradicionales", aunque solo sea por la necesidad de seguir en contacto con las personas que más valoramos.

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