para mejorar las relaciones sociales

Los pájaros 'enamorados' prefieren estar con su pareja antes que comer

Un estudio llevado a cabo con carboneros demuestra que las aves dan importancia a los beneficios de las relaciones sociales a largo plazo, aunque esto suponga una desventaja inmediata

Foto: Pareja de carboneros comunes
Pareja de carboneros comunes

Cuando el invierno avanza, los carboneros (Parus major) empiezan a comer como si se acercara el fin del mundo. Para ellos es fundamental llegar a la primavera bien gordos para enfrentarse al reto de la crianza con alguna posibilidad. Como estas pequeñas aves son monógamas, en esta época del año las parejas buscan alimento juntas. Para comprender mejor las relaciones sociales entre estos pájaros, un equipo de biólogos los ha enfrentado a una dura elección: estar con su compañero... o llenar la panza.

Los carboneros parecen tenerlo claro: es mejor pasar tiempo juntos, aunque esto pueda resultar negativo a corto plazo. Es la principal conclusión de un estudio que publica hoy la revista Current Biology, que revela el papel de las relaciones sociales a la hora de moldear los comportamientos animales. Aunque sea en detrimento del beneficio individual.

El investigador de la Universidad de Oxford y autor principal del estudio, Josh Firth, explica a Teknautas la importancia que tienen estos vínculos para los carboneros: “La pareja es fundamental para la crianza, porque un sólo miembro no puede sacar adelante un nido de polluelos sanos”. Así, estas aves sacrifican un beneficio inmediato (comer) a cambio de una ventaja a largo plazo (reproducirse con éxito). “Este experimento demuestra que las decisiones animales también están gobernadas por los lazos sociales, y no solo por necesidades individuales", aclara Firth.

Algunos carboneros escogían pasar tiempo en comederos que no les daban comida, sólo para estar con su pareja

Para empujar a que los carboneros eligieran entre alimento y pareja, los investigadores utilizaron comederos inteligentes capaces de leer la etiqueta de identificación de las aves anilladas. De esta forma, algunos depósitos se abrían al leer un número par, mientras que otros sólo lo hacían con cifras impares.

Como el DNI de cada individuo es aleatorio, algunas parejas compatibles podían comer juntas en el mismo comedero. En otros casos sólo uno de los miembros tenía acceso al alimento. “Los que no tenían pareja iban a los sitios con más comida, pero aquellas parejas no compatibles priorizaban sus vínculos sociales frente a su propio acceso a los alimentos”, explica Firth. Es decir, que algunos carboneros escogían pasar tiempo en comederos que no les daban comida, sólo para estar con su pareja.

Este comportamiento mostró un curioso efecto secundario, ya que el miembro enamorado también pasaba más tiempo con los compañeros de su cónyugue, con los que no se habría relacionado de forma habitual. A todos nos toca salir con los amigos de nuestra pareja de vez en cuando, y los carboneros no son una excepción. El resultado es que estas aves no sólo refuerzan los vínculos familares, sino las redes sociales de todo el grupo.

Firth explica que el funcionamiento de los comederos inteligentes también promovía, en cierto modo, la cooperación entre la pareja. Como la ventana permanecía abierta dos segundos después de reconocer la etiqueta de identificación correcta, los pájaros con un número erróneo aprendían a gorronear a su compañero. Porque estar en familia es conveniente, pero también hay que comer.

Pareja de carboneros. (Reuters)
Pareja de carboneros. (Reuters)

Amor e infidelidad

El amor puede definirse, en términos muy generales, como ese conjunto de reacciones químicas que tiene lugar en el cerebro de las parejas para que se mantengan unidas más allá de la cópula, con el objetivo de aumentar la supervivencia de sus crías. Y estos comportamientos no son extraños en el reino animal.

La pareja es fundamental para la crianza, porque un sólo miembro no puede sacar adelante un nido de polluelos sanos

Preferir al compañero frente a la comida podría considerarse un claro ejemplo. “Si buscas analogías de amor animal en la naturaleza, los lazos que existen entre ciertas especies de ave serían sin duda el mejor ejemplo”, asegura Firth. El investigador, eso sí, señala la necesidad de evitar “connotaciones antropomórficas” que puedan atribuir sentimientos propios del ser humano a otras especies que podrían no tenerlos en absoluto… o tenerlos a otro nivel.

En este sentido, la infidelidad sí que existe entre los carboneros, aunque no sea habitual. “Son aves socialmente monógamas, pero los análisis genéticos indican que el 13% de la descendencia es de otro padre”, asegura Firth. Hasta qué punto la reticencia a abandonar a la pareja tiene que ver con los celos, además de con el afecto, es algo que todavía está por investigar.

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