inspirada en 'piratas del caribe'

Jóvenes españoles reinventan la brújula para que los ciclistas encuentren su camino

Varios ingenieros aragoneses han reunido un equipo internacional para actualizar una herramienta que ha cambiado poco a lo largo de los siglos. Haize verá la luz gracias al 'crowdfunding'

Foto: Haize
Haize

Durante siglos, las brújulas han sido compañeras de viaje inseparables para exploradores de todas las culturas. Sin demasiados cambios, las agujas imantadas han apuntado al norte como medio infalible de orientación hasta ser relegadas por las nuevas tecnologías. Ahora, un equipo internacional de jóvenes liderado por aragoneses ha reinventado esta herramienta milenaria para adaptarla a las necesidades de ciclistas y aventureros del siglo XXI.

Haize, que es como se llama el dispositivo, se coloca en el manillar de la bicicleta para ayudar a que el usuario alcance su destino. “La brújula actual está desfasada y nadie la usa, por lo que nos basamos en la de Jack Sparrow en 'Piratas del Caribe', que siempre marca donde quieres ir”, explica a Teknautas el ingeniero y creador del 'gadget', Luis Martín. Aunque el objetivo esté en movimiento, la tecnología es capaz de reorientarse.

La brújula actual está desfasada y nadie la usa, por lo que nos basamos en la de Jack Sparrow en 'Piratas del Caribe', que siempre marca donde quieres ir

Como su homólogo clásico, esta brújula posiciona a su portador gracias a los campos magnéticos. Solo que en este caso, una app en la que previamente hemos seleccionado nuestro destino transmite la información al dispositivo. Así como la aguja imantada señala el norte, el punto LED de Haize apunta hacia el lugar donde nos dirigimos, y ya es tarea nuestra encontrar el camino. Una filosofía que combina orientación y aventura. Los menos osados pueden activar una opción que les indique qué cruce deben tomar, y cuánto queda para llegar a él.

“Haize cuenta con un acelerómetro, un giróscopo y una brújula”, comenta Martín. Gracias a estos sensores, determina la orientación de la bicicleta y posiciona el objetivo respecto al norte real. Depende del 'smartphone', al que se conecta mediante Bluetooth, para recibir las coordenadas, pero también tiene una batería independiente de 300 mAh. "Puede resistir dos semanas con un uso normal de cuatro horas diarias", asegura el ingeniero.

La aguja clásica es sustituida por una veintena de LEDs que indican la posición y dirección a tomar. También incluye un sensor de luz para que la pantalla autorregule su brillo, y que además sirve, según Martín, para encender y apagar el dispositivo de forma táctil.

La brújula no apunta al norte, sino al destino previamente señalado en una 'app'

Los desarrolladores de Haize han escogido Kickstarter como plataforma para impulsar su proyecto. Lanzada esta misma semana, al cierre de este artículo ha recaudado un 20% de los 70.000 euros necesarios. La brújula puede comprarse por 80 euros, pero no llegará a los hogares hasta junio de 2016.

Hasta ahora, la mejor opción eran los soportes que sujetan el 'smartphone' sobre el manillar, una solución repleta de inconvenientes. Para empezar, el móvil queda expuesto a todo tipo de caídas e impactos, pero además mirar aplicaciones como Google Maps mientras se pedalea puede ser peligroso. Haize, por el contrario, resulta fácil de seguir y es a prueba de accidentes.

Esta brújula es del tamaño y peso de un reloj, por lo que se puede llevar como colgante y pulsera. Aunque el ciclismo es su mercado principal, Martín enumera algunas aplicaciones alternativas, como usarlo para juegos de búsqueda en campamentos. “También puedes enviarlo como regalo a una persona para que le guíe hasta otra sorpresa, y si vuelves de fiesta y no encuentras tu casa, puede ayudarte a volver”. En el futuro, Martín explica que podrá aplicarse para escalada y recorridos de aventura.

Emprender desde Londres

La historia de Haize comenzó cuando Luis, un joven aragonés de 25 años, escuchó el problema que tenía su amigo Javier Soto a la hora de orientarse en bicicleta por Londres. Este diseñador tudelano, que ya había diseñado un traje volador para Lady Gaga, vio una oportunidad de negocio reinventando la brújula.

No nos conocíamos en persona ni vivimos todos en el mismo lugar, pero hemos conseguido desarrollar el proyecto en seis meses

Los dos amigos reunieron a un equipo internacional formado por jóvenes de Berlín y Londres, junto con la zaragozana Esther Borao. “No nos conocíamos en persona ni vivimos todos en el mismo lugar, pero hemos conseguido desarrollar el proyecto en seis meses”, comenta Martín.

El ingeniero aclara la decisión de establecer una empresa con corazón español en Londres: “Es más sencillo que en España en cuanto a trámites y tiempos”. Martín compara los 20 euros y 24 horas de la capital inglesa con los 3.000 euros y dos meses de nuestro país: “Eran 60 días añadidos para sacar un proyecto que ya teníamos prácticamente terminado”. Aunque la meta sea resucitar un instrumento milenario, cada día de espera es un día perdido.

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