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Leche y Mentos: la química detrás de las reacciones de la Coca-Cola

Además de ser la bebida más famosa del mundo, este refresco sirve para jugar y aprender algunas reacciones químicas. Al contrario de lo que suele decirse: se recomienda probarlo en casa

Foto: Leche y Mentos: la química detrás de las reacciones de la Coca-Cola

La chispa de la vida. La pausa que refresca. Coca-Cola es el refresco más famoso del mundo, si no la marca más conocida. El misterio de su fórmula ha dado pie a un buen número de leyendas urbanas, como que contiene cocaína. Independientemente de su receta, esta bebida es un profesor de química estupendo porque, ¿quién no ha oído hablar de lo que ocurre si introduces caramelos Mentos en una botella?

YouTube está lleno de intrépidos experimentos con Coca-Cola y Mentos, que suelen incluir las palabras "cohete" y "explosión". La clave de este auténtico géiser está en el dióxido de carbono, el famoso gas del refresco que, mientras la botella está cerrada, se mantiene en forma líquida. Lo más normal es que estas moléculas vuelvan a su estado gaseoso con lentitud, en esa característica efervescencia. Lo que sucede cuando agitamos una lata antes de abrirlas, es que el dióxido de carbono se expanden con mayor rapidez, por lo que el paso a gas es más rápido.

Cuando se añade un factor extra, el papel del dióxido de carbono puede volverse explosivo. Es lo que provocan los famosos Mentos, que aceleran la reacción. Las burbujas de este gas se acumulan en los objetos introducidos en Coca-Cola (por ejemplo hielos). Estos caramelos, al ser porosos, permiten que el dióxido de carbono se introduzca en su interior. Esto aumenta el área disponible para la reacción, por lo que tiene lugar una reacción en cadena que se descontrola en forma de géiser. La goma arábiga de los Mentos también facilita que el dióxido de carbono se separe del agua.

Curiosamente, la reacción es especialmente fuerte cuando se utiliza Coca-Cola Light. El motivo es el aspartamato que incluyen las bebidas dietéticas, que disminuye la tensión superficial y favorece la acumulación de burbujas en el interior de los caramelos. En realidad cualquier bebida gaseosa puede provocar el famoso chorro, pero sólo la Coca-Cola Light consigue un resultado óptimo.

El ácido fosfórico es otro componente de la Coca-Cola responsable de uno de sus aplicaciones más famosas: limpiar monedas. Las monedas de cobre (las de uno, dos y cinco céntimos de euro, por ejemplo) pierden su brillo original conforme reaccionan con el oxígeno del medio ambiente.

Al introducir una de estas monedas en un vaso con Coca-Cola, el ácido fosfórico rompe los enlaces entre cobre y oxígeno, dejando a al vista una capa brillante de cobre. Los restos quedan en el fondo del vaso en forma de iones de cobre.

Otra sorprendente reacción química tiene lugar cuando se mezcla el refresco con leche. El responsable es, una vez más, el ácido fosfórico. Sus moléculas se unen a las de la leche, aumentando su densidad y por lo tanto separándolas del resto del líquido, ya que caen hacia el fondo. El resto del líquido, al tener menos densidad, flota.

 

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