grand theft auto entre dunas

Mad Max: monotonía y diversión se alternan en un juego fácil de olvidar

Mientras que la película era fresca, el juego tiene miedo de innovar. Recicla lo ya existente de otras joyas y por eso mismo no puede ser malo, pero tampoco trascendente

Foto: Mad Max: monotonía y diversión se alternan en un juego fácil de olvidar

Cuando decides sacar un videojuego de la mejor película del año (en empate técnico con Del revés, lo admito) te arriesgas mucho. Cuando esa película es Mad Max: Furia en la carretera, el listón se encuentra en algún lugar entre la mesosfera y la ionosfera. ¿Logra Mad Max estar a la altura de esta saga apocalíptica? Respuesta corta: no. Respuesta larga: es un buen juego que alterna momentos divertidos con partes repetitivas, pero por desgracia resulta completamente irrelevante. Si fuera un filme, sería el típico caso de "está bien, pero te olvidas nada más salir del cine".

Mad Max es, por explicarlo con pocas palabras,un mod de GTA. Una versión de la saga de Rockstar sobre arena. Tras la introducción, Max se encuentra en medio del desierto sin coche, sin armas y medio muerto. Además, se acaba de crear un archienemigo que debe de estar bastante molesto, si se tiene en cuenta que ha huido con una motosierra metida en la cabeza. El argumento es lo de menos (como debe ser), una excusa para lo que importa: conducir a lo loco y pelear como un animal mientras hacemos misiones.

Al final todo se limita a repetir las mismas misiones con los mismos combates, mientras escuchamos las mismas frases del copiloto por el mismo paisaje

Comencemos por lo principal, el alma de todo videojuego que aspire a introducirnos en el universo de Mad Max: los coches. La velocidad y las embestidas contra caravanas de enemigos están aseguradas. La cámara, bastante loca mientras caminamos, se relaja un poco al volante, por lo que el control es sencillo y no cuesta habituarse.

El sistema de tuneado del vehículo no sólo es divertido, sino que resulta imprescindible para avanzar. Pagando con chatarra podremos añadir armas y defensas para convertir nuestra cafetera con ruedas inicial en un tanque todoterreno que reparta muerte a los cuatro vientos. Mención aparte merecen los espectaculares combates sobre ruedas: nada más relajante que embestir una caravana de enemigos con nuestro monstruo mientras les regalamos plomo.

A hombros de gigantes

Los combates cuerpo a cuerpo, heredados de los Batman de Rocksteady, son brutales. Por desgracia se vuelven repetitivos bastante pronto. Esta es una lacra de Mad Max, un problema que ya tenía otro título con el que comparte varias características (hasta tenemos nuestro propio Gollum): Sombras de Mordor. Las misiones se vuelven monótonas, nuestro copiloto se pasa horas repitiendo las mismas frases y el paisaje termina por aburrir. Curioso que Fallout logre un Yermo rico y variado que combina ciudades destruidas con bosques quemados, mientras que Mad Max sólo sea desierto, salpicado de refinerías esporádicas. Vale, hay escenarios impresionantes como un aeropuerto semienterrado, pero son la excepción.

Los combates sobre ruedas son espectaculares: nada más relajante que embestir una caravana con nuestro monstruo mientras les regalamos plomo

Mad Max sí acierta al hacernos compartir las penurias de los supervivientes de un mundo desolado, para quienes unas gotas de gasolina o de agua suponen la diferencia entre la vida y la muerte. Pero al final es todo el rato lo mismo: emboscar caravanas, explotar tanques de gasolina y atacar campamentos cuyas defensas son (con variaciones) siempre iguales. 

Quizá lo más triste sea que no alcanza el nivel de locura surrealista y caos que son marca de la casa en las películas. Es bestia, sí, pero no mucho más que un GTA. Es extraño que el videojuego de una película que parece un videojuego (odio ese calificativo, pero nos entendemos) sea menos espectacular que la obra en la que se basa.

Mientras que Mad Max: Furia en la carretera es fresca y única, el juego tiene miedo de innovar. Es, en realidad, bueno: divertido a pesar de la monotonía, y no defraudará a ningún fan del género. Pero va a lo fácil, reciclando lo ya existente, lo que funciona. No puede fallar porque se alza a hombros de gigantes, pero por eso mismo es un título fácil de olvidar. Al final, siempre son los gigantes los recordados. Nota: 6.

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