¿A qué suenan los microorganismos?

El español que descubrió cómo hacer música con moho (y piensa grabar un disco)

Un ser vivo tan simple como 'Physarum' y un algoritmo mantienen una chirriante conversación gracias a una placa de Arduino. La melodía no es apta para oídos sensibles

Foto: Fotografía: Óscar Martín
Fotografía: Óscar Martín

Una colonia de Physarum polycephalum intenta atraer tu mirada con su sugerente color amarillo y con las peculiares ramificaciones que dibuja en su crecimiento vital. Sin embargo, lo más probable es que el moho mucilaginoso no llame demasiado tu atención y optes por mirar con desprecio a un organismo que bien puede convertirse en el compositor de un nuevo estilo de música electrónica. Eso sí, te avisamos ya que su melodía no va a agradar demasiado a tus mortales oídos.

¿A qué suena el moho? ¿Tiene un mensaje que transmitir al resto de seres vivos del planeta? ¿Puede tener este organismo gusto musical? Estas son algunas de las cuestiones sobre las que reflexionar cuando se contempla Bionic Sound Machine/ Non Human Composer, una instalación creada por el artista Óscar Martín.

"Mi investigación se centra en explorar la posibilidad de entender cómo funcionan los sistemas complejos, sistemas emergentes, inteligencia colectiva, aplicado a la generación de sonido", explica Martín a Teknautas. Evidentemente, el moho no es el único artista de esta instalación. El organismo, que Martín ha cultivado con una dieta basada en semillas de amapola, avena, miel y caldo de patata, se comunica con una inteligencia artificial que este creador ha desarrollado durante sus meses de residencia en el centro de producción artística Hangar de Barcelona.

Si pensabas que un ser vivo sin neuronas y una máquina no serían capaces de mantener una animada charla, estás equivocado: pueden incluso formar un exótico dúo musical. Martín ha programado un algoritmo genético que transmite al moho un conjunto de sonidos. El propio organismo se decanta por los que más le motivan gracias a un sensor que capta sus respuestas eléctricas.

"Puedes ver cómo son sus variaciones psicoemocionales, puedes saber si algo le está molestando, si de pronto está ausente... Es una manera de amplificar ese organismo y percibir algo de él, su estado psicoemocional", detalla. 

'Mi investigación se centra en entender cómo funcionan los sistemas complejos, emergentes, inteligencia colectiva, aplicado al sonido'

Con ayuda de una placa de Arduino, transistores, un amplificador y el software que ha programado, el moho mucilaginoso va seleccionando los sonidos, cruzándolos y mutándolos en función de su excitación para crear nuevas melodías. Al mismo tiempo, las piezas sonoras y las luces de la obra modifican al propio moho en esta extraña conversación multibanda.

Según el artista, la autonomía de este sistema biológico a la vez que artificial nos plantea si nuestra concepción de la música no está excesivamente condicionada. "Juega con la idea absurda de que lo musical es totalmente una construcción cultural humana que se consensúa", defiende Martín.

La composición resultante de esta obra en evolución recuerda a la electroacústica de los años 60, según el propio artista. Como nuestra percepción es subjetiva, puedes juzgar por ti mismo si los sonidos que emite Bionic Sound Machine evocan a una sierra mecánica, a un coche arrancando o a tu propia cabeza tras una noche de juerga.

De una forma u otra, el dispositivo acaba demostrando que tu cerebro, un órgano del que carece el humilde moho, lleva grabados unos estrictos códigos musicales que perciben como ruido todo lo que se aleja del rock, el indie o el flamenco, según las preferencias de cada cual.

Moho en 'streaming' para abandonar nuestro antropocentrismo

Ahora bien, ¿por qué era tan importante que un organismo tan poco fiestero como el moho se convirtiera en el protagonista de esta instalación sonora? Óscar Martín, licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, lleva tiempo interesado en la experimentación sonora, los sistemas biológicos y el software de código abierto. Desde que leyó investigaciones sobre la inteligencia biológica del moho para autorganizarse y crear redes hace tres años, ha estado obsesionado con desarrollar este proyecto.

Con ayuda de una placa de Arduino, transistores, un amplificador y el 'software' programado, el moho va seleccionando los sonidos, cruzándolos y mutándolos

Descubrió que un equipo de investigadores británicos y japoneses habían demostrado en 2010 que el Physarum polycephalum es capaz de interconectarse para conseguir alimentos (copos de avena sobre una superficie húmeda) creando una red similar al sistema ferroviario de Tokio.

"El moho de fango no tiene cerebro central ni una conciencia del problema global que está tratando de resolver, pero se las arregla para producir una estructura con propiedades similares a la red ferroviaria real", explicaba Mark Fricker, uno de los autores del estudio. 

Hace un año, dos investigadores afirmaban que el moho de fango podría habitar incluso en los circuitos de nuestros ordenadores del futuro. Los científicos habían probado que el organismo generaba redes de tubos interconectados capaces de procesar información. Sin embargo, Martín está en contra de usar un organismo vivo para fabricar biochips en masa. "A mí personalmente no me gusta demasiado, me parece como una visión muy utilitarista coger algo vivo y meterlo dentro de un chip que está haciendo operaciones mecánicas", defiende.

Para este creador, encerrar esa vida en el esqueleto de nuestro ordenador demuestra nuestra perspectiva mecanicista. En su instalación “hay un punto de crítica a la visión antropocéntrica. Nos creemos que somos los más inteligentes, la criatura escogida, hay una mitología de nosotros mismos y nos rodea un universo muy sofisticado a nivel macro y a nivel micro". 

Martín también considera que la búsqueda de alimento de esa colonia demuestra que la cooperación hace la fuerza. Un comportamiento que ha querido relacionar con las ideas de la ya fallecida bióloga Lynn Margulis, que estudió cómo los organismos de origen bacteriano se unían, dentro de un sistema más complejo, por la simbiosis de sus miembros.

"De una forma conceptual y poética, en la instalación también se intenta subvertir esta lógica darwiniana del siglo XX de la evolución de los más aptos, al ser el propio criterio de evolución un organismo no humano", defiende Martín. El compositor de su instalación no será el mejor músico, pero puede hacernos entender que la colaboración y el soporte mutuo nos ayudan a vivir en sociedad.

Diferentes conceptos se encierran en este dispositivo que Martín solo considera un primer prototipo. Le gustaría conseguir otra residencia para sustituir el ordenador por una Raspberry Pi, unir una memoria que almacene los datos de varios meses de sesiones y dar difusión a su obra.

Baraja la posibilidad de sacar un disco que recoja todos los sonidos de su máquina o incluso montar un streaming en directo que retransmita la chirriante melodía del moho. "Puedo ir cogiendo diferentes formatos", concluye este creador, que define la obra como un "proyecto complejo" que podría pasar años desarrollando.

Si estás harto de acudir a discotecas para contemplar al DJ de siempre, Óscar Martín ha dejado todo el código a tu disposición bajo licencia copyfight para que puedas recrear esta instalación sonora. Tú también puedes hacer música con moho y cambiar la Ruta del Bakalao por la del Physarum polycephalum.

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