una hora de trabajo a cambio de una bebida

"Vete a trabajar a tu casa": los cafés empiezan a echar a los hipsters del portátil

Algunos locales han iniciado una guerra contra los llamados gorrones del wifi, hasta el punto de eliminar por completo el wifi de sus establecimientos

Foto: Vete a trabajar a tu casa: los cafés empiezan a echar a los hipsters del portátil

La escena es cada vez más frecuente. Los cafés de moda están llenándose de un perfil de usuario sobre el cual no parece haber acuerdo en el mundo de la hostelería. Algunos los llaman “los okupas del café” y responden a un perfil bastante generalizado: hipsters con el rostro iluminado por las pantallas de sus iPads o portátiles, y que se pasan horas ocupando una mesa al fresquito de la climatización del local y disfrutando de su música, y por descontado, de su ancho de banda. ¿Es rentable este tipo de usuario?

En Estados Unidos es un debate candente en el que algunos propietarios han optado por cerrar el grifo por completo eliminando la red inalámbrica, una decisión excesivamente radical con la que a buen seguro que perderán clientes. Pero otros propietarios han comenzado a optar por atacar el problema de raíz y sin cortarse un pelo se han dispuesto a expulsar a los usuarios que se pasan toda la mañana con un cortado disfrutando del wifi y ocupando una mesa.

Hagamos números. Poco más de un euro es todo el peaje que tienen que pagar algunos para disfrutar, como mínimo, de una buena hora de trabajo. En pleno 2015 nos cuesta pensar que un establecimiento hotelero no cuente con una red inalámbrica al servicio de los clientes, pero… ¿cuál es el límite? Es precisamente esa fina barrera la que separa la cortesía rentable para el negocio del gorrón la que emborrona el planteamiento. Es como si uno deja el bote de los caramelos en recepción y llega un cliente y se lleva todos con el puño cerrado. “Pero… ¿no son gratis?”. Sí y no. Un conocido café ubicado en Washington ha optado por coger el toro por los cuernos con un planteamiento transparente: ¿has terminado tu café? Pues a tu casa.

Wifi razonable y adiós a los abusos

Mark Fustenberg, propietario de Bread Furst, un conocido café ubicado en Washington DC, se hartó de la descarada ocupación de las mesas de lo que él entendía como "gorrones del wifi". Un café les daba para toda la mañana mientras observaba como grupos de clientes hambrientos asomaban por la puerta, veían las mesas ocupadas y enfilaban hacia otro sitio. El Washington Post recoge con crudeza la nueva estrategia de la dirección del local hacia este tipo de clientela. Ya conoce uno la extraña incomodidad e indefensión que se siente cuando se ha terminado el café y el camarero lo retira de la mesa y le deja sentado sin ninguna excusa en una superficie impoluta. Pues bien, este propietario ha ido más lejos indicando a los okupas la puerta de salida en cuanto han terminado su consumición. Tal cual.

Mike Elgan es un conocido y veterano blogger que ha denunciado públicamente esta nueva caza de brujas contra los 'hipsters' del portátil

¿Se imagina alguien al camarero de nuestro bar de toda la vida señalándonos la salida del local? Sería una ofensa que, desde luego, pagaría cara. Pero al dueño de este negocio no se le han caído los anillos a la hora de apuntar con el dedo acusador a los que más morro le echan al asunto. “Lo siento, pero aquí no puedes venir a trabajar”, espeta sin miramientos mientras pasa el trapo debajo del portátil en una clara invitación a abandonar el local. “Pero… ¿y el café que me he tomado?”, responde el aludido con sorpresa. “Espero que te haya gustado, pero hay otros clientes que quieren ocupar esta mesa”. A morro, morro y medio. Y al cliente no le queda otra que irse con la música a otra parte. La medida tiene sentido, pero realmente, no del todo.

Mike Elgan es un conocido y veterano blogger que ha denunciado públicamente esta nueva caza de brujas contra los hipsters del portátil. A su argumentación, no le falta lógica: grandes empresas basan su modelo de negocio en este ambiente relajado de conversación y portátil, y nos referimos, entre otras, a Starbucks. A estas alturas, nadie se atreve a toser las cifras de este coloso de la hostelería, pero el periodista, que se reconoce a sí mismo como un okupa del wifi, pone otros argumentos sobre la mesa: ¿no han sido siempre los cafés una cuna para la creatividad para cientos de escritores?

Elgan no está solo en este alegato: James Kendrick, otra figura relevante del mundo de la tecnología, explica abiertamente por qué trabaja a diario desde cafés, y como él mismo explica, “no es por el wifi”. El sonido de fondo y el ir y venir de clientes despiertan algo en nuestra psique que abre la caja de los truenos de la creatividad. Y eso no tiene precio ¿o sí?

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