mediante un proceso legal pero arriesgado

Este muchacho y su sistema para ahorrar en el billete son la pesadilla de las aerolíneas

Skiplagged es una plataforma que aprovecha las molestas escalas para ahorrar en los viajes. El truco puede suponer ahorros de hasta 180 euros y cuenta ya con más de 200.000 usuarios

Foto: Aktarer Zaman, creador de Skiplagged
Aktarer Zaman, creador de Skiplagged

¿A quién no le gustaría ahorrarse casi 200 euros en un billete de avión? Páginas como Skyscanner permiten averiguar cuándo es el mejor momento para viajar o incluso, si no nos importa el destino, que trayecto resulta más barato. Pero existen tácticas más turbias, que aprovechan resquicios legales con el objetivo de ahorrar un pellizco. Un joven neoyorquino de 22 años convirtió una de estas estrategias en una plataforma web para facilitar las búsqueda al usuario. Y entonces las aerolíneas desenterraron el hacha de guerra.

Aktarer Zaman fundó Skiplagged en 2014 con la idea de convertir las molestas escalas en los aeropuertos en una forma de ahorro. El método de la ciudad oculta, como se conoce en inglés, no es nuevo: los precios de los vuelos no dependen en exclusiva de la distancia recorrida, por lo que suele darse el (irónico) caso de que viajar de Madrid a Estambul con escala en París sea más barato que hacerlo sólo hasta la capital francesa. Algunos usuarios ya utilizaban esta técnica y el joven ingeniero lo que hizo fue facilitar la búsqueda mediante una plataforma online.

Skiplagged encuentra un viaje donde la escala es el destino deseado, por lo que el usuario debe bajarse y 'perder' el siguiente avión

En eso consiste Skiplagged: en vez de buscar un vuelo directo hasta nuestro destino, encuentra un viaje que haga escala en el lugar deseado, donde el viajero se baja y se olvida de subir al siguiente avión. Este método, según asegura Zaman, puede suponer un ahorro de más de 200 euros, y ya ha atraído a más de 200.000 usuarios. Las ofertas se dan sobre todo en vuelos transatlánticos con ahorros que pueden alcanzar el 65%, una cantidad nada despreciable para viajes tan caros. Y por supuesto, es posible buscar trayectos normales como en cualquier otra plataforma similar.

Este truco no es ilegal, pero dista mucho de ser aceptado por las aerolíneas. Los motivos son evidentes: quedarse en la ciudad de la escala supone dejar vacío un asiento al destino final. Esto implica una pérdida económica para la empresa, que podría vender ese billete a otro pasajero. También afecta a futuros clientes que no podrían viajar porque el avión está lleno, aunque luego viaje medio vacío.

Por estos motivos las aerolíneas se lanzaron a la yugular del joven Zaman, a pesar de que su plataforma ni siquiera ofrece la posibilidad de comprar vuelos. Simplemente informa de qué viaje contratar con qué compañía hasta dónde, y luego el usuario se busca la vida. Esto no impidió que Orbitz y United Airlines le demandaran por inferferir de forma “intencional y maliciosa” en los negocios de la industria, lo que podría causar problemas “logísticos y de seguridad” para las compañías y sus clientes.

Zaman no se lo pensó dos veces y contraatacó con una campaña de crowdfunding para poder pagar la ayuda legal necesaria. Consiguió más de 70.000 euros gracias a ella, aunque al final no los necesitará (al menos de momento): la denuncia se puso en Chicago, pero Skiplagged está en Nueva York, por lo que el juez desestimó el caso el mes pasado. El propio joven admite, no obstante, que “puesto que las razones son técnicas, no hay motivo por el que no puedan volver a intentarlo”.

Un sistema no exento de riesgos

El método de la ciudad oculta puede ser útil de forma puntual, pero no es la panacea. De hecho plantea una serie de riesgos a tener en cuenta. De hecho, algunos expertos consideran que estos peligros sobrepasan ampliamente cualquier ahorro, aunque lo mismo podría decirse de viajar en un coche de Uber o dormir en la casa de un extraño.

El sistema plantea una serie de riesgos que el usuario debe tener en cuenta desde el primer momento

En primer lugar, la mayoría de aerolíneas tienen una política clara al respecto: si fallas un vuelo se cancela el resto del viaje. En otras palabras, pierdes la vuelta a casa. La solución pasa por comprar dos viajes a ciudades ocultas por separado, pero como los billetes de sólo ida son más caros el ahorro final puede llegar a esfumarse.

Tampoco es posible facturar equipaje alguno, ya que este va directamente al destino final y no es posible recogerlo a mitad de camino. Además, al comprar el billete la compañía se compromete a llevarte de A a C, pero no a que la escala B se mantenga: en ocasiones el punto intermedio puede cambiar por las condiciones meteorológicas (en un 2,5% de los casos) y el usuario acabaría en otra ciudad.

Por último, como ya hemos dicho, las aerolíneas no toleran este comportamiento aunque no sea ilegal, y no piensan facilitarlo. El viajero se arriesga a que la empresa le cancele su tarjeta de fidelidad con todos los puntos que tenga. Y si alguien se atreve a intentarlo es mejor que lo haga con la máxima discreción.

Skiplagged y su apuesta por las ciudades ocultas no es ilegal, pero buscar vuelos de esta forma puede acabar mal para el viajero si no tiene cuidado. Valga la pena o no, la innovación de Zaman le ha valido la enemistad del sector de una forma que recuerda a Uber. Quizá la cosa termine con la extinción de la plataforma por la vía judicial, pero no puede decirse que el joven neoyorquino no lo haya intentado.

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