el ave de sudamérica ha invadido toda españa

Son ruidosas y desplazan a la fauna local: ¿deberíamos empezar a sacrificar cotorras?

Llegaron a España como mascota, pero en los 80 algunos ejemplares alcanzaron la libertad y se adaptaron a su nuevo entorno. Ahora son una plaga que está desplazando a las especies autóctonas

Foto: Son ruidosas y desplazan a la fauna local: ¿deberíamos empezar a sacrificar cotorras?

Se trata de una pregunta dura, y sin embargo es pertinente cuando se trata de hacer frente a una especie invasora que se reproduce con enorme facilidad y que está causando un preocupante desequilibrio ecológico en su hábitat. ¿Deberían las autoridades poner en marcha un plan de control de la población de cotorras argentinas que incluya el sacrificio de estas aves?

Las cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) son pájaros más bien pequeños, de color verde brillante, pico amarillo y pecho gris. Se pusieron de moda en los 70 como una divertida mascota gracias a sus vivos colores y su cháchara incesante, fácil de cuidar para cualquiera. Se traían de Sudamérica y se vendían a decenas. Pero en algún momento, algunos de sus dueños consideraron que no eran tan buenas mascotas al fin y al cabo: son tremendamente escandalosas, con un canto estridente y prácticamente ininterrumpido, y se revuelve ante los intentos de contacto. Nada de suaves trinos y carantoñas encaramadas al dedo de su dueño.

Así que alguna gente se cansó de tenerla en casa. O bien escaparon o bien fueron liberadas. Nada más bonito que un ave volando libre, claro que si el ave está considerada una de las especies más invasoras del planeta, la bella estampa no tarda en convertirse en un complejo problema medioambiental. Las cotorras argentinas pasaron 10 o 15 años con una presencia muy discreta en nuestro país, adaptándose al entorno, y de pronto en los 90 vivieron una explosión de población. Cientos de miles aparecieron y anidaron en las ciudades, trayendo de cabeza a los vecinos con su trino.

Pero el problema de las cotorras en España, como en muchos otros países de Europa, no es solamente las molestias que causan, sino que como especie invasora está acaparando los recursos de su ecosistema y desplazando a las especies autóctonas, sobre todo aves urbanas como los gorriones o las palomas. Les roba la comida y los mejores sitios para anidar, disminuyendo su éxito para alimentarse y reproducirse.

La cotorra argentina construye un nido grande y pesado que pone en peligro algunas infraestructura
La cotorra argentina construye un nido grande y pesado que pone en peligro algunas infraestructura

Cuando llegan al campo, su impacto es aún más dañino, ya que por un lado son una plaga agrícola que daña los cultivos y por otro, sus grandes y pesados nidos pueden causar daños cuando son construidos en una torre eléctrica.

La proliferación de cotorras argentinas en España ha continuado sin encontrar ningún obstáculo hasta el día de hoy, a pesar de las advertencias de las organizaciones ecologistas, que advertían de que el problema sería más difícil de resolver cuanto más tiempo se dejase correr.

El primer paso: censar las cotorras

Sin embargo, la primera medida por parte de las administraciones no llegó hasta 2013, cuando el Gobierno, a remolque de una directiva europea, aprobó un Real Decreto con el que regulaba el catálogo español de especies invasoras, en el que se incluía la cotorra argentina. Además de prohibir su importación y su compra (los que tengan una de ellas como mascota desde antes de la aprobación de la ley tendrán que pedir un permiso, y en ningún caso podrán adquirir otro ejemplar), esto dio un marco legal para poner en marcha iniciativas con las que frenar la plaga, que según la Ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, aprobada en 2007, eran competencia de las comunidades autónomas. “A pesar de ello, prácticamente ninguna comunidad dispone de un programa de seguimiento de estas especies o de un censo autonómico completo”, explica Juan Carlos del Moral, coordinador del área de seguimiento de avifauna de SEO BirdLife, Sociedad Española de Ornitología.

Es decir, que nadie sabe exactamente cuántas cotorras argentinas hay en España ni dónde están. SEO decidió entonces tomar la iniciativa y en marzo de este año puso en marcha el primer censo nacional de cotorras (tanto argentinas como de Kramer, otra especie invasora aunque menos abundante) realizado con ayuda de hasta 3.000 voluntarios con la idea de contar y localizar las poblaciones de este ave en nuestro país. Además, han lanzado la etiqueta #AquiCotorra en Twitter para que los usuarios avisen de dónde han visto uno de estos pájaros, de forma que ninguna población quede fuera del censo. 

El trabajo, que esperan tener completado para entregarlo a las administraciones en otoño, no está resultando demasiado complicado, cuentan, ya que son aves que se encuentran en las ciudades, a la vista y son ruidosas. Dividieron el territorio en cuadrantes y sus voluntarios, después de recibir una breve formación en la materia, se encargan de apuntar dónde hay colonias, qué árboles ocupan, cuántos nidos hay, cuántas cámaras tiene cada uno (“imagina un nido como una urbanización de adosados, y las cámaras como la casa de cada pareja”) y cuántas aves acuden a cada cámara.

¿Qué hacer ahora?

Aquí terminará su tarea, y las medidas a tomar a continuación son competencia de de las comunidades autónomas. La idea es controlar la población y reducirla, lo que podría requerir el sacrificio de cientos de pájaros. Es una medida que se toma frente a otras especies, como los conejos que dañan los cultivos, dando a los cazadores permiso para matar un número determinado de ejemplares durante un periodo de tiempo limitado. En el caso de las aves en entornos urbanos, algunas ciudades han intentado la caza con redes o el uso de rapaces. 

En el caso de las aves en entornos urbanos, algunas ciudades han intentado la caza con redes o el uso de rapacesEstas medidas tienen sin embargo algunos inconvenientes. Por un lado, se trata de decisiones polémicas que se encuentran con la oposición frontal de muchos grupos animalistas). Por otro, son caros y no siempre son eficientes: en 1995, Sevilla comenzó ua campaña de control de la población de palomas utilizando la captura con redes. En cinco años invirtió 25 millones de pesetas y sacrificó unos 40.000 ejemplares, pero la población no disminuyó, debido al rápido ciclo de reproducción que tienen estas aves.

Pero hay otras opciones que quizá sean más adecuadas en este caso, y una de ellas es optar por el control de la natalidad administrándoles piensos anticonceptivos, de forma que la fecundación se inhibe, las aves incuban huevos de los que no nacen pollos y los individuos que mueren por edad, enfermedad o accidente no son reemplazados por otros nuevos. Es un sistema que se comenzó a aplicar en los años 70 en la ciudad suiza de Ginebra para controlar y reducir la población de palomas, y que consiguió reducir sus números de 40.000 a 15.000 en siete años. En la actualidad, Ginebra tiene aproximadamente 5.000 palomas. 

Es posible que se pudiese aplicar esta misma medida con las cotorras argentinas, de forma que en unos cuantos años su población se redujese hasta un punto más sencillo de manejar, e incluso de retirar por fin esta especie invasora.

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