El jubilado navarro que se fue a Benín para potabilizar el agua con energía solar
  1. Tecnología
desarrolló un sistema a base de ozono

El jubilado navarro que se fue a Benín para potabilizar el agua con energía solar

El sistema utiliza paneles solares para desinfectar con ozono el líquido. Aunque está instalado en seis países, su creador no pudo continuar trabajando en él por la falta de apoyo económico

Foto: El jubilado navarro que se fue a Benín para potabilizar el agua con energía solar
El jubilado navarro que se fue a Benín para potabilizar el agua con energía solar

Un pueblo de unos 3.000 habitantes en Benín (África) disfruta desde hace siete años de agua potable, gracias a una tecnología que limpia pozos y ríos contaminados mediante energías renovables. Este mismo sistema se utiliza en otras poblaciones de Etiopía, Senegal, Guinea Bissau, El Salvador y Colombia. Y aunque el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) recientemente desarrolló un sistema muy similar, se trata de una idea anterior y cien por cien española.

Todo comenzó como un proyecto de varios profesores del Centro de Referencia Nacional en Energías Renovables y Eficiencia Energética (Cenifer) de Navarra. “En 2008 hicimos una maqueta educativa para los alumnos, pero varias ONG mostraron interés”, explica a Teknautas Vicente Aldasoro. Este ingeniero químico ya jubilado, que desarrolló la potabilizadora mientras trabajaba en dicho instituto, se pone en contacto con nosotros tras leer el artículo sobre la tecnología del MIT.

La tecnología funciona gracias a paneles fotovoltaicos que alimentan una bomba. Esta hace que el agua pase por unos filtros donde se elimina cualquier sólido en dilución y por último es desinfectada con ozono. De esta forma se puede potabilizar el agua de pozos, ríos y estanques de forma rápida: “Lo presentamos en una feria y la gente alucinó de lo sencillo que era, con poco mantenimiento, pocos repuestos fáciles de cambiar, seguro y efectivo”, añade el experto en desinfección. Una propuesta ecológica que no requiere de productos químicos más tóxicos como el cloro.

Aldasoro se ofreció enseguida cuando la ONG Energía sin fronteras le preguntó si podrían ponerlo en un pueblo rural de Benín, de unos 3.000 habitantes, que ni siquiera tiene luz. El ingeniero se encargó de los cálculos y el diseño necesarios para potabilizar unos 15.000 litros de agua diarios, y se desplazó hasta allí para la instalación junto con otro compañero. “Calculamos unos 50 litros por persona y día, para que además de beber pudieran preparar biberones, cocinar y lavar a los niños pequeños”, aclara.

El ingeniero asegura que funcionó perfectamente, y que sigue haciéndolo siete años después. También recuerda que en los primeros días “la gente protestaba porque el agua no sabía a nada. Tardaron un poco en convencerles de que era algo normal”. Tras el éxito de Benín, se instalaron dispositivos similares en Senegal, Guinea Bissau, El Salvador y Colombia.

Una característica importante de la tecnología, obligatoria para su instalación en países en vías de desarrollo, es que es fácil de mantener. Según Aldasoro tan sólo hay que cambiar el compresor del equipo de desinfección cada cuatro o cinco años, del que ellos mismos llevaron el recambio, y las baterías cada siete.

En cuanto a la desinfección por ozono, presenta varias ventajas frente al clásico cloro. Aldasoro explica que es más seguro de utilizar, hasta 3.000 veces más potente y, aunque un error provoque un exceso en la dosis, puede beberse sin problema. Esta mayor efectividad lo convierte en la mejor opción para países calurosos de África, donde los microorganismos crecen con mucha mayor facilidad.

Para demostrar que el sistema funcionaba, se utilizó agua de pozo contaminada que se contaminó todavía más con bacterias fecales (E. coli). “Después de diez minutos de funcionamiento no quedaba ni una”, comenta el ingeniero sobre los análisis bacteriológicos posteriores. La superioridad del ozono frente al cloro había sido comprobada.

Empieza la crisis, se acaban las ayudas

Aunque la bomba fotovoltaica está instalada (y funcionando) en seis países, por desgracia la crisis impidió que el proyecto evolucionara y pudiera ayudar a más gente. Aldasoro explica que al año siguiente, en 2009, quiso aprovechar la tecnología para hacer un sistema muy similar que aprovechara la ósmosis inversa o la electrodiálisis para desalinizar agua de mar.

Los paneles solares alimentan una bomba que hace que el agua pase por unos filtros donde se eliminan los sólidos y por último es desinfectada con ozono

“Las dos terceras partes ya estaban, porque el bombeo y la energía podían adaptarse del sistema anterior”, asegura el ingeniero, “pero empezó la crisis, y aunque era el proyecto más barato no hubo dinero. Al final me jubilé y ahí se quedó”. Precisamente por este motivo Educación no podía darle ninguna subvención, al no trabajar ya en el Cenifer.

Aldasoro se lamenta de que la nueva tecnología no haya podido convertirse en realidad: “Esto lo tendríamos que haber hecho aquí en España, en Navarra, y luego regalarlo a las ONG”. Por ese motivo la tecnología está liberada: “No quería patentar nada, al jubilarme pensé que quien lo quiera que lo coja, y si se hace millonario no importa mientras lo use. Yo no tengo necesidad de dinero”.

A pesar de que la bomba desalinizadora quedó inconclusa y Aldasoro se jubiló, todavía sigue trabajando con varias ONG como Sodepaz en proyectos de colaboración internacional con energías renovables. En los últimos años ha viajado a países como El Salvador y Santo Domingo para llevar la innovación tecnológica a tierras más necesitadas, y recuerda con cariño la hospitalidad y voluntad de ayudar que tiene la gente de dichos países.

Electrificación rural, bombeo para agricultura, depuración de agua… son algunos de los proyectos en los que Aldasoro está involucrado. Como suele decirse, se trata de enseñar a pescar, y el ingeniero explicó cómo montar paneles fotovoltaicos a trece familias de El Salvador que vivían sin luz en la falda del volcán San Vicente. “Lo montaron ellos mismos, y cuando una anciana que no había visto nunca la luz encendió el interruptor se puso a llorar”.

A día de hoy, la maqueta educativa con la que empezó todo sigue en el Cenifer para usarse con fines educativos, y todavía funciona. “Esto es lo que yo quería hacer”, lamenta Aldasoro al ver que la tecnología desarrollada por el MIT ha ganado un premio de 140.000 dólares. Le queda el consuelo de que su primera idea ha podido mejorar la vida de miles de personas alrededor del mundo.

Tecnología Energías renovables Agua Mundo sostenible
El redactor recomienda