Fidel echevarría, biólogo y oceanógrafo

"En la expedición Malaspina cambiábamos la hora cada dos días"

Este proyecto español ha sido un hito dentro de la investigación mundial de los océanos. Sus descubrimientos hasta hoy sólo suponen un 20% de todo lo que desvelarán en los próximos años

Foto: En la expedición Malaspina cambiábamos la hora cada dos días

El 30 de julio de 1789 partía la expedición científica Malaspina, un viaje científico alrededor del mundo y la primera piedra sobre la que el desconocidísimo científico Odón de Buen fundaría un siglo más tarde la oceanografía española. Fidel Echevarría (Melilla, 1963) es heredero de todo ese trabajo y a la vez pionero, pues fue uno de los investigadores que participó en la segunda expedición Malaspina que tuvo lugar en 2010.

Echevarría nos recibe tras su ponencia en el evento También somos ciencia e investigación que organizó la Asociación Amigos Marca España. Y es que este proyecto, como tantos otros, es un ejemplo de marca científica española. No en vano, 30 centros de investigación españoles cooperaron junto a 25 instituciones extranjeras para llevarlo a cabo con 300 científicos. “Supongo que querrás hablar de Malaspina”, asegura algo resignado el biólogo, que se lamenta de que últimamente está más ocupado con gestiones que con el trabajo de campo.

La mayor parte de la carrera investigadora de este oceanógrafo se ha limitado al estrecho de Gibraltar, donde estudia a pequeña escala fenómenos como las corrientes y el plancton. Según Echevarría, una zona pequeña pero con un dinamismo “extraordinario” donde tienen lugar muchos procesos relevantes. Hasta el punto de que esa diminuta proporción del océano "influye en el clima del resto del planeta". Quizá por eso quiso verlo con sus propios ojos y en 2010 hizo las maletas para subirse a bordo del Hespérides en un viaje alrededor del mundo.

Pregunta: ¿Cómo es el cambio de trabajar en Gibraltar a dar la vuelta al mundo?

Respuesta: Yo hice el segundo tramo entre Río de Janeiro (Brasil) y Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Tiene un componente de aventura tremenda y fue apasionante. Ahora los investigadores en ciencias marinas nos conocemos y tenemos muy buena relación, aunque también es verdad que no somos muchos. Lo bueno de la oceanografía es que permite la interacción intensa con otros científicos debido a la convivencia en un espacio físico tan pequeño como es el barco.

P.: Sin embargo, un artículo reciente en el que se te citaba aseguraba que la expedición Malaspina viajaba a la deriva, ¿dirías que ha fracasado?

R.: Me enfadé un poco al leerlo porque no es verdad, y hay muchos estudiantes que han hecho sus tesis aquí. En absoluto se puede decir que haya naufragado el proyecto, creo que ha sido exitoso y un hito para la oceanografía española. Ha generado resultados de gran excelencia y todavía queda mucho por venir, porque tenemos 60 trabajos publicados y hemos calculado que eso es el 20% del total.

P.: El mismo artículo defendía que los estudiantes que fueron con vosotros ahora pasaban por una situación difícil

R.: Es verdad que lo van a tener un poco más complicado que en otros años, pero no se puede pretender que se les contrate de hoy a mañana cuando muchos todavía no han defendido la tesis debido a su complejidad. Hay muchas oportunidades que tienen que buscar, ahora acabarán las tesis y se irán fuera.

P.: ¿Y volverán?

R.: Hay que conseguir recuperar a un porcentaje sustancial de ellos. Porque de lo contrario el esfuerzo de estos chavales que han hecho un trabajo extraordinario habrá sido un desperdicio. Pero sí es cierto que hay dificultades para jóvenes y mayores y hay una fuga de cerebros. El propio Duarte, coordinador de la expedición, ya no está en España. Y no es el único.

P.: Uno de los objetivos del proyecto era la divulgación, que llevasteis a cabo con cómics y documentales. ¿Es más fácil comunicar esta ciencia aventurera en comparación con otros campos?

R.: Ese componente de aventura lo hace atractivo, pero también es un peligro porque la gente ve el proyecto como si hiciéramos la ruta Quetzal. En un programa de televisión incluso me presentaron diciendo “ahora nos vamos de crucero”. Es inevitable y nuestra obligación es aportar un punto de vista serio a la investigación, porque no hemos ido a pasear por el mar, sino a trabajar en un proyecto con objetivos científicos muy exigentes. Lo bueno es que Malaspina ha conseguido popularizar la oceanografía, que suele ser difícil de comunicar a pesar de que permite descubrir una parte desconocida de nuestro planeta.

P.: Sospecho que no tuvo mucho de crucero

R.: El trabajo era tremendo. Comenzábamos a las cuatro y media de la madrugada, estábamos parados 12 horas haciendo operaciones y las otras 12 horas navegando. Y durante parte de ese tiempo de viaje procesábamos las muestras. Era agotador. Pero también eran 24 horas de inmersión en un ambiente de mucha comunicación científica en un entorno fantástico como es el Atlántico sur, una experiencia inolvidable.

P.: ¿No dormíais?

R.: Lo gracioso es que desde Río de Janeiro estuvimos viajando hacia el este todo el tiempo, y eso significa que le ibamos comiendo horas al día, por lo que nuestros días eran más cortos. Casi cada dos días había que cambiar el reloj. Perdíamos una hora más o menos cada semana. Y todo eso que le ganamos al reloj se devolvió cuando pasamos en el Pacífico el meridiano de cambio de día y ahí tuvimos un día que se repitió dos veces, a consecuencia de ir navegando como Willy Fog. Incluso tuvimos problemas en las anotaciones de las muestras porque algunas se habían recogido dos veces en el mismo día.

P.: Recuerda al final de 'La vuelta al mundo en 80 días', pero también a la película 'Atrapado en el tiempo'

R.: Es curioso que lo menciones porque también hicimos una cápsula del tiempo. Hemos hecho una colección Malaspina con muestras que pretendemos mantener sin estudiar entre 15 y 25 años para hacerlo con una mejor tecnología y que sirvan de ejemplo de lo que había en el océano en el 2010, con el objetivo de que esto se pueda repetir en el futuro.

P.: ¿Debería repetirse un proyecto así en el futuro?

R.: La expedición Malaspina tendrá sentido cuando se pueda repetir y nos sirva para ver cómo es el estado del océano. No anualmente porque es imposible, pero en 10 años, para 2020. Ahí ganará más peso este material que hemos recogido y se verá cómo cambia el océano. A lo mejor habría que elevar la escala porque es muy costoso para España y hacerlo a nivel europeo

P.: ¿Y hoy en día podría repetirse la expedición Malaspina en España?

R.: Imposible e impensable, y eso a pesar de que tenemos un programa a nivel nacional que financia investigaciones mucho más pequeñas, con campañas que duran entre veinte y treinta días. Malaspina fueron como ocho seguidas armonizadas en un único proyecto. Incluso amarrados en el puerto medíamos contaminantes en la atmósfera, así que fueron 7 meses aprovechados día a día.

P.: ¿Es cierto que ha viajado más gente a la Luna que al fondo de los océanos?

R.: El fondo del océano es un gran desconocido. Nosotros estudiamos la genómica de los microorganismos del océano profundo, que se encuentran a 4.000 metros. A esa profundidad la probabilidad de encontrar una nueva especie es altísima en comparación con los 200 metros a los que se suele trabajar.

P.: ¿Sólo estudiasteis el fondo del mar?

R.: También la superficie. Hemos publicado en PNAS un mapa de la distribución de microplásticos en el océano, un trabajo reciente que ha tenido muchísimo impacto. Hemos encontrado mucho plástico pero mucho menos de lo que se esperaba.

P.: ¿Y dónde está todo el plástico de los océanos?

R.: Ese es el problema, que tenemos indicios claros de que está entrando en la cadena trófica de los seres vivos. El plástico se fragmenta y cuando llega a un tamaño de milímetros es confundido con una pieza de alimento, los seres vivos lo consumen y lo llevan a zonas más profundas, ya que muchos de estos animales son migradores. Hay una entrada hacia el océano profundo que tenemos que estudiar mejor.

P.: Entonces, ¿una gran parte del plástico no se ve?

R.: La gente piensa en una especie de islas de plástico en medio del óceano. En realidad está acumulado en los cinco grandes giros, zonas de convergencia donde la circulación marina los concentra. Pero no es que se genere una isla, de hecho nosotros lo muestreamos con una red tamiz que lo va concentrando. También aparecen bolsas de basura, pero la mayoría de lo que hay son de escala de milímetros que se agrupa como una malla en ciertas zonas.

P.: ¿Quiere decir esto que debido a su tamaño no representa un peligro?

R.: Todo ese plástico está provocando cambios importantes en la estructura de las comunidades biológicas del océano. Por ejemplo, es un soporte para muchas especies que se instalan encima. De esta forma, muchas especies en el océano que estaban concentradas en una parte pueden viajar en estos plásticos y convertirse en invasoras y modificar la comunidad de otros lugares. Piensa en las típicas imágenes de aves marinas que ingieren plástico y mueren con su sistema digestivo completamente obturado. Genera un impacto tremendo en el ecosistema con consecuencias no muy bien conocidas. A nivel europeo se ha incluido como un tema prioritario de investigación, y Malaspina ha sido bastante pionero en este aspecto.

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