un español mejora la vida de muchos pacientes

Óptica de telescopio espacial para revolucionar el manejo de las cataratas

Pablo Artal creó el grupo del Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia hace años. Desde entonces ha mejorado la vida de muchos pacientes oftalmológicos

Foto: Pablo Artal, en el Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia (LOUM)
Pablo Artal, en el Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia (LOUM)
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    Pablo Artal (Zaragoza, 1961) creó el grupo de investigación que dirige actualmente, el Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia (LOUM) hace ya 20 años. Antes había pasado por el CSIC tras hacer su posdoctorado en el Institut d'Optique de Orsay (Francia). Desde entonces, este catedrático que define su propio perfil como de “físico con un toque de ingeniería”, ha mejorado la vida de muchos pacientes oftalmológicos.

    Su último campo de batalla es uno de los trastornos más sencillos de tratar pero que, paradójicamente, sigue siendo una de las principales causas de ceguera en el mundo, sobre todo en los países más pobres. Las cataratas, que no son otra cosa que el proceso degenerativo que hace que cada una de las dos lentes del ojo, el cristalino, vaya haciéndose cada vez más opaca, se solucionan hoy en día con una cirugía muy simple y exitosa.

    Pero aún hay hueco para la innovación en este campo y así lo ha sabido ver el European Research Council (ERC), que ha otorgado a Artal y su equipo de una importante  financiación (más de dos millones de euros) para probar dos tesis. La primera: que se pueden utilizar instrumentos de óptica avanzada, similar a los utilizados en telescopios grandes, para ver a través de las cataratas y poder estudiar en pacientes ya afectados cómo está la retina.

    “Siempre hay un dilema, tanto en oftalmólogos como en pacientes, que es optar por operar las cataratas en pacientes en los que se supone que la retina está mal, por lo que no recuperarían demasiada visión y la operación podría no merecer la pena”, explica el físico zaragozano.

    Pablo Artal, en el Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia (LOUM)
    Pablo Artal, en el Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia (LOUM)

    La segunda aplicación de sus investigaciones que van a intentar desarrollar con la ayuda del ERC es el desarrollo de un posible prototipo, algo parecido a unas Google Glass para personas afectadas por cataratas en un paso previo a la mesa del quirófano. “No serían unas gafas estándar, más bien un concepto tipo optoelectrónico; en el primer mundo, serían para personas que empiezan a mostrar los primeros síntomas de cataratas, porque no es raro que pasen hasta diez años desde estos hasta la operación”, señala Artal, que añade que “podría haber unos intervalos de tiempo en los que las gafas ayudaran o lo hicieran para tareas concretas”.

    El experto reconoce que cualquier posible prototipo sería más costoso que la cirugía y que, además, es algo que en ningún caso pretende sustituir. Pero no puede evitar preguntarse por qué todavía hay millones de ciegos en el mundo por tener las cataratas sin quitar.

    Un prototipo que se puede abaratar

    “Quizás el prototipo, que se podría abaratar si hubiera mucha demanda, podría servir para lugares donde se carezca de la infraestructura necesaria para llevar a cabo la cirugía”, reflexiona.

    Artal conoce bien esta operación, una de las más comunes en el área de la oftalmología. “Con un pequeño corte de poco más de dos milímetros, se extrae el cristalino opaco y, por esa misma incisión, se incorpora una lente que lo sustituye”. Él mismo ha diseñado algunas de esas lentes. “Lo que hicimos fue fabricar lentes que copiaran al cristalino joven; era algo que no preocupaba mucho a los oftalmólogos porque los pacientes quedaban contentos con la operación, en la que pasaban de ver muy mal o no ver a hacerlo casi instantáneamente, era como abrir el telón”, apunta.

    El prototipo, que se podría abaratar si hubiera mucha demanda, podría servir para lugares donde se carezca de infraestructuraEl nuevo proyecto en el que está embarcado, el que financia con la ayuda del ERC, tiene un primer paso del que Artal habla ya entusiasmado. “Ya que la catarata es el enemigo a batir, necesitamos conocerla”. Por esta razón y en colaboración con el Hospital Virgen de la Arraixaca y su jefe del Servicio de Oftalmología, José María Marín, el también catedrático de la Universidad de Murcia lleva a cabo un interesante estudio.

    “Lo que me interesa saber es si en el desarrollo de las cataratas pesa más la componente genética o la ambiental. Para ello estamos midiendo la opacidad del cristalino de un grupo de gemelos y mellizos para poder responder a esta cuestión; se trata de ver cuándo comienzan en personas de distintas edades, cuando ni siquiera se sabe que ha comenzado el proceso”, comenta. Esta primera parte del proyecto la llevan a cabo con tecnologías de diagnóstico ya desarrolladas. “Pretendemos hacer como un mapa de opacidades del cristalino”, subraya.

    Pablo Artal, del Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia (LOUM)
    Pablo Artal, del Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia (LOUM)

    Pero Artal, que se define a sí mismo como una especie de “hombre orquesta” no está centrado solo en el proyecto del ERC que, reconoce, es algo arriesgado. “Al ERC le gustan las ideas un poco locas, aunque controladamente locas”, bromea. Además, desarrolla instrumentos ópticos y, de hecho, puso en marcha una spin off de la Universidad, Voptica, para desarrollar herramientas de diagnóstico.

    “Tenemos un instrumento único en el mundo del diagnóstico visual basado en las técnicas de óptica adaptativa, que son las que usan los telescopios para formar imágenes de las estrellas eliminando la distorsión de la atmósfera, lo que nosotros hemos trasladado al ojo”, apunta.

    El instrumento en cuestión que, reconoce, puede tardar en llegar a una práctica clínica “a veces conservadora”, sustituiría al horóptero, lo que se utiliza para medir los problemas de visión. Su modelo consta de lentes electroópticas de cristal líquido y de un pequeño láser que ilumina el ojo y permite hacer mediciones objetivas. Además, el paciente puede no solo ver letras y números, sino también vídeo. “Es un cambio grande de paradigma”, concluye.

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