Amaya Moro-Martín, científica española en EEUU

"Todos saben que la ciencia es importante, menos los políticos"

Amaya Moro-Martín es astrofísica y emigrante. Desde enero trabaja en Baltimore, y es la tercera vez que se va de España porque aquí no puede vivir de su trabajo

Foto: Amaya Moro-Martín, científica española residente en EEUU.
Amaya Moro-Martín, científica española residente en EEUU.

Amaya Moro-Martín es astrofísica y emigrante. Utiliza el término popular "fuga de cerebros" para hablar de ella y de otros que están en su situación, pero la palabra "emigración" también está presente cuando charla con Teknautas desde Baltimore. Allí está el Space Telescope Science Institute, donde trabaja desde comienzos de este año. Cerca de cumplir los 40 años, esta es su tercera salida al extranjero para continuar con su carrera profesional. Pero no ha sido una salida voluntaria. Después de diez años en Estados Unidos, volvió a España con un contrato Ramón y Cajal. Cinco años después, con el compromiso incumplido (y como con ella, con muchos otros) por el Gobierno de convocar plazas de su especialidad, volvió a hacer las maletas y se marchó.

Moro-Martín es una de las firmantes de Han elegido la ignorancia, la carta abierta que un grupo de científicos europeos han publicado esta semana en Nature y en varios periódicos, en la que dan un enérgico tirón de orejas a los responsables de las políticas de investigación, tanto nacionales como comunitarios, por el árido desierto en el que están convirtiendo el sector a lo largo y ancho del continente. Asegura que la ciudadanía entiende la importancia de la ciencia, y apela también a ellos, pero los políticos sufren una grave miopía al respecto: "Se está desmantelando un sector que tiene mucho que aportar a la economía, sobre todo de los países que más están sufriendo la crisis".

Pero no se trata solo de una cuestión económica, sino de bienestar de la sociedad en su conjunto: "El SIDA, el cáncer, el ébola con el que ahora nos hemos topado... Son cuestiones que solo la investigación científica podrá resolver. Y no es solo por nosotros: hay países en vías de desarrollo que no pueden permitirse pagar la factura de la I+D. Nosotros sí, y tenemos la responsabilidad de hacerlo".

Una Europa a dos velocidades, también en ciencia

En toda Europa, aunque con matices dependiendo del país, los Gobiernos nacionales han tomado desde 2009 medidas que están provocando la destrucción del tejido investigador:

a) España ha reducido la inversión en I+D civil en un 40%, lo que ha resultado en recortes del 40% para la financiación de proyectos y del 30% en programas de recursos humanos. Menos del 10% de los investigadores que se retiran están siendo reemplazados y se están incumpliendo sistemáticamente los contratos tipo Ramón y Cajal.

b) Las universidades italianas han sufrido un recorte en su financiación del 20%, lo que ha resultado en una reducción del 90% en nuevas plazas y de un 100% en financiación a proyectos de investigación básica. Un 40% de los cursos de doctorado han desaparecido.

c) Francia ha reducido el número de nuevas plazas en centros de investigación un 25%, y en las universidades un 20%. Menos de un 10% de las peticiones de financiación para proyectos están recibiendo respuesta positiva, porque los institutos cada vez disponen de menos fondos que ofrecer a los investigadores.

d) En Grecia se ha reducido el presupuesto para centros de investigación y universidades en un 50% desde 2011, y la contratación de nuevos investigadores está congelada.

e) En ese mismo periodo, en Portugal, las universidades y centros de investigación han sufrido un recorte del 50% en su financiación, el número de becas de doctorado se ha reducido en un 40% y el de plazas posdoctorales en un 65%, además de ver amenazadas la mitad de sus unidades de investigación.

f) Incluso Alemania, en principio un país con menos estrecheces que los anteriores, está fomentando una política de contrataciones temporales que está dejando a muchos investigadores con un futuro laboral incierto.

Los recortes se están aplicando a nivel continental, pero lo cierto es que también en lo que se refiere a la investigación hay una Europa a dos velocidades: norte y sur presentan una brecha que no hace más que crecer y crecer. "Esto es malo para todos, porque nosotros nos vamos quedando atrás, pero puesto que somos una comunidad, eso significa que los países del norte tienen que llevarnos a remolque".

Los políticos no tienen visión a largo plazo

El problema, explica Moro-Martín, es la falta de visión a largo plazo. "La ciencia es como la agricultura: primero plantas, y luego tienes que regar y cuidar la huerta hasta que esté lista para recoger los frutos. No sirven de nada las prisas, y no puedes acomodar las cosechas al ritmo que tú quieres. Con la investigación pasa igual, y aquí lo que estamos haciendo es directamente comernos las semillas". La clase política, preocupada por los resultados económicos de cada ejercicio y cuyo más largo plazo son las citas electorales cada cuatro años, no tiene paciencia o visión para entender la importancia de la inversión constante y sostenida en ciencia.

Una inversión que, igual que en la agricultura, tendría que ser variada, tanto en ciencia básica como en aplicada y tanto en grandes centros de excelencia como en grupos pequeños. La investigación también avanza sobre los resultados fallidos, y apostar sólo por los proyectos de grupos consolidados es dejar yermo el terreno de base, de donde podrían surgir en el futuro nuevas líneas de investigación puntera.

Las universidades son especialmente importantes en el panorama científico: no sólo por su calidad científica, sino por su papel de formación de los futuros científicos. ¿Quién trabajará en los laboratorios más excelentes en el futuro o en las empresas y organismos privados a los que se pide que realicen el grueso de la inversión si no recibe una buena base práctica durante su educación? "Las universidades facilitan la igualdad de oportunidades para todos, su papel en esencial". 

En un Estado innovador como los Estados Unidos, más de la mitad de su crecimiento económico se debe a la innovación arraigada en la investigación básica financiada por el gobierno federal

Una inversión que no hace sombra en cuanto a la cantidad si la comparamos con otras partidas presupuestarias. El objetivo de la Estrategia de Lisboa es alcanzar el 3% del PIB para I+D, pero España de momento no llega ni al 1,5%, y hasta ahora vamos a la baja. Se trata de un porcentaje más que razonable si tenemos en cuenta que, bien aprovechada esa inversión, su rendimiento es considerable. "En un Estado innovador como los Estados Unidos, más de la mitad de su crecimiento económico se debe a la innovación arraigada en la investigación básica financiada por el gobierno federal", escriben los firmantes de la carta.

La UE tiene que 'apretar' a los Gobiernos

Para conseguirlo, y especialmente en España, sería deseable que la voz de los científicos fuese escuchada a la hora de planificar la inversión en I+D, algo que tristemente no está ocurriendo. En Alemania existe un consejo científico asesor, cuyos miembros son elegidos mayoritariamente por la comunidad científica y en menos parte por los partidos políticos, que, si bien no tiene poder ejecutivo, es consultado y escuchado a la hora de tomar estas decisiones. En España, señala Moro-Martín, pidieron reunirse con el ministro de Economía Luis de Guindos o con la secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación Carmen Vela para entregarles una carta con una serie de peticiones y nadie quiso recibirles. Como señal de protesta terminaron dejando la carta pegada a la verja exterior del ministerio.

Otras veces, como cuando recomendó aumentar la edad de jubilación o la modificación de la Constitución para imponer un techo al déficit, el efecto fue inmediato. La UE sabe cómo 'apretar' cuando quiere

Planteamos a la investigadora una situación hipotética: si lograse que de Guindos y los responsables de la Unión Europea les recibiesen hoy mismo, ¿qué medidas recomendaría como las más inmediatas a tomar para reconducir la situación? No es una pregunta fácil, pero tiene varias ideas, enfocadas a que la UE convenza a los estados para aumentar su inversión en I+D. "La UE ha criticado los recortes en investigación en España, con un efecto nulo sobre el Gobierno. Pero otras veces, como cuando recomendó aumentar la edad de jubilación o la modificación de la Constitución para imponer un techo al déficit, el efecto fue inmediato. La UE sabe cómo apretar cuando quiere". 

Como políticas a implementar, propone que la inversión pública en investigación no se tenga en cuenta en el cálculo del déficit presupuestario nacional; o que si un Estado aumenta su inversión nacional en I+D en una cantidad, su contribución global se reduzca; o utilizar los fondos estructurales para mantener los recursos humanos durante la crisis. "Todas estas medidas tendrían que venir de la mano de reformas que aseguren que los sistemas de I+D son transparentes y rinden cuentas a la UE".

Algo en lo que, reconoce, no tiene muchas esperanzas. Jean-Claude Juncker, presidente electo de la Comisión Europea, ha remitido una carta abierta a Carlos Moedas, propuesto para el cargo de comisario de Investigación, Ciencia e Innovación, en la que no hace mención ninguna a la cuestión de los recortes en la inversión pública y la consecuente fuga de cerebros, de forma que parece claro que no será una prioridad para el próximo periodo. Tampoco Moedas tiene un perfil cercano a la investigación. Los científicos europeos tienen por delante una dura pelea para lograr ser escuchados.

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