su modelo 'prusa i3 hephestos' cuesta 499 euros

Bq aprovecha sus 'good times' para explorar la impresión 3D

Después de triunfar en el mercado con sus tabletas y 'smartphones' de bajo coste, la española Bq se ha metido de lleno en las impresoras 3D domésticas

Foto: La fábrica de impresoras 3D que tiene Bq en Pamplona
La fábrica de impresoras 3D que tiene Bq en Pamplona

Cuando Alberto Méndez, Ravin Dhalani, Antonio Quirós, David Béjar, Adán Muñoz, Iván Sánchez y Rodrigo del Prado empezaron a fabricar llaves USB y libros electrónicos de bajo coste, allá por 2010, ni en sus mejores sueños se pudieron imaginar que tendrían tan buena aceptación entre el público en aquel tiempo récord. Tampoco cuando se lanzaron al mercado de las tabletas y más tarde al de los smartphones. Ahora, esta compañía española factura millones de euros y lejos de contentarse ha abierto una nueva línea de negocio aún más arriesgada: las impresoras 3D domésticas.

El pasado 2013 Bq lanzó al mercado su primera impresora 3D Witbox. Una máquina compacta con un diseño totalmente cerrado, una puerta central con sistema de bloqueo, pantalla LCD retroiluminada, sistema de cambio rápido de hilo y lector de tarjetas SD que cuesta 1.690 euros. Pero fiel a su filosofía de acercar la tecnología a todo el mundo, esta joven empresa no paró hasta poner a disposición de sus clientes un modelo mucho más económico. El resultado fue Prusa i3 Hephestos. Una impresora que, esta vez sí, y en palabras de Juan González, responsable del área de impresión 3D de la compañía, "se puede comparar en cuanto al precio se refiere al capricho de comprarse la última videoconsola".

La impresora más popular de la comunidad RedRap cuesta 499 euros y tiene una peculiaridad: te la montas tú mismo. La caja viene con un kit explicativo que incluye todas las piezas necesarias, los manuales de montaje paso a paso y un soporte activo para cualquier duda. Exactamente igual que Ikea.

"Empezamos a fabricar impresoras 3D a finales de 2013. Antes montamos la fábrica en Pamplona y para diciembre sacamos las primeras Witbox. Son el equivalente a un microondas. Los sacas de la caja y están listos para imprimir. Pero llegados a ese punto decidimos dar un paso más allá y ser fieles a nuestra filosofía. Esto es, democratizar la tecnología", ha explicado a Teknautas Juan González.

"Fue entonces cuando decidimos ajustar los precios y lanzar la Prusa i3 Hephestos. Para ayudar a nuestros clientes contamos con un servicio de atención excelente. El objetivo es conseguir que cualquier persona, sin conocimientos, pueda imprimir productos desde su casa", ha añadido.

¿Un mundo preparado para la impresión 3D doméstica?

Desde que comenzó con las llaves USB esta compañía tecnológica española ha hecho su fortuna gracias principalmente a sus tabletas y sobre todo teléfonos inteligentes. En 2013 solo el negocio de estos dos dispositivos impulsó las ventas de Bq hasta los 115 millones de euros, frente a los 37,3 millones de 2012. Para que se hagan una idea de su crecimiento, su plantilla, que era de 101 empleados a finales de 2012, cuenta en la actualidad con 760 trabajadores, tiene una media de edad de 31 años y está conformada en un 30% por ingenieros.

Algunas de las impresoras 3D que fabrica Bq se utilizan para construir más impresoras 3D, lo que acelera el procesoLos resultados favorables han hecho que haya dado el salto de mero distribuidor a fabricante capaz de competir con los grandes que diseña en España y controla la producción de sus productos móviles -que son ensamblados en Shenzen-. ¿Cambiará esta tendencia si finalmente la sociedad muestra signos de no estar preparada para las impresoras 3D domésticas?

Juan González lo tiene claro: "Para montar esta nueva línea industrializada de producción hemos invertido cerca de medio millón de euros. Pero lo hemos hecho con nuestros propios recursos. Además, de momento el número de ventas está siendo bueno. Vendemos en más de 38 países el modelo Witbox y entre las dos impresoras calculamos que alcanzaremos las 6.000 unidades a final de año".

"Nos encontramos en un punto similar al de cuando surgieron las impresoras de toda la vida. La gente empezó a conocerlas en las oficinas pero en casa nadie las tenía porque eran caras y no existía la necesidad. Sin embargo, con el tiempo surgirán cada vez más utilidades. En un futuro se nos estropeará un tornillo y no bajaremos a la ferreteria a comprarlo, sino que lo imprimiremos en nuestra propia casa. Solo piensen en la cantidad de objetos que están fabricados de plástico".

La fábrica que tiene Bq en Pamplona está dedicada exclusivamente a la producción de sus impresoras. Mientras, los consumibles, a los que la española ha destinado una línea de producción propia, se fabrican en Huesca. Para maximizar el rendimiento de la fabricación de estas máquinas, Bq introdujo una peculiaridad en su cadena de montaje: algunas de las impresoras 3D que fabrican se utilizan para construir más impresoras 3D.

"La ventaja de esto es que si tenemos que cambiar cualquier cosa solo tenemos que modificar el programa y seguir fabricando sin necesidad de solicitar moldes nuevos o presupuestos. Lo que acelera el proceso", ha añadido Juan González.

Por su parte, las bobinas de filamento que utilizan las impresoras (lo que sería el tóner de toda la vida), cuestan 25 euros. Cada una de estas equivale a 1 kilogramo de plástico.

En palabras de Antonio Quirós, vicepresidente de la tecnológica, "hemos exportado al ámbito de la impresión 3D la misma filosofía que nos ha hecho líderes en el mercado de los dispositivos multimedia: modelos con la última tecnología a un precio sin competencia". Ahora solo hace falta que los usuarios comiencen a utilizarlas.

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