se cargan en dos horas y trabajan cinco

"No enferman ni piden vacaciones", el restaurante que cambió camareros por robots

El propietario de un restaurante ubicado en la localidad de Kunshán, en China, ha cambiado a sus trabajadores por robots. Pero no es el único negocio que lo ha hecho

Foto: No enferman ni piden vacaciones, el restaurante que cambió camareros por robots

"Jefe, me quedan todavía tres semanas de vacaciones por disfrutar”, el legítimo recordatorio del empleado cae a plomo en la mesa del director, que dependiendo del puesto y perfil, tiene que hacer auténticos equilibrios para cubrir el vacío dejado por este trabajador disfrutando de su merecido descanso. Vacaciones, atascos, bajas por enfermedad… Son diversas las circunstancias a las que se debe hacer frente si alguien tiene a su cargo subordinados, pero parece que uno de estos jefes ha encontrado una solución definitiva a las ausencias contratando empleados que nunca se cansan ni protestan: los robots.

Si lo recuerdan, a finales del año pasado nos hicimos eco de la atípica decisión de un restaurante japonés que no dudó en automatizar el proceso de atención al cliente y recepción de comandas mediante un combinado de cintas transportadoras y tablets. Aquello parecía un claro guiño a la ciencia ficción que sin duda servía como gancho, por lo pintoresco, para captar clientes. Pero lo cierto es que aquel explosivo combinado de tecnología funcionaba, y ahora un restaurante chino ha ido todavía más lejos al sustituir parte de sus empleados por máquinas.

La idea la tuvo la hija de Song Yugang, el propietario de un restaurante ubicado en la localidad de Kunshán, que, aburrida de fregar platos le sugirió a su padre que inventara robots que le ahorraran esa penosa tarea. Aquello sonaba más a un grito de desahogo, pero el propietario del local reflexionó sobre el asunto y se dispuso a analizarlo en profundidad.

¿Hay tareas que puedan efectuar los autómatas en sustitución de los humanos? Un rápido repaso a la cocina y en el propio restaurante le dieron la respuesta: sí, y por partida doble. Yugang hizo unas llamadas y los números llegaron rápido: un robot programado para desempeñar una tarea en concreto costaba apenas 6.000 dólares, el equivalente al sueldo de un camarero durante un año y ofreciendo un ritmo constante de trabajo sin descanso. “Los cargas durante un par de horas y trabajan durante 5 sin descanso”, sostiene entusiasmado, “no se ponen enfermos ni piden vacaciones”, continuó.

Un gancho para los clientes... también de los hoteles

El propietario se dispuso de esta manera a sustituir  a sus empleados de carne y hueso por la constancia y fiabilidad de los robots: dos de ellos en la entrada, dando la bienvenida a los comensales, más en la cocina llevando a cabo tareas repetitivas como freír y el resto llevando los platos ya cocinados a la mesa. El ahorro económico para este empresario es evidente, pero resulta que estos nuevos empleados son además un auténtico gancho para los clientes que les observan embelesados, y con los que llegan a conversar, torpemente, eso sí.

No hay interacción emocional con estos nuevos empleados, pero eso es algo que muchos clientes agradecen: llegar, pedir la comida, disfrutar de ella, pagar y salir sin mediar palabra. Un horror para muchos, pero también una realidad tangible para otros que se plantean si veremos el día en el que los autómatas se quedarán con el grueso de nuestros trabajos. Una versión no tan descafeinada de Terminator.

Este restaurante no es el único negocio que ha cambiado profesionales por máquinas. La cadena de hoteles Aloft ha incorporado a su plantilla un botones muy particular. Se llama Botlr y es un robot fabricado por una startup ubicada en Silicon Valley. Botlr dispone de una pantalla táctil y de momento tiene como objetivo mejorar la asistencia al cliente.

A este respecto los expertos no se ponen de acuerdo. Un estudio llevado a cabo por Pew Research puso de manifiesto las diferentes visiones de los que saben de la materia: unos creen que la llegada de los robots será natural y apenas se perderán puestos de trabajo, mientras que otros sostienen que las tasas de desempleo se pueden disparar a medida que estos fríos trabajadores vayan ocupando los puestos de los humanos, mucho más caros e inconstantes.

¿Qué sucederá finalmente? Lo iremos viendo con el paso de los años, y parece que no serán necesarios demasiados para descubrirlo. Pero si queremos tener alguna referencia, podemos echar un ojo a ciertos sectores de la industria, como la automoción, para hacernos una idea de lo que sin duda llegará en breve…

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