Cuenta con una resolución de 29 megapíxeles

Probamos la cámara más extraña del momento: la Sigma DP2 Quattro

La cámara, que cuesta 1.200 euros, carece de zoom, no graba vídeo y se toma su tiempo al guardar cada foto. A pesar de esto, tienen una calidad increíble

Foto: Probamos la cámara más extraña del momento: la Sigma DP2 Quattro

Cuesta imaginar en 2014 una cámara compacta que, costando 1.200 euros, carezca de zoom, no grabe vídeo, se tome su tiempo al guardar cada imagen y sea un auténtico desastre al hacer fotos con sensibilidades ISO altas. La Sigma DP2 Quattro es la cámara más extraña que podemos encontrar actualmente. Pero a pesar de esa lista de horrores también es capaz de sorprendernos al lograr fotos con un nivel de calidad increíble. Tras probarla varios días lo único que tenemos claro es que no dejará indiferente a nadie. 

Para echar más leña al fuego su diseño es tan llamativo que resulta difícil pasar desapercibido con ella entra las manos. Sus dimensiones y su apariencia, entre retro y futurista, provoca que las miradas de sorpresa se multipliquen cuando sacamos una foto con ella en público. Algo que le encantará a algunos pero, que horrorizará a los fotógrafos más discretos.

Desde luego hace falta tener agallas para vender algo así pero Sigma viene demostrando que, al igual que Leica, va por libre en el mercado de la tecnología fotográfica, sobre todo porque en las entrañas de sus cámaras encontramos un sensor de imagen Foveon: un componente que poco tiene que ver con los que equipan el resto de cámaras digitales. 

Un injustificado aumento de su tamaño

El diseño de los Foveon recuerda al de los carretes en color. Mientras que el 99% de los sensores tienen una única capa de diodos fotosensibles, los Foveon cuentan con tres capas. Cada una de ellas registra las longitudes de onda del rojo, el verde y el azul directamente. Algo que resulta una diferencia clave pues las cámaras con sensores CCD o CMOS captan en principio las fotos en blanco y negro.

Para que la imagen final sea en color se usa el denominado mosaico de Bayer, un filtro con el que se realiza una interpolación aproximada de los diferentes tonos. Además, los sensores Foveon tampoco usan el filtro de paso bajo, un elemento que reduce la nitidez y que es el encargado de evitar el efecto muaré. Un problema que no se da en los sensores Foveon, ausencia que se deja notar en un superior nivel de enfoque. 

Pero no todas las características de estos peculiares sensores invitan a tirar cohetes. La calidad de las fotos, si bien es espectacular disparando a 100 o 200 ISO, desciende en picado si sobrepasamos los 800 ISO. Tampoco su punto fuerte es la grabación de vídeo. De hecho, la DP2 Quattro no cuenta con esa función, algo que seguramente se explica porque los vídeos que captaban las anteriores cámaras de Sigma eran bastante chapuceros.

Aunque cuando se coge por primera vez su diseño alargado hace que parezca imposible de sostener, con el paso de los días incluso es cómoda de manejar

Los modelos de la serie DP de Sigma eran hasta la fecha unos armatostes que se escurrían fácilmente de las manos. Por eso se ha incorporado una empuñadura de goma en el nuevo modelo.

Aunque cuando se coge por primera vez sorprende por lo imposible que parece sostenerla con una mano, con el paso de los días uno termina acostumbrándose a ella e incluso siente que es cómoda de manejar. Eso sí, en el caso de que queramos encuadrar con precisión no queda más remedio que sujetarla con las dos manos. En esa posición resulta mucho más sencillo manejar los diales del obturador, el diafragma y el anillo de enfoque manual.

Otra de las cosas que se hecha bastante en falta de esta máquina es un visor que complemente a su pantalla de tres pulgadas. Su ausencia cuesta entenderla teniendo en cuenta que la cámara está claramente pensada para hacer fotografías bien estudiadas y sin prisas.

Sigma y el misterio de los megapíxeles

Los grandes cambios que trae esta Sigma llegan en lo más importante: las imágenes que es capaz de captar. El sensor Foveon de tamaño APS-C se ha renovado y en vez de contar con tres capas de idéntica resolución cuenta ahora con solo una, la del azul, de 20 megapíxeles que se complementa con dos capas de cinco megapíxeles, las del rojo y la del verde.

Según el fabricante la resolución final de la cámara es de 39 megapíxeles, pero a la hora de la verdad, lo que obtenemos al abrir sus archivos RAW o Jpeg son fotos de 19,6 megapíxeles. Aunque esto pueda resultar chocante lo cierto es que Sigma nos tiene acostumbrados desde hace años a discusiones bizantinas sobre la resolución real de sus cámaras.

Su procesador de imagen también ha sido renovado y ahora es capaz de lograr archivos Jpeg que merecen bastante la pena. Algo en lo que flaqueaban las DP. En cualquier caso tanto los archivos en bruto como los comprimidos pesan lo suyo. Los RAW ocupan unos 50 Mb de media, algo que hace que la cámara tarde bastante en almacenar las fotos en la tarjeta de memoria. Sobre todo si disparamos en ráfaga combinando imágenes en RAW y Jpeg. 

Resulta impresionante el nivel de detalle de las imágenes y su capacidad para lograr captar información en las zonas más iluminadas y en las más oscuras de una escena

A esa lentitud en el disparo se une que el programa Sigma Photo Pro para procesar los RAW es exageradamente lento y tiene un diseño bastante confuso. Lo peor de todo es que es el único con el que podemos sacarle todo el partido a la cámara, por lo que más nos vale contar con paciencia y un ordenador bastante rápido para trabajar con él.

Pero no todo son malas noticias. Siempre que no superemos los 400 ISO en color u 800 ISO, si trabajamos con buena luz y en blanco y negro, el sensor Foveon demuestra ser una auténtica bestia parda. Resulta impresionante el nivel de detalle de las imágenes y la capacidad de la cámara para lograr captar información en las zonas más iluminadas y en las más oscuras de una escena. 

A la nitidez de las imágenes también contribuye el excelente objetivo de 30mm, equivalente a uno de 45mm en 35mm, con una abertura máxima de diafragma de f/2.8. Del apartado de la óptica nos ha sorprendido muy positivamente la suavidad con la que logra desenfocar los diferentes planos. Algo que seducirá a los que usen la DP2 Quattro para realizar retratos.

Como decíamosal principio semejante disparidad entre los puntos fuertes y débiles de esta cámara nos deja fuera de juego, sin saber si dar un veredicto positivo o negativo a esta rara avis.

Aunque nos inclinamos más por lo primero que por lo segundo nos queda la sensación de que Sigma está lejos de lograr en sus cámaras la renovación que muchos esperan desde hace años.

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