LA SITUACIÓN ES DE "caos absoluto" en Calar alto

El CSIC "quema la tierra" en el observatorio más importante de Europa

Calar Alto, en la sierra de Almería, era antes de la crisis un centro de reconocido prestigio en Europa. Hoy, el CSIC está poniendo en peligro su futuro

Foto: El observatorio de Calar Alto, en la sierra de Filabres, Almería (iaas.es)
El observatorio de Calar Alto, en la sierra de Filabres, Almería (iaas.es)

En el convulso panorama que viven los centros de investigación en España, hay varios ejemplos concretos que muestran a la perfección el devastador efecto que están teniendo los recortes. Si el caso del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia es el retrato perfecto de una mala planificación, el del Observatorio de Calar Alto, en Almería, lo es de un tijeretazo de proporciones desastrosas para el presente y el futuro de la investigación que allí se lleva a cabo. Según la lectura que hace uno de sus científicos, "el CSIC está sembrando el caos absoluto en el observatorio más importante que hay en Europa".

El Observatorio de Calar Alto lleva 39 años funcionando en la sierra de Filabres, en la provincia de Almería. Situado a 2.100 metros de altitud y equipado con cinco telescopios, es un lugar privilegiado para observar el cielo del sur del continente. Fue fundado en 1973 (e inaugurado dos años después) tras un acuerdo entre el Gobierno español y el alemán, y hasta 2005 pertenecía en exclusiva al Instituto Max-Plank de Astronomía. En ese año, el CSIC y su homólogo alemán acordaban compartir la titularidad y la financiación del centro. Cada uno aportaría la mitad de los fondos necesarios para su funcionamiento.

El CSIC está sembrando el caos absoluto en el observatorio más importante que hay en EuropaEl Observatorio de Calar Alto tiene hoy un régimen legal algo particular: es una agrupación de interés económico. Esto quiere decir que su funcionamiento interno es el de una empresa privada, y sus trabajadores tienen contratos de ese tipo, es decir, que no son funcionarios, pero su financiación proviene de los Presupuestos Generales del Estado, tanto de España como de Alemania. Esta situación es la que ahora les tiene al borde del caos. 

Pero volvamos a principios de los 2000. Aquellos fueron buenos años para los investigadores y trabajadores de Calar Alto, y el prestigio científico del centro era conocido a nivel internacional. Gracias a sus avanzados equipos, pudieron captar, entre otros hitos científicos, la colisión de un asteroide contra la superficie de Júpiter, utilizando una cámara infrarroja a través de uno de sus telescopios, y se convirtieron en un centro de referencia en la búsqueda de exoplanetas.

De hecho, el observatorio fue elegido como la sede del proyecto CARMENES (Calar Alto high-Resolution search for M dwarfs with Exoearths with Near-infrared and optical Échelle Spectrographs), orientado a encontrar exoplanetas y, más concretamente, exoplanetas similares a la Tierra. Encontrarlos no es un asunto sencillo: son más pequeños, ligeros y oscuros que las estrellas en torno a las que giran. CARMENES es un ambicioso proyecto hispano-alemán para conseguirlo (en este post firmado por Ricardo Dorda en Naukas hay un análisis más detallado del proyecto). 

Sin cocina, limpieza ni administración

Ahora, todo eso está pendiente de un hilo, porque Calar Alto se ha convertido en el escenario de una política de recortes de una agresividad inusitada. En el año 2010, el observatorio recibía un presupuesto de 4,2 millones de euros (aportados al 50% por España y Alemania), aunque ya se preveía una bajada hasta los 3 millones para 2014. Pero en 2012 el CSIC anunciaba un plan de recortes, y entre ellos estaba el fin de la financiación a Calar Alto. España no podía pagar y el cierre completo era una posibilidad. En esa ocasión el Instituto Max Plank insistía en su interés por mantenerlo abierto, y finalmente se acordaba que el presupuesto para este año se reduciría hasta 1,6 millones.

Primero se fueron los trabajadores de cocina y limpieza. Estamos a 2.100 metros de altitud, y el pueblo más cercano está a 25 kilómetros. No es tan fácil ir a comer fueraLa plantilla ha experimentado un tijeretazo parecido: de los 49 trabajadores que había en 2012, hoy en día quedan 32, y bajando. Según las previsiones, a finales de este año habrá una plantilla de entre 25 y 29.

"Primero se fueron los trabajadores de cocina y limpieza. Estamos a 2.100 metros de altitud, y el pueblo más cercano está a 25 kilómetros. No es tan fácil ir a comer fuera. Ahora tenemos un servicio de catering y vamos tirando, aunque a veces comemos alimentos preparados dos o tres días antes, pero al principio tuvimos incluso que asaltar las cocinas", cuentan fuentes de la plantilla a Teknautas. El personal de limpieza también fue despedido, y el de administración está en pleno proceso.

"Lo que pasó con la administración fue inexplicable. Llegaron un día y le pidieron a la jefa las claves de acceso de todo. Acto seguido le dijeron que se fuese a su casa". Cuentan que el CSIC ha contratado a una agencia de recursos humanos externa para llevar a cabo los despidos y optimizar el funcionamiento del observatorio. "Entendemos que hay cierta competencia desleal, puesto que a medida que despiden, van asumiendo las funciones de los despedidos". 

Noches sin astrónomos

Pero el caso del personal científico no es menos preocupante: contratos que no se renuevan y trabajadores despedidos que dan como resultado una caída en el rendimiento de los equipos de investigación. "Hay guardias que no se están cubriendo, noches en las que no hay nadie aquí. Eso son resultados que no se están obteniendo y, por tanto, investigaciones incompletas". Debido a la complejidad del equipo, los técnicos de mantenimiento también son esenciales: siempre tiene que haber al menos uno de guardia por si una cúpula no se cierra correctamente, por ejemplo, para evitar que la climatología dañe los telescopios. Un incidente como ese, o similar, podría suponer daños económicos importantes y un parón en varios proyectos.

Esta situación está haciendo peligrar otra fuente de ingresos (y de reconocimiento internacional) del centro: las llamadas observaciones de servicio. "Son observaciones que hacemos, digamos, por encargo: si un grupo de investigación necesita hacer unas observaciones puede enviar a uno de sus miembros, al que se le asigna un tiempo de observación, o puede pasarnos su petición y se las hacemos nosotros. La ventaja es que no tienen que desplazar a nadie, con lo que ahorran, y se aprovecha mejor el tiempo de observación". Debido al recorte en personal científico, hay días que ya no se pueden cubrir y estas observaciones de servicio ya no resultan tan eficaces. 

Lo que las fuentes citan una y otra vez es la belicosidad y la conflictividad con la que se está llevando a cabo el procesoSin embargo, hablando con Teknautas sobre su situación, la plantilla no solo se declara preocupada por los recortes. Al fin y al cabo, esto es una triste realidad para muchas otras instituciones dedicadas a la investigación que dependen de la financiación pública. No, lo que las fuentes citan una y otra vez es la belicosidad y la conflictividad con la que se está llevando a cabo el proceso.

"Parece algo personal contra el observatorio"

Por un lado, la categoría legal del centro, en parte privada y en parte pública, lo convierte en un objetivo prioritario de los ajustes. "Quieren quitarnos condiciones laborales que les parecen privilegios, como el servicio de cocina o de limpieza". Además, aseguran que el CSIC busca forzar una situación en la que aumentase su control sobre el observatorio, introduciendo a personal propio. "Pero estos equipos no son fáciles de usar, no se aprende en unos meses. Si traen aquí astrónomos del CSIC tardarían años en funcionar con la eficacia con la que trabajamos nosotros", avisan.

Calar Alto ha pasado de ser una excepción de eficacia y orden científico en Andalucía, una especie de pequeña Suiza, a convertirse en el equivalente a un estado fallido, una Somalia empobrecida, sin ley, orden ni planes de futuro"Hace dos años, Calar Alto era una instalación de vanguardia a pleno rendimiento, con proyectos de presente y de futuro (destaca CARMENES entre ellos), una plantilla experimentada y eficaz y una comunidad de usuarios sólida y con confianza. A día de hoy, la política de tierra quemada aplicada por el CSIC, con la connivencia incomprensible de los alemanes, con Antonio Figueras Huerta a la cabeza, ha conducido a un panorama de recorte presupuestario letal, aplicado a sangre y fuego y con un nivel de conflictividad desconocido en la entidad".

Son varias voces las que apuntan directamente a Antonio Figueras, vicepresidente del CSIC, como uno de los responsables directos del declive de Calar Alto. "Parece que tuviese algo personal contra el observatorio". Figueras fue uno de los responsables directos de la gestión del hundimiento del Prestige en 2002, y la plantilla no lo olvida: "especialista en hundimientos incontrolados, ahora capitanea, o ha capitaneado, el hundimiento incontrolado de Calar Alto", señala uno de los trabajadores con amargura. 

Desestructuración y enfrentamientos, represalias contra los trabajadores (contábamos hace unos días el polémico cese de David Galadí, director del Departamento de Astronomía, que algunos de sus compañeros calificaron de "castigo político"), pérdida de prestigio como centro de investigación, parálisis administrativa y de gestión... Las perspectivas del observatorio pintan mal de cara al futuro si la situación no se remedia. "Calar Alto ha pasado de ser una excepción de eficacia y orden científico en Andalucía, una especie de pequeña Suiza, a convertirse en el equivalente a un estado fallido, una Somalia empobrecida, sin ley, orden ni planes de futuro". 

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