en 2014 se cumplen 25 años de su creación

De la frustración de un informático entre físicos de partículas: así nació la Web

Tim Lee-Berner sabía que tenía que haber una forma más eficiente de hacer su trabajo. Su idea, hace ya casi 25 años, dio lugar a la 'World Wide Web'

Foto: De la frustración de un informático entre físicos de partículas: así nació la Web

Llevaba bastante tiempo dándole vueltas al asunto. Tenía que haber una forma más fácil y eficiente de llevar a cabo su trabajo. Y si no la había, la inventaría. Al final, todo es cuestión de remangarse y ponerse a ello.

Estamos en marzo de 1989 y el escenario es el CERN, el laboratorio de la Organización Europea para la Investigación Nuclear. El protagonista de nuestra historia es Tim Berners-Lee, encargado de sistemas informáticos (aunque físico de formación, disciplina en la que se había graduado por la Universidad de Oxford) en la treintena responsable de que los científicos del centro y los que venían de fuera pudiesen trabajar conjuntamente a pesar de que sus ordenadores no utilizasen los mismos sistemas ni se comunicasen entre sí, como hacen ahora.

“Era un auténtico problema para el CERN acoplar todos esos ordenadores incompatibles, que además tenían que funcionar dentro del sistema con el que funcionaba el acelerador de partículas del laboratorio”, cuenta Mark Mischetti, editor de Scientific American y coautor junto al propio Berners-Lee de un análisis de su invento, la World Wide Web, con ocasión de su décimo aniversario. La mayor parte del tiempo de Berners-Lee se iba en esta tarea, así que “Tim pensó que sería mucho más sencillo si los ordenadores pudieran intercambiar información directamente”.

Una de las cosas que los ordenadores no hacían es asimilar asociaciones entre cosas dispares, algo que la mente humana sí puede hacer. Así que en los 80 utilicé programas para almacenar información con 'links' aleatoriosEl propio Berners-Lee lo explica en su página web con otras palabras: "una de las cosas que los ordenadores no hacían era establecer asociaciones entre cosas dispares, algo que la mente humana sí puede hacer. Así que en los 80 utilicé algunos programas para almacenar información con links aleatorios". Aquel primer desarrolló era una aplicación que le permitía estar al día de todos los científicos, investigaciones y ordenadores que trabajaban en el CERN.

¿Por qué no conectarlos todos?

Pero sus funciones poco después le parecieron demasiado simples y de corto alcance. ¿No sería posible crear una herramienta que sirviese para todos los ordenadores por igual? ¿Incluidos los de fuera del CERN? Había que intentarlo.

En marzo de 1989, Berners-Lee lograba que el CERN aprobase destinar fondos y dedicar parte de su tiempo de trabajo al proyecto, que consignó en un informe bajo el anodino título de “Gestión de la Información: Una Propuesta”. Ese sencillo informe se considera la semilla que dio lugar a la World Wide Web, hace ya casi 25 años.

“Internet en sí mismo solo es un conjunto de cables y un protocolo para enviar información a través de esos cables. La Web sería una aplicación que funcionaría en internet. Lo que ocurrió fue que se convirtió en la aplicación principal”, explica Mischetti, añadiendo que otras ya existían, como el correo electrónico o el FTP.

Las innovaciones que Berners-Lee desarrolló para dar forma a su idea fueron tres: el HTTP (hypertext transfer protocol), que permite que al pinchar sobre un enlace lleguemos a otro documento; las URL (uniform resource location), que son las direcciones por las que encontrar el documento, y el HTML (hypertext markup language), que son las instrucciones por las que se vinculan las páginas y los archivos que contienen.

A finales de 1990, las tres piezas estaban en marcha. El 25 de diciembre de ese año, el informático accedió a la primera página web desde el primer navegador gracias al primer servidor. Su invento funcionaba.

Pantallazo del primer navegador web (Foto: CERN)
Pantallazo del primer navegador web (Foto: CERN)
La idea de Berners-Lee era, de alguna forma, replicar el funcionamiento del mercado económico, en el que todo el mundo puede interactuar sin tener que acudir a un lugar físico, siempre que conozca las reglas del juego.

El peligro de crear barreras

De modo que era importante dar a conocer esas reglas. Pasó los siguientes años viajando a centros universitarios y reuniéndose con empresas y entusiastas de internet, explicándoles sus desarrollos y convenciéndoles de que creasen navegadores y servidores con información interconectada. Muchos programas educativos incluyeron estos nuevos protocolos, como una forma de conseguir que los alumnos experimentasen (uno de estos primeros intentos dio lugar posteriormente al popular navegador Netscape).

Pero algo comenzó a inquietar al desarrollador: la posibilidad de que las empresas, en su búsqueda de beneficios, no respetarán el espíritu abierto de su idea, en la que la información se compartía sin barreras. Si comenzaban a crear sus propias redes y páginas web, o si las hacían de alguna forma incompatibles con las de otras empresas o de pago, su proyecto se desvirtuaría.

Para evitarlo, en un movimiento que seguramente le privó de una más que adinerada jubilación, consiguió que los responsables del CERN publicasen todo su código fuente, de forma que cualquier programador del mundo pudiese utilizarlo para sus propios desarrollosPara evitarlo, en un movimiento que seguramente le privó de una más que adinerada jubilación anticipada, convenció a los responsables del CERN de que publicasen todo su código fuente original, de forma que cualquier programador del mundo pudiese utilizarlo para sus propios desarrollos. “Pensó que si todo el mundo desarrollaba conjuntamente la Web, ninguna compañía podría controlarla”, asegura Mischetti.

Los peligros de la red son sociales, no técnicos

Y tenía razón. La web se convirtió en un instrumento más social que técnico, cuyo uso se generalizó cuando las compañías de internet comenzaron a proporcionar de manera gratuita navegadores en sus equipos. “Enviaban de manera gratuita los programas de navegación, con la esperanza de que una vez en la Web los usuarios solicitasen servicios por los que sí cobraban, como el correo electrónico”.

Sin embargo, no todo salió como Berners-Lee esperaba. En su idea original para la web, los usuarios creaban contenido al mismo ritmo que lo consumían. Sus desarrollos permitían publicar y editar texto, no solo leerlo, algo que tardó casi una década más en ser algo habitual, con la llegada de los blogs y después de las redes sociales.

Esta falta de barreras y esa construcción colectiva, sin embargo, han traído a la red no pocos dilemas que hay que afrontar. Pero en esto su creador no cree que haya una solución técnica, sino social. “Para Tim, hacer frente a problemas como la privacidad o la propiedad intelectual no es algo que tenga arreglo técnico. Primero, necesitas un enfoque social. Si internet está abierto para la gente buena, también lo está para la mala. […] Lo que necesitas son leyes y convenciones sociales que guíen el comportamiento de las personas”, termina Mischetti.

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