La NASA arranca un proyecto para crear 'lechugas espaciales'
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La NASA arranca un proyecto para crear 'lechugas espaciales'

La NASA ha lanzado un proyecto para investigar la agricultura espacial. ¿Se pueden cultivar alimentos ahí arriba? Seis lechugas serán el primer intento

placeholder Foto: Brotes germinados en un dispositivo de prueba (Foto: Modern Farmer)
Brotes germinados en un dispositivo de prueba (Foto: Modern Farmer)

La tecnología evoluciona a toda velocidad para dar respuesta a muchas de las cuestiones de las que depende el eventual establecimiento de colonias (temporales o permanentes) en otros planetas, como Marte. La impresión en 3D se ha revelado como una importante apuesta para el aprovisionamiento de materiales necesarios. Utilizando esta técnica, no sería necesario transportarlo todo, sino que podría fabricarse allí mismo. Las posibilidades son amplias, y la NASA ya trabaja para enviar estos dispositivos al espacio.

Sin embargo, los alimentos siguen siendo una cuestión fundamental. ¿Qué comerán esos supuestos colonos? No parece probable que encuentren alimento allí, así que habría en enviarlo desde la Tierra, con los problemas logísticos que ello supone. No hace falta imaginar algo tan lejano todavía, el mismo problema tienen los astronautas que viajan al espacio en la actualidad. Enviar comida a la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, es tremendamente caro y la llegada de productos frescos es escasa y duran poco, tal como explican científicos de la NASA a Modern Farmer.

Así que la agencia espacial estadounidense ha puesto en marcha un proyecto para investigar las posibilidades de cultivar plantas comestibles en el espacio, y ha decidido comenzar por lechugas romanas, o escarolas.

Una 'huerta' en la Estación Espacial Internacional

Es el programa bautizado como Sistema de Producción de Vegetales (o VEGGIE, una forma coloquial de decir verduras), que será enviado a la ISS en diciembre. Se trata básicamente de crear un prototipo de un huerto adaptado a las condiciones del espacio: estará formado por seis paquetes rellenos de un material similar a la arena de gatos que servirán como macetas para sembrar, cultivar y cosechar seis lechugas.

No es la primera vez que la NASA investiga el crecimiento de las plantas en condiciones de gravedad cero, pero sí el primer intento por hacerlas aptas para alimentar a los astronautas. Sin embargo, estas primeras seis escarolas no serán consumidas en el espacio, sino que serán enviadas de vuelta a la Tierra. Aquí, los investigadores analizarán la presencia de microbios y determinarán si su ingesta es segura.

Pero además, el cuidado de plantas por parte de los astronautas tiene un importante efecto psicológico. En una situación tan extrema de confinamiento y aislamiento, tienen un efecto relajante y crean un vínculo afectivo, por leve que sea, que les recuerda a la Tierra y les ayuda a aliviar el estrés.

Y si no que se lo pregunten a Don Pettit, astronauta y autor de Diario de un Calabacín Espacial, un blog que publicó en la web de la NASA en la que relataba el día a día de, efectivamente, un calabacín que cultivó durante su estancia en la ISS. Un exceso de entusiasmo, quizá, pero una curiosa ventana a la vida diaria de los habitantes de la estación y una prueba de que las plantas hacen más acogedor cualquier rincón del universo.

Cómo cultivar en condiciones extremas

El problema, bastante obvio, es que para cultivar verduras, o cualquier otra planta, en el espacio, hay que superar limitaciones importantes: falta sitio, falta gravedad, falta luz natural y falta tiempo para esperar a que las especies crezcan a su ritmo natural.

José María Durán es catedrático de Horticultura de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid. Su departamento realiza investigaciones, en colaboración con distintas empresas, precisamente en métodos para sacar adelante cultivos en situaciones extremas. De hecho, ha trabajado en el pasado en el tema concreto de los cultivos espaciales. En Teknautas hemos hablado con él y nos ha contado algunos de los procesos que se pueden poner en marcha para que estas especies crezcan y den frutos como si se estuviesen desarrollando en condiciones normales en la Tierra.

Para empezar, la utilización de iluminación LED para proporcionar energía a las plantas. “Las plantas acumulan la luz roja y la luz azul, y gracias a los LED podemos controlar exactamente cuánta luz de cada tipo les proporcionamos”. Además, aplicándoles ciclos de iluminación y oscuridad consiguen engañar a las plantas, haciéndoles creer que el día dura menos horas y acortando sus ciclos. “Hasta ahora, por ejemplo, hemos conseguido acortar el periodo de cosecha del azafrán de un año a 90 días”, explica Durán.

La falta de gravedad no será tanto problema si algún día instalamos efectivamente una colonia en Marte, pero sí lo es en lugares como la ISS. El catedrático explica que una de las formas de remediar esta carencia es mantener las bandejas de cultivos en constante centrifugación, de forma que la planta experimente una fuerza similar. “Pero este sistema requiere mucha energía y es muy caro”.

Una solución es cultivar las plantas en un gel hidratante enriquecido, de forma que no sea necesario que las raíces se hundan en la tierra para absorber los nutrientes. Según Durán, “lo ideal sería que las plantas saliesen de la Tierra ya con un cierto porte, casi listas para dar frutos”, de forma que se optimicen los nutrientes disponibles.

En cuanto a las verduras candidatas a protagonizar la colonización del espacio, Durán defiende “un equilibrio entre azúcares, proteínas y lípidos”. Menciona entre las más adecuadas los tomates, las judías, los pimientos, los fresones y las patatas (“importantes por su contenido en hidratos”). ¿Qué hay de los cereales, especies básicas en la alimentación humana? Para el catedrático, los cereales tienen bastantes inconvenientes para este tipo de cultivos, ya que necesitan grandes extensiones de terreno para dar suficiente grano, su consumo de agua es elevado y sus ciclos de cosecha son muy largos.

¿Granjas en el espacio?

El suministro de verduras es delicado, por tanto, ¿y qué hay de la carne? La posibilidad de criar animales en el espacio para su consumo es otro de los avances a lograr si en el futuro más personas van a vivir en él. El asunto es aún más complejo que el cultivo de especies vegetales.

De nuevo, distintos equipos en las últimas décadas han estudiado qué especies serían las más adecuadas. En el año 2007, la agencia espacial japonesa propuso apostar por los insectos. Es una opción obvia: son pequeños, nutritivos y se adaptan bien a cualquien hábitat terrestre, por lo que sería de esperar que también lo hiciesen en el espacio.

También en este sentido, en el año 1979 varios huevos de codorniz japonesa fueron enviados al espacio en una misión de la URSS. En 1990 nacieron los primeros ejemplares en órbita y las aves fueron alimentadas y criadas por los astronautas durante la estancia en la nave. El problema con esta especie, y probablemente con muchas otras, es que, seguramente, el apego generado en los astronautas fue aún mayor que el que sintió Pettit por su calabacín.

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