SALTÓ ENTRE COMPAÑÍAS Y ES CLAVE EN LA COMPRA

Elop: juez, parte y caballo de Troya en la 'operación Nokia'

El incendiario directivo de la compañía finlandesa, Stephen Elop, muy criticado por las cifras de Nokia, ha sido, sin embargo, el único capaz de dar la cara

Foto: Steve Ballmer, ex-CEO de Microsoft, saluda a Stephen Elop.
Steve Ballmer, ex-CEO de Microsoft, saluda a Stephen Elop.

“Os voy a contar la historia de un hombre en una plataforma petrolífera”. Stephen Elop llegó a la sede de Nokia como un elefante en una cacharrería. El texto es tan sólo el arranque de una cruda carta que el directivo distribuyó entre los empleados de la firma tras ser nombrado CEO de la empresa finlandesa. Nos situamos a finales de 2010, cuando Nokia seguía siendo un gigante en el mundo de la telefonía móvil.

La llegada de este canadiense supuso una sacudida en los cimientos y estructura de la firma: el coloso de Espoo había dominado con humillación un mercado que ahora le estaba dando la espalda, y como es tristemente habitual la confianza y la soberbia se hacen fuertes cuando uno es poderoso.

La dirección de la firma miró con desdén la llegada del iPhone, hasta el punto de que su anterior CEO se refirió al terminal como un “producto de nicho”. Esta arrogancia del todopoderoso ha sido letal para firmas como Palm o BlackBerry, y Nokia parece que podría sobrevivir a la puñalada mortal asestada por el cambio de mercado impuesto por las huestes de la manzana.

La historia que redactó Elop a sus trabajadores era incendiaria, y no sólo en un sentido figurado: describía la existencia de una plataforma en llamas, para concluir que Nokia, de hecho, se encontraba ardiendoLa historia que redactó Elop a sus trabajadores era incendiaria, y no sólo en un sentido figurado: describía la existencia de una plataforma en llamas, para concluir que Nokia, de hecho, se encontraba ardiendo.

Una revolución interna

Frases durísimas que precedieron a unos meses de profundos cambios y medidas drásticas ante una firma que seguía embriagada por el liderazgo indiscutible de los años precedentes. En un descarnado repaso, el directivo se basó en una serie de hechos que hasta entonces se habían minimizado o incluso ninguneado:

1. Symbian era una plataforma moribunda que había que dejar morir, y nos estamos refiriendo al ecosistema que había catapultado y sostenido a la marca en lo más alto durante un largo periodo.

2. El iPhone había cambiado las reglas del juego, y varios años tras su lanzamiento Nokia no disponía de un terminal que ni se le pareciera.

3. La guerra ya no era entre terminales, sino de ecosistemas.

4. Se había perdido un valiosísimo tiempo que ahora costaría Dios y ayuda recuperar.

El alegato de Elop dejaba a la anterior dirección de la firma en una posición que rayaba la irresponsabilidad, y ahora tocaba atarse los machos. Descrito el catastrófico panorama, a este ejecutivo que ronda los cincuenta no le temblaron las piernas a la hora de meter la tijera, pero, sobre todo, de embarcar a la compañía en una nueva aventura: Nokia se abrazaría a Windows Phone y dejaría su futuro en manos de una plataforma recién llegada y con todas las incógnitas de futuro. 

La misiva de Elop describía una plataforma petrolífera en llamas en la que el único hombre saltaba al vacío para esquivar una muerte segura abrasado. El salto estaba rodeado de incertidumbres y no se sabía si sobreviviría al mismo, pero era menos malo que una muerte segura achicharrado. El paralelismo de la historia con la realidad de la compañía era sangrante. Y Elop dio el salto, arrastrando a la agónica firma hacias las inciertas aguas de un cambio de plataforma. Pero era la única salida.

Terapia de choque

Son muchos los que han tomado una foto parcial del paso del directivo por Nokia esgrimiendo indignados las cifras de pérdida de cuota de mercado o la caída del valor de las acciones, pero este análisis es comparable al que alguien podría hacer de un amputado ante la muerte segura por gangrena: “Mira, ¡antes tenía dos piernas!”.

Stephen Elop tuvo el coraje de amputar y aplicar una terapia de choque a una firma comatosa, algo que, por cierto, no sucedió en su momento en BlackBerry y ahora andan deshojando la margarita de la pervivencia de la compañía tal cual la conocemosStephen Elop tuvo el coraje de amputar y aplicar una terapia de choque a una firma comatosa, algo que, por cierto, no sucedió en su momento en BlackBerry, donce ahora andan deshojando la margarita de la pervivencia de la compañía tal cual la conocemos. Este ingeniero infatigable quiere que el protagonismo se centre en la compañía y no en su implacable figura, es un killer en la sombra que no ha dudado en tomar drásticas decisiones para reflotar un buque que se hundía sin remisión.

Aunque algunos lo han descrito como un caballo de Troya, lo cierto es que la arriesgada estrategia adoptada por el finlandés fue la que más posibilidades de futuro puede ofrecer a la compañía, y poco a poco comienzan a vislumbrarse los tímidos resultados: los últimos smartphones de Nokia se sitúan a la vanguardia de lo visto en telefonía móvil, y la plataforma Windows Phone va sumando cuota de mercado de forma firme mientras atesora un elevado índice de satisfacción entre los usuarios.

Las aguas siguen siendo turbulentas, pero el de Ontario ha allanado el camino para un futuro mucho más prometedor, y ahora se sitúa como el gran candidato para atender la patata caliente que ha dejado Ballmer al frente de Microsoft. Justo lo que necesitan los de Redmond: un terminator al que no le tiemble el pulso a la hora de adoptar decisiones arriesgadas y drásticas.

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