El rojo de Ferrari puede ser clave para los discos duros del futuro
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El rojo de Ferrari puede ser clave para los discos duros del futuro

Desde hace varias décadas, las teorías científicas basadas en el concepto de la magnetoresistencia, propiedad de los materiales a variar su resistencia eléctrica cuando se les aplica

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El rojo de Ferrari puede ser clave para los discos duros del futuro

Desde hace varias décadas, las teorías científicas basadas en el concepto de la magnetoresistencia, propiedad de los materiales a variar su resistencia eléctrica cuando se les aplica campo magnético, han permitido desarrollar discos duros cada vez más potentes, gracias a la mejora de los procesos de lectura y escritura de bits sobre materiales de tipo magnético.

Sin darse cuenta, los usuarios han asumido de forma natural cómo los productos de consumo que llegan a las tiendas especializadas alcanzan, en periodos de mejora muy cortos, una mayor capacidad de almacenamiento, destronando continuamente modelos anteriores, éxito tecnológico del que también tienen parte de culpa los fabricantes, en su continuo esfuerzo de I+D.

También los científicos. Si en 2007 Peter Grünberg y Albert Fert recibieron el Premio Nobel de Física por haber descubierto el efecto cuántico de la magnetorresistencia gigante (GMR) en 1988, clave para explicar el desarrollo de los discos duros, fabricados con materiales con propiedades de magnoresistencia de hasta un 110%; en 1993 otro grupo de científicos alumbró la magnetoresistencia colosal (CMR), que abrió nuevos caminos en cuanto a la lectura y escritura en los discos de almacenamiento. En la misma línea que la magnoresistencia túnel, descubierta en 1975 por Michel Julliere, aunque recuperada en la década del 2000 por científicos japoneses, quienes experimentando con nuevos materiales obtuvieron magnoresistencias de hasta un 600%.

De todas formas, el camino para una nueva generación de discos duros parece trazado. No obstante, y a pesar del avance, existe una corriente del pensamiento tecnológico que apuesta por la memoria flash, típica de los USB o los SSD, como la heredera natural de la memoria magnética, habitual en los discos duros.