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Un monumento a nuestros emprendedores, por favor
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Un monumento a nuestros emprendedores, por favor

El emprendedor nunca está solo. En torno a él siempre están familia, amigos, socios… Todo un ecosistema que colabora con el valiente que se lanza a

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Un monumento a nuestros emprendedores, por favor

El emprendedor nunca está solo. En torno a él siempre están familia, amigos, socios… Todo un ecosistema que colabora con el valiente que se lanza a crear su propio negocio. Este apoyo es especialmente importante en la etapa temprana, cuando la incertidumbre empresarial y personal del fundador llega a sus cotas máximas. 

Por ello, en ocasiones esta dimensión social condiciona las decisiones del emprendedor, llegando a truncar sus alas en el momento mas crítico. Ante la recesión y la complejidad económica que acompaña, los desánimos del entorno pueden dar al traste con su motivación. Unos desánimos normalmente asociados al miedo al fracaso, que representan un recelo característico de la cultura española, más propensa a apostar sólo a caballo ganador. 

Tradicionalmente, nuestra sociedad ha primado la búsqueda de empleo en empresas grandes o en instituciones públicas, por considerar que es el trabajo más seguro y de calidad. Sin embargo, estas opciones no son la fotografía real de la economía española y menos ante un panorama de recortes y reformas estructurales que van a modificar el tejido laboral en nuestro país para siempre.

Más del 90% de las empresas españolas son pymes, que generan más del 60% de los puestos de trabajo. No es novedad, por tanto, que el cambio y el empleo han de venir del sector privado y de la creación de empresas, por lo que es preciso dejar atrás esas aprensiones si queremos cimentar un mejor futuro económico.

Si bien Estados Unidos o Israel son referentes por su espíritu innovador a nivel mundial –sea por su larga tradición u otros condicionantes específicos que se les puede atribuir–, los países nórdicos lo son en Europa. Esta región atravesó una profunda crisis económica en los años 90 y entre sus medidas destacó la apuesta por la I+D+i y el emprendimiento como motor de desarrollo. 

De este caldo de cultivo nacieron gigantes como Skype o Spotify que, junto con cientos de ejemplos, llevaron a The Economist Intelligence Unit a posicionar a los países nórdicos entre los primeros del mundo por su capacidad innovadora y espíritu emprendedor en 2009. No en vano, Noruega y Estados Unidos son los países con la tasa de temor al fracaso más reducida (25%), frente a niveles como los de Francia o España (50%).

La sociedad española debe dirigirse a un modelo similar que favorezca el papel activo de los emprendedores, sean jóvenes o mayores. Una burocracia más sencilla para agilizar la creación de empresas, incentivos fiscales, facilidades para la financiación o el apoyo en la salida al exterior son aspectos importantes, que de hecho contempla la esperada Ley de Emprendedores.

En cuanto al reconocimiento social, resulta curioso comprobar cómo la sociedad española suele estigmatizar el éxito empresarial, en vez de celebrar los éxitos, como por ejemplo se hace en el deporte. Una barrera más para el emprendimiento y que no es tan frecuente en otros países de nuestro entorno. 

Reino Unido lanzó recientemente una campaña internacional para impulsar el emprendimiento utilizando fotografías y testimonios de exitosos empresarios, como Richard Branson, con un mensaje contundente: Entrepreneurs are GREAT Britain (los emprendedores son GRAN Bretaña). De la misma manera, la sociedad nórdica otorga un alto reconocimiento a los emprendedores de éxito, según el Global Entrepreneurship Report.

Si se ahonda en nuestro tejido empresarial, se descubren muchos casos de éxitos empresariales que nacieron de la gran idea de un osado emprendedor. ¿Saben que una de las principales empresas de ciberseguridad del mundo es AlienVault, nacida en España y fundada por españoles? Gracias a su tecnología, una excelente gestión y el apoyo del 'venture capital', el equipo con Julio Casal al frente ha conseguido competir con grandes como HP o IBM en tan solo cinco años. 

Actualmente tiene 120 empleados y atiende a clientes en más de 40 países y, aunque trasladó su sede de gestión a Silicon Valley, el área de I+D se reparte entre Madrid y Granada, sus oficinas originarias. Aquí mismo trabajan los desarrolladores de Alienvault Labs que recientemente localizaron una versión del troyano Sykipot ideado por cibercriminales para robar los códigos de acceso de las tarjetas inteligentes que usa el personal del Departamento de Defensa de Estados Unidos

Afortunadamente, hay cientos de pequeños gigantes españoles como AlienVault. Acciones para darlos a conocer, que sirvan de estímulo para los futuros empresarios, que impulsen el emprendimiento y mejoren su percepción de la sociedad, no son baladí. Nuestro país nunca ha estado tan formado como lo está ahora y podemos presumir de ingenieros, arquitectos, programadores, biólogos, etc. muy cualificados a nivel global. 

Una materia prima de primer nivel que hay que motivar porque son clave para emprender y para nutrir la economía española del mañana; profesionales que hoy día representan un capital humano mucho más competitivo que el de otros países desarrollados –el coste de un ingeniero en España es cuatro veces menor que en Silicon Valley–, factor que ayuda a atraer y convencer a inversores de primer nivel. Sirva de ejemplo que el gigante Kleiner Perkins entró en el capital de Alienvault en julio de 2012.

El último Observatorio del Clima Emprendedor define el retrato robot del emprendedor español como una persona pesimista, que se siente sola e incomprendida y cuyos principales obstáculos son la falta de financiación, las cargas fiscales y la incertidumbre. Y según un estudio de ESADE entre jóvenes españoles, si bien el 77% coincide en que la ausencia de ayudas económicas es la primera traba para desarrollar proyectos emprendedores, el 65% señala que la inseguridad y el miedo al fracaso constituyen la segunda gran limitación. 

Puede parecer un panorama desolador, sin embargo, el ecosistema del emprendimiento en España está comenzando a asentar sus pilares y nos da motivos para ser optimistas. Sirva mirar semanas atrás en los medios de comunicación para conocer cientos de foros, eventos e iniciativas multidisciplinares –programas, redes, aceleradoras, incubadoras, etc.–, destinadas a impulsarlo, como ¡España Emprende!, que engloba a un importante colectivo de empresarios, organizaciones empresariales y sociales, emprendedores y escuelas de negocio.

Aunque el grueso de las iniciativas apunta al músculo económico, no debemos olvidar la dimensión social, en la cual participamos todos y que es igual de importante para fomentar una sociedad emprendedora. Así que, Gobierno, ayuntamientos, sociedad, familias y todos aquellos que tengamos algo que ganar en el futuro del emprendimiento: un monumento a nuestros emprendedores, por favor. 

*Alberto Gómez y Nico Goulet son los socios directores de Adara Venture Partners

El emprendedor nunca está solo. En torno a él siempre están familia, amigos, socios… Todo un ecosistema que colabora con el valiente que se lanza a crear su propio negocio. Este apoyo es especialmente importante en la etapa temprana, cuando la incertidumbre empresarial y personal del fundador llega a sus cotas máximas.