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El triple crimen de Burgos: el caso de las 90 puñaladas que es indescifrable para la Policía
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nuevas pruebas en el caso

El triple crimen de Burgos: el caso de las 90 puñaladas que es indescifrable para la Policía

La familia Barrio fue brutalmente asesinada en 2004. 17 años después, la Policía vuelve a sacar el caso a la luz en busca de las pruebas definitivas para inculpar a su asesino

Foto: La familia Barrio fue asesinada a sangre fría en Burgos en 2004. Fuente: Atlas
La familia Barrio fue asesinada a sangre fría en Burgos en 2004. Fuente: Atlas

Las muertes de los miembros de la familia Barrio en junio de 2004, lo que se conoce como el triple crimen de Burgos, es otro de los casos que el país cataloga como un crimen sin resolver. Aunque la Policía tuvo a un primer sospechoso —el hijo mayor del matrimonio asesinado— la falta de pruebas hicieron imposible su inculpación y la investigación se cerró. Pero ahora, 17 años después, las autoridades prueban de nuevo con otra evidencia para dar carpetazo al caso. Todas sus indagaciones se centran ahora en Angelito, en el punto de mira de los investigadores. Pero, ¿por qué ahora? ¿Qué ocurrió aquel verano en el que tres miembros de una familia fueron apuñalados 90 veces?

El pasado mes de julio, la Policía Científica de Orense examinó un coche incautado que parecía estar relacionado con el triple crimen de la familia Barrio y dos forenses supervisaron el traslado de un Audi familiar que permanecía en la comisaría ourensana desde el año 2007, informó Europa Press. La Policía informó, a través de redes sociales, que la inspección realizada por especialistas de la Científica e investigadores de homicidios era de una de las víctimas del triple crimen y con este registro pretendían dar con alguna evidencia, contando para ella "con nuevas técnicas forenses, contrastarlas con otras halladas en el escenario" de los hechos. Al respecto, el comisario jefe explicó que se encontraba en la comisaría desde hace 14 años porque "fue en ese año en el que se le requisó al hijo mayor", Rodrigo Barrio, el primer sospechoso del crimen.

Fuente: Atlas

Pero la investigación no acabó ahí. Casi medio año después, a 14 de diciembre, los agentes han vuelto a la carga con que es, hasta ahora, el sospechoso número uno: Angelito. Su nombre completo es Ángel Ruiz y, según pudo saber este medio, pudo ser el asesino de los Barrio. Al menos esa es la hipótesis con la que trabajan ahora los investigadores y es por eso que el martes de esta semana procedieron al registro de la propiedad de Angelito, quien actualmente se encuentra preso cumpliendo condena por un delito de hurto. En concreto, la Guardia Civil busca el DNI de Julia, la mujer asesinada, y las llaves del Audi A6 de Salvador, el marido de Julia.

La causa continúa bajo secreto de sumario y al cargo permanece la Unidad contra la Delincuencia Especializada y Violenta. El operativo se llevó a cabo sin declaraciones, con la presencia de una veintena de periodistas. Lo único que ha trascendido es que el vehículo pertenecía al padre de familia, Salvador Barrio, y que ya en su día fue una de las principales líneas de trabajo de la Policía Nacional. Aunque las primeras investigaciones apuntaban a que el hijo mayor supuestamente había cogido un coche del centro en el que permanecía interno, conducido el trayecto de vuelta hasta su casa, cometido el asesinato y regresado al colegio.

La tesis no se sostuvo más de tres días al decidir el Juzgado de Menores de Burgos el fin de la medida cautelar de internamiento y ordenar la puesta en libertad del menor. El caso no se reabre porque la investigación ya estaba en activo, pero prescribe en 2024. "Cada 7 de junio volvemos a preguntar quién lo hizo", ha asegurado el comisario jefe, que ha explicado que la inspección supone un paso más para "tratar de esclarecer el autor de ese triple homicidio".

Un único superviviente

El 7 de junio de 2004, la casa de los Barrio en la ciudad de Burgos se convirtió en una brutal escena de crimen. El padre, Salvador Barrio, apareció tendido en el suelo de la cocina con 50 cuchilladas; la madre, Julia Dos Ramos, yacía en la habitación matrimonial con 17 heridas por arma blanca y Álvaro, el pequeño de 12 años había sido apuñalado 32 veces. Pero no estaban todos en la vivienda; a pesar de la masacre, solo había un miembro de la familia que había eludido el ataque; Rodrigo, el hijo mayor de 16 años que, por entonces, estaba internado en un colegio en Aranda de Duero.

En un principio, las autoridades creyeron que se trataba de un caso de violencia doméstica y que el agresor o agresora se habría quitado la vida después de acabar con el resto de convivientes, pero las heridas de los cuerpos, el número de puñaladas y el hecho de que el triple crimen se hubiera cometido con un arma blanca descartaron esta teoría. Así pues, tras recabar los testimonios de vecinos y familiares que conocían a los Barrio, se empezó a barajar la hipótesis de que el móvil fuera económico, dado el poder adquisitivo de Salvador, con varias propiedades a su nombre.

"Cada 7 de junio volvemos a preguntar quién lo hizo"

No obstante, había otro detalle que restaba credibilidad a esta idea: el ensañamiento. Además, la Científica no encontró señas de que la puerta hubiera sido forzada ni huellas dactilares, por lo que sospecharon que el agresor había usado guantes. Aunque fue más descuidado con sus pies, ya que los investigadores sí dieron con unas pisadas de la talla 42 que parecían estar sellados en cada charco de sangre. Tal y como pudieron comprobar, eran las mismas huellas que ascendían por las escaleras del descansillo hasta el ático, situado justo encima del hogar de los Barrio.

Pese a estas pistas, las huellas desaparecían en el exterior de la casa, lo que hizo pensar a los agentes que el asesino se cambió de calzado en cuanto salió de la vivienda para no dejar rastro. La investigación permaneció en modo 'stand by' hasta que tres años más tarde, las autoridades detuvieron a su primer sospecho, Rodrigo. Los registros posteriores al crimen realizados por los investigadores lo apuntaron directamente al comprobar los agentes que había determinados objetos que habían sido cambiados de sitio, como un paquete de tabaco y una bolsa de aseo.

A esto se sumaban otros detalles sobre el perfil de Rodrigo que, a ojos de la Policía, podían calificarlo como sospechoso. Uno de ellos, quizá el más relevante, es que el hijo mayor de los Barrio no tuvo muy buena relación con sus padres en vida y se vio agravada con la llegada del hijo pequeño. Pero, además, descubrieron una serie de dibujos macabros (personas decapitadas) que el primogénito había trazado en varias ocasiones, lo que hizo pensar a los investigadores en otro posible móvil del triple crimen: los celos.

Angelito, el segundo sospechoso

Al final, el joven Barrio acabó siendo detenido, pero el cierre del caso quedó rápidamente alejado cuando, 72 horas después de haber sido esposado, un juez decretó su libertad al considerar que no existían pruebas suficientes para inculparlo. Así, el caso no volvió a reabrirse hasta 2014, cuando las autoridades dieron con un nuevo sospechoso, Ángel Ruiz Pérez, un vecino del pueblo burgalés de La Parte de Bureba —donde los asesinados poseían su primera residencia— conocido por sus encontronazos con Salvador cuando este era alcalde.

Además, Ruiz fue el autor de unas ofensivas pintadas en la tumba de este que decían "cerdo, cabrón, hijo de puta" y que se hicieron el mismo día de su entierro. Por otro lado, fue declarado culpable de matar a una mujer de 85 años atropellándola en 2011. Asimismo, encontraron en su casa una zapatilla de deporte que parecía ser compatible con las huellas detectadas en la escena del crimen, así como una llave del despacho de Salvador.

Sin embargo, esta línea de investigación también quedó en saco roto tras considerar el juez que no había suficientes indicios como para implicarle en el triple crimen. Por lo tanto, las recientes indagaciones policiales en el coche del primer sospechoso podrían ser la última esperanza para resolver este inescrutable caso antes de que prescriba.

Las muertes de los miembros de la familia Barrio en junio de 2004, lo que se conoce como el triple crimen de Burgos, es otro de los casos que el país cataloga como un crimen sin resolver. Aunque la Policía tuvo a un primer sospechoso —el hijo mayor del matrimonio asesinado— la falta de pruebas hicieron imposible su inculpación y la investigación se cerró. Pero ahora, 17 años después, las autoridades prueban de nuevo con otra evidencia para dar carpetazo al caso. Todas sus indagaciones se centran ahora en Angelito, en el punto de mira de los investigadores. Pero, ¿por qué ahora? ¿Qué ocurrió aquel verano en el que tres miembros de una familia fueron apuñalados 90 veces?

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