El asesino de Laia insiste en la teoría del ladrón y admite que entró en "paranoia" por la cocaína
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El asesino de Laia insiste en la teoría del ladrón y admite que entró en "paranoia" por la cocaína

El acusado de matar a la niña de 13 años en Vilanova ha declarado que estaba "drogadísimo" y pensó que alguien había entrado en el piso

placeholder Foto: El acusado del asesinato a Laia declara ante la Audiencia de Barcelona. (Atlas)
El acusado del asesinato a Laia declara ante la Audiencia de Barcelona. (Atlas)

Juan Francisco L.O., acusado de asesinar a Laia, la niña de 13 años, en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), ha admitido este martes que atacó a la menor creyéndola un intruso que entraba en su casa, en una "paranoia" causada por el consumo de cocaína y la angustia por la inminente muerte de su madre enferma. El procesado, de 45 años, afronta una pena de prisión permanente revisable por asesinato, más otros 10 años por agresión sexual a la menor, a la que supuestamente mató en su domicilio el 4 de junio de 2018 cuando la niña bajaba por la escalera sola desde casa de sus abuelos, vecinos del inmueble.

El tribunal popular que juzga el crimen en la Audiencia de Barcelona ha podido escuchar este martes la versión del procesado, quien ha confesado el crimen en una declaración en la que, a ratos entre llantos y en otros con frialdad, se ha escudado en su adicción a la cocaína y la dependencia emocional de su madre, enferma terminal. El día en que cometió el crimen, Juan Francisco L.O. asegura que estuvo consumiendo cocaína —unos cinco gramos en total— porque se sentía abatido después de recibir una llamada de sus hermanas que le comunicaron que iban a "desenchufar" a su madre hospitalizada: "El mundo se me vino abajo".

"Me sentía una porquería", ha resumido el acusado, que ha recordado que desde su regreso de un viaje a China, días antes del crimen, estuvo tomando "cantidades muy altas de cocaína", pese a que los análisis tóxicos apuntan a un nivel equiparable al de un consumidor "medio". De acuerdo con la versión del procesado, la tarde del crimen entró en su domicilio —residía en la casa de los padres—, se dirigió al cuarto de baño para hacerse "unas rayas" y, cuando salió, se dio cuenta de que la puerta de la vivienda estaba abierta: "Ahí empieza mi paranoia", ha explicado.

"Abro la puerta y me encuentro una sombra... y ustedes me dicen luego que es una niña"

Según su relato, estaba "drogadísimo" y pensó que alguien había entrado en el piso. "Las drogas no me dejan actuar normal, estoy nervioso, pienso que ha entrado un ladrón, tengo miedo, empiezo a escuchar ruidos, no sé cómo actuar", ha relatado. "Era terrorífico", según el acusado, que ha aducido que, como no podía "controlar" su mente, lo único que se le ocurrió fue ir a la cocina y coger dos cuchillos: "Abro la puerta y me encuentro una sombra... y ustedes me dicen luego que es una niña", ha explicado entre lágrimas.

Afirma no saber quién era: "Me entero cuando me detienen"

En ese momento se le caen los cuchillos, agarra por el cuello al que cree un intruso e inicia una "lucha horrible", sin percatarse en ningún momento de que estaba atacando a una niña, porque de haberlo sabido "habría parado. Yo tengo miedo y me estoy defendiendo", ha insistido. El acusado permaneció mucho rato sobre el cuerpo de la víctima, porque se encontraba "en estado de 'shock" y, cuando recuperó la conciencia, cogió todo lo que había en el suelo —"incluida la persona", ha precisado—, lo metió en un armario y limpió la zona para que su padre no lo viera.

Salió entonces a la calle decidido a ir a la Policía a contar lo sucedido, pero se sentía "absolutamente desorientado", tras lo que regresó a su casa: "Entonces me armo de valor, abro el armario y... dantesco". Juan Francisco L.O. ha asegurado que "jamás, nunca, nunca" tocó los genitales a la víctima —pese a que la Fiscalía también le acusa de agredirla sexualmente— y ha celebrado que las pruebas periciales hayan descartado la violación tras "más de tres años" acusado erróneamente por ese delito.

Foto: Los Mossos, con el detenido en relación al asesinato de la menor en Vilanova. (EFE)

Los forenses se limitaron a afirmar en su declaración de la semana pasada que la niña murió asfixiada, pero no pudieron determinar si fue víctima de una agresión sexual, pese a que en su ingle hallaron una herida compatible con un "apretón" o "manipulación" similar a las que examinan en casos de violación. Según el acusado, ni cuando atacó a la menor, ni al introducir o sacar del armario su cadáver —que se halló semidesnudo, con una correa de perro en el cuello y bajo un colchón— se dio cuenta de que había dado muerte a una niña: "Me entero después, cuando me detienen".

"Casi podría jurar que la correa no la puse", ha contestado además el procesado, al ser preguntado sobre las circunstancias en que se halló el cadáver. En su declaración, Juan Francisco L.O., quien tuvo que ser hospitalizado tras recibir una paliza en la cárcel donde está preso, ha negado asimismo que se jacte ante otros reclusos de que no será condenado a muchos años de cárcel por las atenuantes que se le van a aplicar.

Tras el interrogatorio del acusado, el magistrado que preside el tribunal popular, José Grau, ha agradecido el "comportamiento de la familia" de la víctima, tras una sesión especialmente dura. El juicio proseguirá este miércoles, con los informes finales de las partes, que han mantenido sus conclusiones: prisión permanente y otros 10 años la Fiscalía y la acusación particular ejercida por la familia de la niña, mientras la defensa pide un máximo de 14 años de cárcel.

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