El asesinato de Laia, la niña de 13 años asaltada por un vecino en casa de sus abuelos, a juicio
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El asesinato de Laia, la niña de 13 años asaltada por un vecino en casa de sus abuelos, a juicio

En 2018, Laia desapareció cuando bajaba de casa de sus abuelos al portal donde la esperaba su padre; en ese corto tiempo, un vecino la atacó y la asesinó brutalmente

placeholder Foto: El vecino acusado del asesinato de Laia. (EFE)
El vecino acusado del asesinato de Laia. (EFE)

Una noche del verano de 2018, las autoridades hallaron el cuerpo de Laia, una niña de 13 años, en el municipio de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) unas horas después de que sus familiares denunciaran su desaparición. Por este crimen detuvieron a un hombre de 42 años, único acusado del asesinato, por quien la Fiscalía pide la prisión permanente revisable; una petición que finalmente podría verse respondida este mismo lunes, cuando arranca el juicio en la Audiencia de Barcelona y ante un jurado popular que lo juzgará por un delito de agresión sexual en grado de tentativa y de asesinato.

Comienza el juicio por el asesinato de Laia

Ocurrió el 4 de junio de 2018. El padre de la menor había acudido a casa de los abuelos de la niña, donde había pasado la tarde, en el municipio barcelonés. Sin embargo, cuando fue a por ella, no la encontró en el portal como habían acordado. Por eso, Jordi (su progenitor) llamó al telefonillo del edificio para preguntar a los abuelos por qué no bajaba su hija. Sin embargo, ellos aseguraron que la niña había bajado ya para reunirse con su padre. Fue entonces cuando empezaron a llamarla a gritos y a preguntar a los vecinos si la habían visto.

Los abuelos por parte paterna corroboraron que la niña había bajado por las escaleras, pero no la vieron pisar la calle porque, justo ese día, había obras en esa misma acera y una gran aglomeración de personas, por lo que no lograron atisbar a la menor ni comprobar si se había subido al coche de su padre o no. De ahí surgieron las dudas sobre si Laia se habría entretenido entre la planta primera que separaba la casa de sus abuelos y la puerta de salida. Pero uno de ellos les confesó que no había visto a la niña y el otro era J.F.L., un hombre que supuestamente en ese momento no se encontraba en casa. “¡Fuimos imbéciles por no llamar a la puerta!”, lamentó Jordi en declaraciones a este periódico tiempo después.

Foto: Laia y su madre, Sonia.

Para entonces, el padre ya había avisado a la madre de Laia sobre la desaparición de su hija y, junto con agentes de la Policía Local que encontraron por la calle, llamaron puerta por puerta a los vecinos del edificio para preguntar si alguien sabía algo. En la búsqueda también se sumaron los tíos de la menor, que fueron los que llamaron a la puerta donde estaba J.F.L., el vecino que supuestamente sí se encontraba en casa y no fuera y que tardó demasiado en abrir.

Ante sus sospechas y fruto de la desesperación, fueron ellos mismos los que decidieron entrar en el domicilio de este vecino, encontrándose de bruces con el cuerpo de Laia bajo un colchón. Tiempo después, la autopsia confirmó que la niña murió asfixiada. No hallaron señales de que hubiera sido penetrada vaginal o analmente antes de morir, pero no por eso descartaron que el presunto responsable hubiera intentado agredirla sexualmente, ya que hallaron el cuerpo de la menor semidesnudo y presentaba varias puñaladas.

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