La flotilla, o cuando para alimentar el narcisismo tienes que fingir compasión
Los flotantes dicen que ellos ponen el cuerpo, se jactan de poner ellos el cuerpo, colocándose en un lugar ficticio, cuando el cuerpo, en todo caso, lo ponen los gazatíes por ellos. Y en contra de su voluntad, a diferencia de ellos
Colau denuncia "maltratos" en Israel y emprenderá acciones contra un estado "neofascista". (EFE/Toni Albir)
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Juan Soto Ivars
EC EXCLUSIVO
Ellos tienen que salvar el mundo. Es su misión. Pero el mundo no se puede salvar sin ellos, eso sería malo para el ego y el negocio. Hablo de los flotantes, los de la flotilla. Siguen con su raca-raca como si Netanyahu y Hamás no se hubieran sentado al fin a negociar; como si el ejército israelí no retrocediera a posiciones tácticas; como si el fin de lo que llaman genocidio no estuviera hoy más cerca que nunca, empujado por la impaciencia de Donald Trump.
No, no les importa. Los flotantes viven envueltos en su propio ser, y por eso cuando escribo esto, efeméride del 7 de octubre, denuncian que cuando los detuvieron en aguas internacionales los trataron con poca amabilidad. Es tan obsceno hablar en un día como este de secuestro y de tortura... Pero no lo ven. Les he oído decir que ellos van a parar el genocidio con más flotillas, y que no cesarán de mandar flotillas hasta que Palestina sea libre del río hasta el mar. No se dan cuenta, tampoco, de que "del río al mar" es el eslogan de un genocidio.
Lo que pienso es que la paz, ahora, les viene mal. Justo cuando están en la cresta de la ola, recién rescatados de las garras del estado genocida, recién liberados de su largo cautiverio, de las torturas israelíes que sus palurdos seguidores se creerán, van los líderes de Hamás y se avienen a obedecer a Trump. Les gritarían "disidentes", si pudieran. Sentarse a negociar justo ahora que ellos, los flotantes, han llegado flotando adonde siempre se dirigieron...
Un grupo de activistas advenedizos se unió a activistas famosos. Pidieron dinero para fletar ayuda humanitaria a Gaza y contaron que la llevarían en persona, burlando un bloqueo militar, a bordo de pequeños barcos. La gente, conmocionada por las noticias sobre las atrocidades del ejército de Israel en la franja de Gaza, respondió. Se recogieron más de tres millones de euros en micromecenazgos.
Cuando la flotilla se puso en marcha y la gente vio en la tele las embarcaciones, surgieron dudas razonables en las cabezas aptas para albergar dudas razonables sobre ese cargamento humanitario, que nadie en la flotilla se molestó en detallar. Pero los activistas son listos: emitieron vídeos en sus barquitos, lanzaron lemas solidarios y repitieron que iban cargados de alimentos para una población famélica. Se jactaban de jugarse la vida. Así se convirtió la travesía en show.
Así ha sido el abordaje a la Flotilla por el ejército israelí
Durante semanas, navegaron protegidos de la crítica por la mentira de que transportaban medicamentos y leche en polvo: era gente que se arremanga para llevar ayuda a los más necesitados, ¿qué ibas a decir tú? Pero cuando el ejército israelí los abordó frente a Gaza, los detuvo y se metió en los barcos, se destapó lo evidente: que no había en esos barcos nada que pueda considerarse ayuda humanitaria.
La vida real chocó contra los flotantes en forma de detención y desenmascaramiento. Pero a los flotantes no les importó.
Sostuvieron la mentira de la ayuda humanitaria con desfachatez hasta el final. Palabras de Ada Colau en La Sexta, emitidas poco antes del arresto: “Nosotros estamos llevando ayuda humanitaria a una población que está exhausta y que necesita esta ayuda humanitaria”. Eran Teresas de Calcuta natatorias. El simulacro de alimentar a los pobres y detrás un comensal insaciable: la vanidad.
A continuación, cuando constataron que a sus seguidores no les importaba que les hubieran mentido, siguieron generando cuentos. Ahora que la gente sabía que la ayuda humanitaria no era tal, y que los integrantes de la flotilla despreciaron el ofrecimiento de Israel de virar el rumbo hacia Ashdod para que esos supuestos medicamentos entrasen en Gaza por las vías oficiales, el relato cambió.
Nos decían de pronto que el objetivo del viaje nunca fue llevar ayuda, pues sabían que era imposible, sino demostrar que hay un bloqueo ilegal, y concienciar. Nadie les preguntaba sobre qué querían concienciar, y a quién, si antes de este acto heroico ya les dieron más de tres millones de euros para llevar a Gaza ayuda humanitaria. Curiosa paradoja: sólo pudieron financiar el viaje con gente concienciada, pero el viaje servía precisamente para concienciar.
El negocio de concienciar se cambia por monedas en TikTok y otras redes sociales. Palabras de Hanan Alcalde, conocida como Barbie Gaza, y publicadas en El Mundodespués de que Israel la haya deportado a España: “Yo tenía en ese momento muy pocos seguidores, 20.000 o así, y ahora tengo un 1.100.000, imagínate”. Cuando la gente no tiene respeto por la verdad, llega a ser asombroso lo lucrativa que llega a ser la mentira. Pero nadie debería extrañarse.
Ahora el cuento es la tortura. Dos o tres días detenidos en Israel, vuelos pagados por el contribuyente para regresar a España, y llegar en olor de multitudes para contarnos, en el mismísimo aniversario del pogromo del 7 de octubre, que los israelíes los secuestraron y los torturaron. Por lo visto, las autoridades de esa nación genocida no estuvieron con ellos tan amables como los policías daneses conGreta Thunberg.
Sienten una gran compasión por ellos mismos, puesto que les parece haber estado entre Guantánamo y Auschwitz dos días, pero tal es el grado de narcisismo que no olvidan añadir, delante de enjambres de micrófonos, que peor que ellos lo pasan los palestinos. Por eso los flotantes dicen que ellos ponen el cuerpo, se jactan de poner ellos el cuerpo, colocándose en un lugar ficticio, cuando el cuerpo, en todo caso, lo ponen los gazatíes por ellos. Y en contra de su voluntad, a diferencia de ellos.
Yo no me creo una palabra de lo que dicen, salvo cuando se les escapa. Hanan Alcalde, en la mencionada entrevista de Quico Alsedo, dice sobre su cautiverio: “Bueno, porque a ver, hicimos motines históricos, que si salieran... Toda la noche cantando 'Bella Ciao', y ellas (las guardias) histéricas, y ellos (los guardias) diciéndoles, en lo que entendíamos: "¡Tranquilas, que os están provocando!". Y cantábamos mucho, sólo por Palestina, nos comunicábamos así.”
Una diferencia evidente entre el secuestro y tortura de los flotantes y el secuestro y tortura de civiles israelíes hace dos años: cuando Hamás entró en el festival de música por la paz a sangre y fuego, a diferencia de lo que cuenta Alcalde sobre sus noches mágicas de presidio israelí, todo el mundo dejó de cantar.
Ellos tienen que salvar el mundo. Es su misión. Pero el mundo no se puede salvar sin ellos, eso sería malo para el ego y el negocio. Hablo de los flotantes, los de la flotilla. Siguen con su raca-raca como si Netanyahu y Hamás no se hubieran sentado al fin a negociar; como si el ejército israelí no retrocediera a posiciones tácticas; como si el fin de lo que llaman genocidio no estuviera hoy más cerca que nunca, empujado por la impaciencia de Donald Trump.