No necesito que condenen a Begoña para saber que estoy en una orgía
Lo peor es haber constatado que el Poder Ejecutivo trata de neutralizar a los contrapoderes en cuanto la información veraz empieza a correr
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), y su mujer, Begoña Gómez (d), a su llegada a la 'premiere' de 'El cautivo', de Alejandro Amenábar. (EFE/Juanjo Martín)
Por
Juan Soto Ivars
EC EXCLUSIVO
Forma parte del sentido común que, en las orgías, es preciso levantar la cabeza de vez en cuando de donde quiera Dios que uno la tenga metida y otear el horizonte para establecer un mapa de la situación. Pues lo mismo que con las orgías pasa con la España de Sánchez.
Haré como que no veo que el Gobierno existe gracias a un prófugo de la Justicia a quien se dijo: “Quería usted violar a la Constitución, pero no se preocupe que lo hacemos entre todos con una ley de amnistía”. Pasaré de puntillas sobre el hecho de que va a ser, y me juego los cuartos, una legislatura entera (en-te-ra) sin presupuestos. Haré como que no vivimos gobernados por un cadáver que no puede ni legislar una medida cosmética sin malvender algo del joyero de mamá, y que se la pasa atizando a la política internacional como quien se defiende con una salchicha del ataque de un perro cargado de reproches.
Levantaré la cabeza de la sima y otearé sólo lo judicial.
Lo que pasa en España ahora no había pasado nunca, y no pasaría en ninguna democracia civilizada. Va a juicio el hermano del presidente y también el presidente de una diputación, que según parece enchufó al hermano, tras fracasar el intento del segundo de aforarse a toda prisa; va a juicio el fiscal general del Estado, pese a que borró todos sus mensaje y tiró el móvil por la ventanilla del coche, y tendrán que fiscalizarlo sus subordinados; van a juicio dos secretarios de Organización seguidos del partido que gobierna por una presunta red de corrupción donde no faltan prostitutas, y cuya dimensión recóndita apunta ahora a una posible financiación irregular, con vínculos en Venezuela de un expresidente; y parece que irá a juicio la primera dama, aunque aquí no tenemos de eso, por algo que suena a tráfico de influencias.
De verdad. Todavía hay quien dice que hay que ser prudentes. O que todo se debe a una conjura de periodistas y jueces de derechas. Todavía hay quien saca a relucir la Gürtel y la financiación irregular del PP, y el novio de Ayuso, como si hubiera jueces buenos y jueces malos, y buenos y malos periodistas según la sigla en la que encuentran el fango.
Sinceramente, no necesito averiguar el desenlace del caso de García Ortiz, porque sé que el hombre destruyó pruebas y se niega a dimitir pese al sofoco institucional que provoca su permanencia; y tampoco necesito esperar al veredicto sobre el hermano del presidente, porque la persona que presuntamente lo enchufó intentó aforarse, y de esto no hay dudas; y tampoco preciso demorar mi juicio hasta que se resuelva el juicio de Ábalos, porque el hecho es que el presidente del Gobierno lo apartó primero, pero luego lo dejó inscribirse en las listas por Valencia, y eso no requiere constatación pericial.
Hay quien dice que falta que el Gobierno dé más explicaciones. Yo creo que no hacen falta muchas explicaciones cuando ves a un camello echar polvo blanco por el retrete.
Lo que no sea delito en este Gobierno, y eso lo decidirá la Justicia, el Gobierno ha tratado de encubrirlo cuasi-delictivamente una y otra vez. Así que no, no necesito conocer la sentencia contra la mujer del presidente, ni seguir el juicio, ni escuchar las valoraciones del jurado popular, pues lo evidente es que el presidente Pedro Sánchez reaccionó a las primeras informaciones con un ataque frontal al periodismo independiente, y un buen número de partisanos a sueldo secundaron su cruzada. Y la mayor parte de ellos cobran ahora sueldos envidiables en TV.
Al final, para mí, lo de menos es la posible prevaricación de un fiscal general, o la probable corrupción de dos secretarios de Organización, o el supuesto nepotismo de los familiares. Lo peor es haber constatado que el Poder Ejecutivo trata de neutralizar a los contrapoderes en cuanto la información veraz empieza a correr. Como digo, en medio de la orgía no hay como levantar la cabeza y mirar alrededor.
Si esto pasara en Francia, Alemania o Portugal, leeríamos en esas lacónicas noticias de la sección internacional que tal o cual Gobierno ha caído, y nos parecería lo más normal del mundo. Porque los raros somos nosotros.
Forma parte del sentido común que, en las orgías, es preciso levantar la cabeza de vez en cuando de donde quiera Dios que uno la tenga metida y otear el horizonte para establecer un mapa de la situación. Pues lo mismo que con las orgías pasa con la España de Sánchez.