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Lo que no contaron en el programa sobre Carolina Perles
Carolina Perles se casó con José Luis Ábalos y veinte años después salió de su dormitorio en camisón y se encontró en su casa a Koldo
Carolina Perles se casó con José Luis Ábalos y veinte años después salió de su dormitorio en camisón y se encontró en su casa a Koldo García. Decidió entonces que la cosa se había terminado y se fue a hablar con las feministas del PSOE, Lastra y Maritza Ruiz Mateos, para alertar del putiferio.
Sentarme anoche a ver el programa de cinco horas de entrevista y coloquio sobre la tercera exmujer de Ábalos figuraba entre mis preferencias por detrás de una operación de estiramiento de píloro sin anestesia, pero a las siete de la tarde empecé a recibir mensajes insistentes del periódico con la espantosa sugerencia.
Obedecí y aquí estoy, a la mañana siguiente, intentando poner orden en las notas para dilucidar, tras el espectáculo emotivista, qué nos enseñaron y qué nos ocultaron. Porque hemos de partir de la base de que, en shows de este calibre, tan atiborrados de material jugoso y efectos sonoros de portazo, el reto siempre es aclimatarse al morbo, enfriar el ánimo y destripar el truco.
El programa eran dos, entreverados con astucia. El primero reunió a periodistas de investigación (Garat, Chicote, etc.) con Zaida Cantera, el enigmático portavoz de Aldama y el no menos engimático Aldama, que habló con una cruz en la solapa de millones de euros sin aportar nada nuevo o concreto. Usaban el hilo conductor de las confesiones de Perles para volver a contar lo de siempre: el Peugeot, la moción de censura, el traslado de Ábalos a Madrid como ministro plenipotenciario, la aparición de Santos, Aldama y Koldo, las mascarillas, el viaje de Delcy y la caída en desgracia.
El segundo programa, superpuesto al primero, era del estilo “Rocío Carrasco. Contar mi verdad para seguir viva”. Una mujer sentada mirando a la cámara, iluminación virginal, empoderamiento y lloro; la exhibición de la intimidad de veinte años casada con el mismo diablo contada por la parte que, en oposición al ausente, representa la ingenuidad y la pureza, y todo ello en el formato de la verdad revelada.
En Telecinco, la exmujer hizo el recuento pormenorizado de las pilinguis de Ábalos, de sus traiciones. Parecía que el despecho sentimental la empujaba a destrozar a Ábalos, pero me dio la impresión de que ninguna furcia había tenido un efecto tan devastador en ella como el aizkolari de dos metros. Contó que Koldo la odiaba, que se entrometía, que se colocaba como una muralla entre ella y su exmarido y metía su repulsiva cabeza calva en todas sus conversaciones.
Insinuó que sospechaba que Koldo quería matarla haciendo algo con su coche, dijo que tenía miedo todavía, y culpó al portero de puticlub de haberle quitado a su marido. De manera sutil plegó lo sustancial de su relato a los intereses judiciales de Ábalos: dijo que él había sido manipulado por Santos Cerdán, quien le colocó a Koldo para vigilarlo y pervertirlo con fiestas y putas y corrupción, y que en el partido algo sabían. Señaló que el viaje con parada de Delcy en Barajas fue un marrón que le endosaron Marlaska o Sánchez a su ex.
Ese -el corrupto ministro, el infiel asqueroso- no era el hombre con quien se casó, dijo.
Perles contó un montón de cosas abominables de Ábalos. Describió unas vacaciones en familia en una especie de club de gogós de playa en Canarias, un putiferio total donde la familia había acudido con los niños. Dijo que el crío abría el ordenador y salía porno. Contó que ella preguntaba a su marido qué diablos hacía tanto tiempo fuera de casa y cómo él le mentía, y la anécdota en que Ábalos recuperó su móvil torciéndole el brazo con brutalidad, porque ella quería mirar una foto que se habían hecho y le saltaron catálogos de putas.
Contó que cuando a ella la operaron de cáncer el muy miserable aprovechó de lo lindo, y ella, convaleciente, tuvo que aguantar que su marido convirtiera en queridas y mantenidas a sus amantes prostitutas.
Aunque todo era horrendo, me persiguió durante las cinco horas de visionado del producto una sutil incongruencia narrativa. La historia de un matrimonio fracasado no puede contarse con el testimonio de una sola parte, por más que la otra haya cometido las más sonadas tropelías. La ingenuidad no lo explica todo. Las parejas siempre tienen capas debajo de las historias maniqueas.
José Luis Ábalos ha demostrado ser uno de los manipuladores más desmelenados que nos ha dado la vida política española
Para resolver el misterio, se decretó en antena que Carolina Perlés es una víctima de violencia de género, sentencia sumarísima a la que sólo Javier Chicote intentó oponer un tímido voto discrepante, pero fue acallado de inmediato por Garat, Cantera y Elisa Beni. Había un informe de un catedrático de psicología, mostrado por Garat, y era como si ahí estuviera la demostración científica. Pero yo no quedé plenamente convencido.
José Luis Ábalos ha demostrado ser uno de los manipuladores más desmelenados que nos ha dado la vida política española. La convivencia con un hombre como ese tiene que dejar heridas, y la descripción que hacía Perles de sus tintes autoritarios y su ninguneo eran escalofriantes. Ábalos es perfectamente capaz de envolver a una persona en una red de mentiras, hasta impedirle distinguir la realidad de la ficción. Pero había un elemento oculto en todo el programa que a mí, sinceramente, me hacía dudar de este producto brillantemente confeccionado.
Ábalos es perfectamente capaz de envolver a una persona en una red de mentiras, hasta impedirle distinguir la realidad de la ficción
Porque se habló mucho de dinero, sí, casi siempre en términos de insinuación, pero hubo un pago al que nadie hizo la más mínima alusión y flotaba en el ambiente como una pregunta que nadie formulaba. Me refiero al dinero que le han pagado a Carolina Perles por ir a la televisión a reventar a su exmarido, a la manera típica de la prensa rosa, en un ejercicio editado de sinceramiento, que, sin embargo, no lo traiciona completamente en lo judicial.
Si uno cuenta la verdad cobrando, eso le lleva siempre a calcular los riesgos y los beneficios, y en suma contar sólo la parte lucrativa de la verdad. El programa consiguió aplastar este interrogante con un surtido muy jugoso de obscenidades y corruptelas, algo muy entretenido y hasta cierto punto informativo, pero al término, cuando me fui a dormir, no dejaba de murmurar que, sin conocer ese dato pecuniario, la verdad completa queda lejos.
Carolina Perles se casó con José Luis Ábalos y veinte años después salió de su dormitorio en camisón y se encontró en su casa a Koldo García. Decidió entonces que la cosa se había terminado y se fue a hablar con las feministas del PSOE, Lastra y Maritza Ruiz Mateos, para alertar del putiferio.