¿Qué ocurre cuando un país se queda a oscuras? Lo que aprendimos con el apagón del 28A
El primer episodio del podcast documental de Cellnex, 'Connecting the dots', reconstruye el caos vivido en la Península Ibérica el 28 de abril de 2025, exponiendo la fragilidad de nuestra dependencia digital
"No entiendo nada. Simplemente no sé a quién recurrir". La frase, pronunciada por una ciudadana anónima atrapada en un aeropuerto sin luz y sin cobertura, resume el estado de shock que paralizó a la Península Ibérica el pasado 28 de abril de 2025. Aquel lunes, lo que comenzó como un parpadeo en la red eléctrica se transformó en la demostración de una realidad palpable: la sociedad moderna pende de un hilo invisible que depende del flujo ininterrumpido de la energía y las telecomunicaciones.
El nuevo podcast documental de Cellnex, llamado 'Connecting the dots', ha reunido en su primer episodio las voces de algunos de los protagonistas de aquella jornada para analizar qué sucede cuando el "pulso digital" de un país se detiene.
El apagón del 28A dejó claro que, en un mundo hiperconectado, la falta de señal se traduce en incertidumbre. "El apagón nos dejó a muchos periodistas y medios completamente atascados", relata el periodista español Alberto Gómez. Tal y como transmite, la parálisis inicial de la prensa evidenció que, sin electricidad, la capacidad de contar lo que pasa desaparece.
El silencio informativo no tardó en dar paso a la improvisación. Y ante la caída de las redes digitales habituales, resurgió el viejo "periodismo de calle" y, sobre todo, la radio. Y es que, tal y como recomienda la Unión Europea en sus protocolos para kits de supervivencia de 72 horas —junto al agua y las pastillas de yodo—, la radio analógica se convirtió en el único canal fiable. "Fue un periodismo de servicio puro: decir a la gente lo que necesitaba saber, sin opiniones", reflexiona Gómez.
Mientras en la calle reinaba la confusión, en los despachos de las infraestructuras críticas se libraba una batalla contra el reloj. Víctor Sánchez, director de Operaciones de Radio Televisión Española (RTVE), recuerda el momento exacto en el que la normalidad se rompió: "Estaba caminando por la zona de control y un plató perdió la electricidad. Luego recibí una llamada de Torrespaña: otro estudio había caído. Ahí supimos que no era un incidente aislado".
Sánchez recuerda que la respuesta de la televisión pública se dividió en dos pilares clave: centralización del contenido, unificando todas las emisiones en un único canal premium para televisión y radio, reduciendo el personal necesario al mínimo operativo; y gestión del combustible, auditando el diésel disponible para los generadores y estimando una autonomía de 24 horas. "Hicimos una previsión de compra de emergencia", apunta.
El examen de las 'telecos’
En este punto, en el de la previsión de compra de emergencia, es donde entra en juego la infraestructura invisible. Alfonso Álvarez, CEO de Cellnex España, reconoce que el 28A será una fecha que "nunca olvidará". Desde su perspectiva, el apagón fue un test de estrés en tiempo real.
"Las redes comerciales de telefonía móvil vieron cómo el tráfico se disparaba. Cuando tienes un problema, lo primero que haces es llamar para ver quién recoge a los niños", explica Álvarez. Esa saturación, sumada a la falta de energía en los emplazamientos de otros operadores, provocó caídas de servicio.
En este escenario, las redes críticas gestionadas por Cellnex —las que soportan la radiodifusión (TDT y radio) y las comunicaciones de emergencia (policía y bomberos)— "se comportaron muy bien". Según el directivo, esto no fue suerte, sino Capex (inversión en capital) ejecutado con antelación: baterías, generadores y contratos preestablecidos con proveedores de combustible externos.
El apagón ha dejado una huella en la planificación estratégica del sector. La reflexión final del podcast apunta a un cambio de paradigma en la relación entre operadoras y proveedores de infraestructura. La eficiencia energética ya no se medirá solo en consumo, sino en autonomía. Álvarez anticipa las nuevas exigencias del mercado: "Los operadores nos pedirán contratos con más autonomía energética. Estarán mejor preparados, con cuatro a ocho horas adicionales".
El incidente también ha puesto precio a la seguridad. En un continente donde 520 millones de personas y 200 millones de conexiones 5G dependen de que la luz no se vaya, la lección es que la red "nunca duerme". Y para que no duerma, tal y como sentencia la periodista Adela Úcar, la inversión en sistemas de respaldo dejará de ser una línea opcional en los presupuestos para convertirse en el pilar fundamental de la sociedad digital.
"No entiendo nada. Simplemente no sé a quién recurrir". La frase, pronunciada por una ciudadana anónima atrapada en un aeropuerto sin luz y sin cobertura, resume el estado de shock que paralizó a la Península Ibérica el pasado 28 de abril de 2025. Aquel lunes, lo que comenzó como un parpadeo en la red eléctrica se transformó en la demostración de una realidad palpable: la sociedad moderna pende de un hilo invisible que depende del flujo ininterrumpido de la energía y las telecomunicaciones.