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La labor social de los alimentos que no se consumen en los comedores de las empresas

Jacobo Menéndez

HoFo recoge esos productos frescos cocinados y los transporta a comedores sociales para ayudar a quienes más lo necesitan

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no de cada tres kilos de alimentos que se producen termina en la basura, según los datos que maneja la FAO. El desperdicio alimentario es una realidad que se extiende por todos los eslabones de la cadena de suministro a nivel global. Una contrariedad si tenemos en cuenta que en España hay más de 600.000 personas en situación de inseguridad alimentaria grave. Con el objetivo de acabar con parte de este problema y sus consecuencias económicas, sociales y medioambientales surge HoFo (Hope Food).

Joseba Iza, Javier Erdozain, Javier García y Alberto Suárez son cofundadores de esta empresa de economía social que lleva más de tres años desarrollando un modelo para reducir la pérdida alimentaria mediante un proceso de reabastecimiento dirigido a aquellos estratos sociales que más lo necesitan. Es decir, recuperan alimentos que siguen teniendo todas las garantías para su consumo de comedores colectivos de empresas y pequeños grupos de comercio minorista y los reparten entre diferentes ONG. “Nuestro sistema se basa en casar excedentes y necesidad apostando por un sistema autosostenible”, resume Joseba Iza.

A través de una ‘app’ reciben la petición de un lado y de otro —excedente de comida y necesidad de ella—. Los menús se recogen y reparten en furgonetas refrigeradas y las empresas pueden seguir el desplazamiento de sus excedentes. Trabajan con varios comedores sociales, como el Comedor de Ave María, San Antón o las Hermandades del Refugio, además de centros y residencias. Actualmente gestionan una cadena de suministro con más de 150 puntos de recogida diarios y abastecen a más de una decena de comedores sociales, adaptando el reparto al momento según los posibles picos de oferta.

HoFo surgió de una idea que este grupo de amigos importó desde Estados Unidos, donde los servicios de recogida de residuos se pagan a través de impuestos variables según el volumen de desechos. “En EEUU muchas empresas tiene proveedores que gestionan los excedentes para evitar verse perjudicadas por este sistema. En España es indiferente la cantidad de desperdicio, pero existe la Ley de Mecenazgo, que nos ha permitido financiar los costes que tiene el proceso de reaprovechamiento”, explica el cofundador.

Esta ley estipula que toda donación da derecho a un 35% de desgravación fiscal que las empresas pueden aplicar en el impuesto de sociedades. Las empresas le pagan a HoFo una cuota —que es inferior a la deducción que se les aplica por acogerse a la Ley de Mecenazgo— para que realice esta labor social. “Con ese ‘fee’ nosotros podemos mantener las operaciones, la cadena de seguridad alimentaria y al personal contratado para aprovechar lo que antes se tiraba y hacerlo llegar a los que más lo necesitan”, señala.

“Hemos profesionalizado la donación de alimentos creando unos protocolos que reducen cualquier riesgo alimentario”

Grandes cadenas de restauración ya forman parte de esta red solidaria, como el Grupo Vips o Rodilla. “También trabajamos con empresas como Banco Santander, que lo hacen de manera altruista sin deducir el coste de la Ley de Mecenazgo porque quieren dar salida a los excedentes de sus comedores para empleados”. Las instalaciones de la entidad en la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte, en Madrid, entregan una media de 5.150 comidas diarias a sus empleados de lunes a jueves. Gracias a la colaboración con HoFo, una vez finalizado el horario de comidas de los distintos restaurantes, los alimentos cocinados que no han salido de las cocinas son donados. Mayoritariamente son guisos de legumbres, arroces, platos de pasta y guisos de verdura. Solo con estos excedentes han conseguido ofrecer 30.000 comidas. Estas donaciones se enmarcan dentro de la iniciativa #Cenasparatodos, que comenzó a realizarse en la sede de Santander España.

La diferencia con respecto a otras entidades que realizan un trabajo similar es que ellos trabajan con productos frescos, por eso su labor entre el origen de la comida y el destino de la misma es fundamental. “Adoptamos las medidas higiénico-sanitarias que nos garanticen la reducción al máximo de cualquier riesgo alimentario, lo transportamos hasta los comedores sociales y nos aseguramos de que estos cumplen con las medidas necesarias”, explica Joseba. Un proceso en el que cada fase tiene un protocolo definido y “si en algún punto de la cadena no se cumplen los requisitos, descartamos el lote”. Recogen la comida apenas unas horas después de cerrar los comedores. La comida, eso sí, debe consumirse el mismo día.

Su labor no solo tiene impacto en cada individuo al que consiguen ayudar sino también en el medio ambiente y el cambio climático.“Nuestros clientes reciben un certificado en el que detallamos la cantidad de alimentos donados y en el que incluimos un cálculo de las emisiones de CO2 evitadas gracias al reaprovechamiento”. El año pasado le ahorraron al planeta 171.469 kilos de CO2. Evitar el desperdicio de alimentos es el primer paso para reducir la demanda de recursos naturales.

“Queremos que el proyecto crezca para ayudar al mayor número de personas”

Un proyecto de emprendimiento de base social con el que Joseba y sus socios no aspiran a ganarse la vida. Cada uno de ellos tiene otras formas de obtener ingresos y los beneficios de HoFo se reinvierten para mejorar las condiciones de los trabajadores o mejorar los procesos. “Queremos que el proyecto crezca para poder contratar a más empleados y ayudar al mayor número de personas posible”, aclara.

Una idea que se hace más evidente tras la crisis del covid-19 que trae efectos sociales devastadores. “Los centros asistenciales están absolutamente desbordados y vemos a gente que nunca antes había acudido a comedores. Por eso, queremos que las grandes organizaciones, que han colaborado ayudando con equipos y material para los sanitarios, den el siguiente paso, ayudar a los más afectados por la recesión económica que se avecina”. Durante la desescalada están trabajando para que 100 grandes empresas con comedores para empleados donen la comida que no se consuma cuando todo vuelva a la normalidad y aumentar así, el número de personas a las que pueden ayudar.

A largo plazo, siguen pensando en expandir el proyecto, que estiman que puede funcionar en núcleos urbanos de más de 100.000 habitantes. “Es un modelo escalable en grandes ciudades, donde el ritmo de vida es más rápido y hay más concentración de personas. Actualmente operamos en Madrid y tenemos un piloto en Barcelona. Nos encantaría poder empezar en otras ciudades como Sevilla o Valencia, pero dependemos de la oferta y de la demanda”, apunta.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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