Hacia un futuro mejorPowered by

Adoptar un árbol, un animal o una huerta: el nuevo modelo de consumo sostenible

Nerea Parada

Los hermanos Úrculo lanzaron hace cinco años Crowdfarming un canal de compra-venta directa bajo demanda del consumidor

L

as modas gastronómicas han ido cambiando a un ritmo vertiginoso en los últimos años. Hemos vivido el ‘boom’ del aguacate, del kéfir o de los edamames y también de los alimentos ecológicos, que se han hecho un hueco en nuestras despensas. Las modas han dado paso a una concienciación cada vez más patente de la necesidad de comer bien sin que eso signifique dejar de lado el cuidado del medio ambiente.

Y de ese ‘mantra’ surgen nuevas iniciativas como Crowdfarming, una nueva vía de consumo sostenible que permite a los clientes adoptar un árbol, un animal o una huerta y recibir alimentos frescos y ecológicos producidos exclusivamente para ellos. La oportunidad la vieron clara hace cinco años los hermanos Gonzalo y Gabriel Úrculo después de llevar cinco años vendiendo naranjas online.

En 2010 Gonzalo trabajaba en logística y Gabriel en diseño industrial. Decidieron recuperar un huerto que tenían sus abuelos en Valencia y convertirse en agricultores de naranjas y mandarinas. Y su idea fue ambiciosa: vender sus cítricos fuera de España. “En 2010, si buscabas en internet ‘Comprar naranjas’ aparecían muchas empresas que ya vendían este producto online. Pero si ponías ‘Orangen kaufen’, que significa comprar naranjas en alemán, no había ningún resultado. Ahí vimos nuestra ventana de oportunidad y creamos Naranjas del Carmen, que fue la semilla de Crowdfarming”, narra Gonzalo Úrculo.

En 2015, cinco años después de su exitosa idea de exportar naranjas de Valencia, el mercado estaba cada vez más globalizado y “los agricultores y consumidores buscaban canales de compra-venta directa”, explica Gonzalo. Para los dos hermanos, aquello era un “escenario favorable” y decidieron lanzar la idea del ‘crowdfarming’ —una mezcla de ‘crowdfunding y ‘farmer’ (granjero)—, una nueva vía de venta sostenible y transparente en la que ofertar no solo cítricos sino todo tipo de alimentos ecológicos: aceite, vinagre, fruta, verdura, miel, queso o leche. ¿Cómo? ‘Adoptando’ la colmena para comprar luego su miel o el árbol que suministrará los frutos.

Este modelo de producción ecológico elimina los intermediarios e incentiva el turismo agrícola, ya que los clientes pueden hacer visitas a los agricultores y ganaderos a los que compran los productos. También evita el desperdicio de alimentos de origen. “Cuando haces al consumidor partícipe del proceso de cultivo, deja de comprar por los ojos”. No solo se recolectan productos que sean bonitos, sino todos aquellos que organolépticamente sean válidos. Además, “trabajar bajo demanda permite saber con antelación qué cantidad de producto se va a consumir, y por lo tanto, qué cantidad de producto se va a cultivar”, afirma el cofundador.

“Trabajar bajo demanda permite saber qué cantidad de producto se va a consumir, y por lo tanto, qué cantidad de producto se va a cultivar”

El contacto directo con los clientes se ha convertido en un factor clave. “Nos dimos cuenta de que nuestros consumidores no solo querían saber el precio al que le íbamos a vender los productos, sino también cómo los habíamos cultivado, cuánta agua habíamos utilizado, qué estábamos haciendo para reducir el impacto ambiental de nuestro cultivo o cuánta gente podíamos contratar”. Los consumidores se preocupan cada vez más por el impacto que tienen sus decisiones de compra en la sociedad y en el medio ambiente. “Son más conscientes y a su vez más consecuentes”.

Y la comunicación es bidireccional. Igual que ellos mantienen a los consumidores informados durante todo el proceso de producción, los comentarios de los clientes, a los que internamente llaman presidentes, les ayudan a ofrecer un servicio cada vez más personalizado. “Nuestro abuelo se dedicó a cultivar y vender naranjas durante 30 años y nunca supo nada sobre su consumidor final. Sin embargo, esta información es básica para el desarrollo de nuestro modelo de negocio”.

A nivel europeo, España se ha convertido en el país líder en la producción de alimentos ecológicos. Sin embargo, en cuanto al consumo, “los países del norte de Europa nos llevan años de ventaja y es ahí donde tenemos a nuestros principales clientes”, comenta Úrculo. Los españoles hacen un gasto per cápita al año de 46,6 €, cifra que se encuentra lejos de los 312 € de Dinamarca o Suiza.

En la actualidad, el ecosistema da trabajo a 45 personas y a más de 70 productores de ocho países (España, Alemania, Austria, Francia, Hungría, Italia, Filipinas y Colombia). En total producen alimentos para más de 120.000 familias de 28 países diferentes. La modernización de un negocio familiar agrícola de naranjas en un negocio sostenible de futuro, gracias a la Financiación del fondo Smart de Banco Santander, ha permitido a Gonzalo y Gabriel apostar por un sector primario imprescindible para las sociedades. No solo eso, el crowdfarming está digitalizando el campo, abriendo a los agricultores a canales digitales de comercialización y a potenciales clientes a los que no podrían haber llegado de otra manera.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

Artículos relacionados

Hacia un futuro mejor