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Domesticando microorganismos contra la contaminación extrema

Tomás Muñoz M.

Un grupo de investigación de la UCM mejora genéticamente determinadas cepas para que capturen residuos problemáticos y los degraden

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a capacidad del ser humano para adaptarse a los cambios es casi tan infinita como la cantidad de recursos que el planeta Tierra pone a su disposición. Ante una crisis climática sucedida hace más de 9.000 años, los hombres y mujeres de aquella época impulsaron la llamada Revolución Neolítica, momento en el que comenzó la domesticación de animales y plantas. De la transición hacia la ganadería y la agricultura surgieron posteriormente las primeras civilizaciones urbanas. Actualmente, el cambio climático también es una amenaza real y constante que obliga a buscar soluciones tan novedosas como aquellas. Sin embargo, en esta ocasión, la domesticación se centra en minúsculos —casi invisibles— microorganismos, que son capaces de desplegar un potencial ilimitado en numerosos campos.

En esta dirección trabajan los responsables del grupo de investigación Albiotox (acrónimo de Biotecnología de Microalgas: Producción y Toxicidad) de la Universidad Complutense de Madrid, quienes llevan más de tres décadas averiguando cómo los microorganismos, en particular las algas, pueden aportar soluciones innovadoras para reducir la contaminación ambiental provocada por los humanos, sobre todo en sectores que generan un impacto ambiental extremo.

Su trabajó comenzó cuando Victoria López Rodas y Eduardo Costas Costas, catedráticos de Genética en la Facultad de Veterinaria, se hicieron eco de un llamamiento internacional de la comunidad científica que pretendía poner el foco de atención sobre los efectos del cambio climático global. “En ese momento nos planteamos pasar de la investigación básica a la aplicada —explica el profesor Costas—, y comenzar a trabajar con empresas de todo tipo y administraciones públicas que necesitaran nuestros conocimientos”.

Después de publicar cientos de trabajos en revistas científicas, recibir diferentes premios de investigación, patentar varios desarrollos industriales protegidos y colaborar con grandes empresas, el grupo cuenta con una de las mayores y más importantes colecciones de cepas de algas aisladas de todos los lugares del mundo. “Trabajamos con microorganismos que son capaces de capturar uranio o radioisótopos, incluso algunos pueden aprovechar metales valiosos que se encuentran en los restos de chatarra y desechos que no se han podido reciclar”, aclara el investigador.

“Trabajamos con microorganismos que son capaces de capturar uranio o radioisótopos”

Costas tiene claro que el objetivo final es que estos diminutos seres vivos trabajen para el ser humano. Para ello, su investigación se basa en “mejorar genéticamente determinadas cepas mediante selección artificial para que puedan hacer cosas muy específicas, casi siempre capturar algún residuo problemático y degradarlo, o aprovechar algún material valioso”. Aunque también existen otras aplicaciones, como los biosensores: “Algunos microorganismos son extremadamente sensibles a determinadas sustancias contaminantes y nos avisan sutilmente de su presencia, por ejemplo mediante la emisión de bioluminiscencia de alguna molécula”. Costas matiza que este proceso es “similar” a la tradicional técnica de utilizar un canario en las minas para detectar gases peligrosos o “la trucha que empleaban los romanos en sus abastecimientos de agua”.

Hasta ahora, eran sobre todo los sectores alimentario y farmacéutico los que basaban su actividad en ‘domar’ microbios. Pero más allá de las bebidas fermentadas, los productos lácteos y la penicilina de Alexander Fleming, otras aplicaciones pasan por la obtención de energía o la captura de CO2. De hecho, las compañías relacionadas con el medioambiente también pueden haber encontrado su piedra filosofal. El profesor Costas recuerda que “los seres humanos no reciclamos la mayoría de nuestros desechos y este proceso se realiza en gran medida en la biosfera, gracias a los microorganismos, por eso nuestro trabajo consiste en cogerlos, hacerlos crecer y liberarlos en los lugares indicados”.

Algunos microorganismos “nos avisan de la presencia de sustancias contaminantes”

El grupo de investigación ha recorrido el mundo en expediciones científicas buscando seres vivos microscópicos, siempre movidos por alguna premisa llamativa. Costas pone el ejemplo de lo ocurrido en La Patagonia (Argentina) cuando la Standard Oil Company abandonó un pozo de petróleo poco rentable: “El crudo continuó saliendo al exterior y contaminó gravemente un río que, cinco kilómetros aguas abajo, ya no presentaba contaminación porque los microorganismos lo habían depurado”. Un caso paradigmático en esta misma dirección es Chile, “donde el 25% de la extracción de cobre se realiza mediante bacterias mineras”, apunta Costas. En España se trabaja recogiendo sustancias actualmente prohibidas como el Lindano o aprovechando el Uranio 235 que hasta ahora era desperdiciado tras su centrifugado.

A pesar de que Costas reconoce que la mayoría de los alumnos y alumnas más brillantes han terminado desarrollando su actividad en Estados Unidos, también destaca el hecho de que algunos de ellos decidieran retornar y trabajar para empresas españolas o incluso lanzar su propia ‘startup’ biotecnológica con el apoyo del grupo y la universidad. “El futuro pasa porque las empresas se den cuenta de los beneficios que aporta la investigación, que la administración se adapte y facilite las cosas y, sobre todo, que la mentalidad científica no solo se centre en la siempre imprescindible investigación básica, sino que también busque una aplicación real”, concluye el científico. Costas, además, pone el ejemplo de Louis Pasteur, quien “siempre estuvo muy interesado en la aplicación práctica y, de hecho, ganó la mayor parte del dinero con levaduras para cerveza y vino, lo que le permitió financiar su investigación sanitaria relacionada con las vacunas”.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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