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Aprender a programar con tres años y sin pantallas

Ángela Sepúlveda

The Ifs son cuatro cubos que se iluminan, vibran y se comunican entre ellos gracias a sencillas piezas que se colocan sobre sus cabezas

E

n un mundo en el que las pantallas táctiles son un elemento demasiado cotidiano para los más pequeños, cuatro jóvenes españoles han decidido utilizar sencillos juguetes para que niños que no saben leer aprendan a programar. “La programación será el lenguaje del futuro”, explica Esther Borao, CEO de The Ifs.

Emma, Noah, Holly y Liam son una familia de cubos que se comunican entre sí a través de unas fichas con acciones -condición y acción- que se ponen encima de su cabeza. Por ejemplo, si ponemos a Emma boca abajo (condición), llama a Liam (acción); si a Liam le llama Emma, se enciende una luz roja. Es decir, cuando Emma se pone boca abajo, Liam enciende su luz roja. No es lo único que pueden hacer. También vibran, hacen sonidos, son sensibles al movimiento, la temperatura...

Las piezas con acciones no dejan de ser instrucciones que se combinan como si fueran un código, aunque para los niños es un mero juego. “Queremos hacer llegar la tecnología a los niños de una manera sencilla. Con la programación tangible pueden crear sus propias historias y desarrollar la creatividad”, explica esta ingeniera industrial especializada en robótica.

Los cuatro personajes y su forma de funcionar impulsan el pensamiento lógico, porque establecen reglas y condiciones de forma divertida, pero también aumentan su creatividad y les enseña los pasos más básicos de la ciencia.

Los colores de los cubos no son aleatorios. Los cuatro españoles quieren animar a las niñas a entrar en el mundo de la robótica y la ciencia. “Una de las cosas que me di cuenta es que los robots se los compraban a niños, no a niñas. Por eso decidimos hacer una herramienta educativa visual alejados de los tradicionales colores rosas para que puedan entender que ellas también pueden jugar con la tecnología”, apunta Borao.

Los cuatro cubos impulsan el pensamiento lógico, aumentan la creatividad y enseñan los pasos básicos de la ciencia

Después de dos años de creación e investigación, tienen en sus manos el prototipo. Ya lo han probado con niños, con resultados muy positivos. Los ‘conejillos de Indias’ han sido los sobrinos de la propia Esther, que se quedó maravillada cuando descubrió que podían inventar sus propias historias. “Mi sobrina se inventó que uno de los cubos era una princesa, que se caía por un barranco. Entonces llamaba al príncipe para que le rescatara”, utilizando esa condición y acción de las piezas que hay que colocar encima de su cabeza.

Solo con el prototipo, The Ifs ya cuentan en su currículum con varios premios, entre ellos el Premio Explorer Zaragoza 2017 de Banco Santander, que les permitió viajar a Sillicon Valley, tras una formación de alto rendimiento en emprendimiento durante cinco meses como parte de este programa; pero también el Iberus-CLH Emprende, el Ideas Camp o el Elle Talent Proyect. Ahora toca sacarlo al mercado y llenar las estanterías de las jugueterías. Lo quieren hacer a través del crowdfunding, recurriendo a Kickstarter, la plataforma para financiar proyectos de música, cómics, periodismo o videojuegos.

Los colores no son aleatorios. Los cuatro españoles quieren animar a las niñas a entrar en el mundo de la robótica y la ciencia

“Necesitamos 300.000 euros para fabricar 1.000 juguetes”, apunta la cofundadora. En ese presupuesto se incluyen los moldes, la electrónica… Además, entre sus planes está poder venderlos en España y también fuera. “Creemos que el juguete no tiene barreras de lenguaje y que pueden llegar a EEUU, donde están tecnológicamente más avanzados”. Si The Ifs salen adelante, ya tienen idea de ampliar la familia de cubos para enseñar a niños de más edad, con un programa de ordenador -aquí sí llegan las pantallas- que ejercería de tío de Emma, Noah, Holly y Liam y les daría órdenes.

The Ifs no es la primera idea que Esther y sus compañeros han desarrollado. Varios de ellos han abierto ‘Academia de inventores’ en Zaragoza, en colaboración con la editorial Edelvives, donde el año pasado formaron a 100 alumnos entre tres y 18 años en electrónica, robótica, programación y ciencia. Además, hace tres años idearon una brújula inteligente para ciclistas que puede guiarles hasta el destino sin especificar el camino, para que ellos elijan su propia ruta. Así evitan que estén mirando el móvil y se pongan en peligro. Y hace tres años, Esther formó parte del grupo de cuatro personas que ganó un premio de la Nasa gracia a su tecnología para mover objetos con la mirada. Como dice la propia Esther “ideas no nos falta, solo nos falta dinero”.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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