LA ODISEA DE UN GUIONISTA PALENTINO

"Me robaron la cámara, la recuperé y me vengué: la Guardia Civil no hizo nada"

Alberto sabía dónde estaba su cámara, pero las autoridades no le ayudaron a recuperarla

Foto: Imagen del ladrón en la tarjeta de la cámara.
Imagen del ladrón en la tarjeta de la cámara.
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Alberto es un guionista de Palencia que vive en Londres desde hace ocho años. Es el encargado, entre otros menesteres, de traducir los subtítulos de las series que vemos en Netflix y HBO. El 6 de septiembre del año pasado, aterrizó en Barcelona para visitar el festival de Sitges y vivió una aventura propia de un libreto de Hollywood. "Nada más bajar del avión, me di cuenta de que me había olvidado mi cámara sobre el asiento, así que pedí a la tripulación regresar a por ella", dice a este periódico.

No se lo permitieron por motivos de seguridad pero, a base de insistir y ganarse al personal de tierra, Alberto consiguió que llamasen a uno de los limpiadores del avión, quien confirmó que la cámara estaba allí y que la dejarían en objetos perdidos. Se trata de una cámara Black Magic, valorada en más de 1.000 euros sin complementos y concebida especialmente para grabaciones digitales. Al siguiente día Alberto regresó a por ella y empezaron los problemas: "La aerolínea me dijo que no habían encontrado nada en el avión y que era imposible que me hubieran dicho que la cámara estaba allí", dice.

La aerolínea se desentendió, de modo que Alberto se personó en un puesto de la Guardia Civil en Sitges para interponer una denuncia. Nada sucedió. A los dos meses encontró su cámara en Wallapop, un portal de venta de objetos de segunda mano: "Por entonces estaba en Madrid. Como el caso lo estaba llevando la Guardia Civil, para ampliar la denuncia tuve que irme a un cuartel a las afueras de la ciudad, porque en el centro no hay. Estuve más de cinco horas esperando para actualizarles la situación, pero nada, me tuve que volver a casa sin que me atendieran", explica el palentino.

La aerolínea me dijo que era imposible que la cámara estuviese allí

"No lo comprendo. En Wallapop tenían los datos del vendedor y estaban dispuestos a dárselos a la Guardia Civil, bastaba una llamada para recuperar mi cámara, pero no la hicieron", lamenta. El guionista estaba convencido de que era su cámara, porque había reconocido en las fotos un objetivo y sus complementos, demasiado específicos como para ser una coincidencia. Ante la inacción de la Guardia Civil y los Mossos, Alberto consideró la opción de presentarse en Barcelona, quedar con el vendedor y, una vez con la cámara entre sus manos, echar a andar hacia un agente y cruzar los dedos para que todo saliese bien.

No hubo tiempo. Cuando quiso hacerlo, su cámara ya viajaba hacia un nuevo hogar en Valencia. Alberto tuvo que volver a ampliar su denuncia y se puso en contacto con el comprador: "Le expliqué la situación y fue muy comprensivo. Comprobamos que coincidía el número de serie y le pedí que, por favor, llevase el aparato a la Guardia Civil para que me lo devolvieran", relata el guionista. El comprador lo hizo pero, una vez allí, le pidieron el número de denuncia y, cuando todo parecía arreglarse, se volvió a liar: "Les di el número de diligencia y al rato el comprador de Valencia me llamó indignado, porque al parecer era una denuncia por el robo de una casa en Sitges, no era de mi caso", explica. "El valenciano creyó que estaba intentando timarle y dejó de cogerme el teléfono. Te puedes imaginar mi desesperación intentando recuperar mi cámara desde Londres", afirma Alberto.

Entonces tanto el comprador como la Guardia Civil le dijeron que se olvidase, que aquella no era su cámara, pero Alberto no se rindió. Estaba empeñado en demostrar el robo y encontró una prueba definitiva: los metadatos de las imágenes. Es una información que tienen las fotos digitales y que identifica no solo con qué aparato se tomaron, sino también dónde, cuándo y cómo. "Vi que el comprador valenciano trabajaba en producción audiovisual y me hice pasar por un director de documental. Le pedí una cosa sencilla, un plano fijo del ayuntamiento de su pueblo, con la excusa de que nos faltaban recursos para estrenar el documental".

El plan funcionó. Alberto recibió el plano y pagó por el encargo. Una vez en su casa, descubrió que, efectivamente, se había grabado con su cámara. Con las pruebas en mano, volvió a España y amplió por tercera vez la denuncia. Ayer se celebró el juicio: "Al final resultó, oh sorpresa, que me la había robado un miembro del personal de la aerolínea, algo que me habían negado decenas de veces, y que se la dio a un amigo suyo para que la vendiese. Fue muy incómodo, porque nos metieron a los tres en una salita minúscula, sin móviles, a la espera del juicio", dice Alberto.

El ladrón fue condenado a un mes de prisión y una multa de 1.000 euros por apropiación indebida, pero Alberto aún no ha recuperado la cámara. "Está en un juzgado de Valencia, pero dicen que no pueden enviarla a Londres, que ellos "no hacen eso", así que tendré que volver a España a por ella", lamenta el guionista. Lo que sí le entregaron en el momento fue la lente de la cámara y la tarjeta de memoria, que no habían sido vendidas, y fue allí donde encontró Alberto resarcimiento.

"Me devolvieron la tarjeta con más de 8.000 imágenes y vídeos personales del ladrón. No me lo podía creer, el tipo quería hacerse 'youtuber' y tenía cientos de vídeos humillantes", explica, de modo que el palentino los ha colgado en Twitter como venganza. En algunos, el ladrón incluso sostiene ante la cámara que "me la compré hace nada porque me la podía permitir, no es tan cara", además de mostrar fotos de cientos de productos presuntamente robados que también vende en Wallapop.

Ahora a Alberto le están llamando las televisiones y los medios de todo el país. Está superado por la repercusión de su historia y solo quiere recuperar su cámara y cerrar este capítulo cuanto antes. Su última reflexión va para la Guardia Civil: "No es que las autoridades no me hayan ayudado, sino que han entorpecido el proceso. No comprendo que no pudiesen actuar rápidamente cuando la tenían localizada. Tampoco que me diesen números erróneos, porque en ese momento podríamos haberla recuperado y ahorrarnos el juicio", lamenta. "Lo bueno es que a lo mejor me vuelvo a Londres en Fly Emirates solo por joder, porque las costas las paga el ladrón", bromea.

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