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Complubot, el conservatorio de la robótica educativa

Ana Gómez

Eduardo Gallego puso en marcha hace ya más de 15 años una asignatura extraescolar donde enseña mecánica, electrónica y programación

E

ntrar en las instalaciones de Complubot en Alcalá de Henares (Madrid) es una experiencia similar a la primera vez en una juguetería. Cables, sensores, premios de robótica en las vitrinas y, si tienes suerte, puedes ver caminar a la réplica gigante del robot True True en un espacio en el que todo este despliegue es secundario. Porque Eduardo Gallego enseguida aterriza al visitante: esto no es una tienda ni un taller, es un centro de alto rendimiento de robótica educativa.

Complubot nace en 2003 como una asignatura extraescolar en un centro de Alcalá de Henares de la mano del AMPA y como un experimento para introducir la robótica educativa en niños de Primaria”, explica este investigador, ante todo un apasionado de la educación que ha desarrollado un sistema con el que ahora mismo están aprendiendo esta disciplina 50.000 niños de toda España. Por eso, previo aviso sobre su sinceridad y vehemencia, afirma que alrededor de la tecnología “hay un ‘postureo’ que mata”.

Porque de nada sirve contar en clase con cinco impresoras en 3D, 17 ordenadores y 25 tabletas cuando, en determinados momentos del aprendizaje, “es más útil que el niño recorte con las tijeras”. ”La innovación en la tecnología va más por el aspecto didáctico que por las herramientas de última moda tecnológica. Es la didáctica de la robótica educativa el pilar que tenemos que trabajar si queremos conseguir mejorar resultados”, asevera.

“Complubot existe porque el sistema educativo de nuestro país es como es. Si fuese de otra manera seguramente no habría ninguna necesidad de que existiese”, comenta con rotundidad Gallego. Los chicos de Primaria y Secundaria que van a este centro siguen una metodología que estructura el conocimiento y que refuerza “aspectos que se deberían dar en clase y no se dan”. Como por ejemplo, mecanismos de prueba y error que obliga a los niños a equivocarse, a trabajar en equipos homogéneos con respecto al parámetro ‘ganas de hacer cosas’ y, en definitiva, a “desarrollar la capacidad de innovación” en una infancia que a su juicio está “sobreestimulada” y que no se da el lujo de aburrirse (ni de inventar, en consecuencia).

Trabajan con mecanismos de prueba y error, que obligan a los niños a equivocarse

De manera que, frente a la molestia que esto genera en algunos padres, los chicos no pasan las dos horas de clase trasteando con máquinas. Hay un tiempo destinado a lo que Gallego denomina como el “dar cera, pulir cera” de su método, y que obliga a los alumnos a “observar, clasificar, explicar, exponer, defender y comunicar” su proyecto. “Todo eso es la base de herramientas de trabajo tan importantes como el método científico” y prepara el campo de cara al momento en que sea oportuno empezar a hablar de “pensamiento computacional”.

“La robótica educativa tiene aspectos que son muy interesantes y muy importantes dentro lo que es la formación del niño. Hay aspectos que son curriculares tecnológicos, transversales como las matemáticas, la ciencia, la lengua... Todos los aspectos del conocimiento, la parte artística, la parte creativa. La robótica educativa es, sobre todo, un elemento motivador”, explica Gallego.

Resumiendo, Complubot ofrece una formación en su “centro de excelencia en robótica educativa” que se sirve de hasta 14 plataformas distintas y se asemeja a un “conservatorio” porque dura unos nueve años en los que se trabajan los tres aspectos fundamentales de esta disciplina: mecánica, electricidad electrónica y desarrollo del pensamiento lógico o programación. Pero es que, además, ha capacitado ya a un millar de profesores españoles y extranjeros, sobre todo latinoamericanos y ha llevado el ‘Complubot smart project’, un “destilado” del método de trabajo desarrollado en el centro a los colegios que no tienen experiencia para que puedan dinamizar la robótica educativa con material propio.

True True es un robot con el que los niños pueden diseñar una secuencia de programación que les permite contar un cuento

Complubot desarrolla productos de hardware y software, pero también ha sellado acuerdos con empresas de Reino Unido y Corea del Sur, que suministran la tecnología, mientras que el equipo ofrece la capa educativa. Este es el caso de True True, un simpático robot asistencial con el que los niños de Primaria pueden diseñar una secuencia de programación que les permite contar un cuento sobre el escenario que plantean los cuadernos de Complubot. Esto es, los niños ‘alimentan’ a “True True” con tarjetas de colores y lo programan para que haga un recorrido concreto sobre las páginas del material docente en cada uno de los ejercicios.

Se trata de hacer entender al niño el “comportamiento reactivo” de un robot, que comprenda que las cosas suceden porque ellos lo disponen, y en esta tarea, el profesor queda en un segundo plano, sin dar indicaciones ni resolver problemas sobre la marcha. El robot concebido como un sistema autónomo con inteligencia artificial que toma sus propias decisiones porque el niño así lo ha programado.

“Lo que buscamos es el desarrollo de ciertas habilidades, como que los niños sean capaces de imaginar soluciones no vistas”, añade Gallego. Porque “sea cual sea la profesión del futuro, seguro que eso va a ser útil”.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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