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Las personas con discapacidad intelectual también tienen derecho al ocio

Ángela Sepúlveda

A Toda Vela nació hace 20 años ante la necesidad de ayudar a estos niños a hacer y mantener amistades en su tiempo libre

I

sabel Guirao lo reconoce: con 18 años se enamoró del trabajo con personas con discapacidad intelectual. Estudiaba psicología pero un voluntariado universitario le cambió la vida. Empezó a ir a clases por las tardes para poder acudir a un colegio y trabajar con estos niños. Terminados sus estudios, aprobó su oposición para ser orientadora escolar y eligió los colegios de integración. Pasados los años, y ya con dos hijos, se dio cuenta de una cruda realidad. Los niños con discapacidad intelectual no tenían planes de ocio y ni siquiera sabían qué les gustaba.

“Como orientadora me metía en las clases para saber cómo se relacionaban los compañeros de clase. Cuando les preguntaba a los niños con discapacidad qué habían hecho el fin de semana me decían que habían estado con sus padres, con sus abuelos… Y mis hijos habían jugado al fútbol, habían hecho fiesta de pijamas…” Además, Isabel observó que cuando había reparto de invitaciones para los cumpleaños, los niños se saltaban a sus compañeros con discapacidad intelectual “y los padres no les corregían. Aquello me pareció terrible”.

Con la idea rondando en su cabeza, apareció un artículo en un periódico que hablaba del cambio de vida de una madre y su hijo con autismo tras un programa de ocio que le había permitido tener amigos. Y la bombilla se encendió. Isabel se unió a otras cuatro mujeres -dos de ellas madres de niños con discapacidad- para montar una ONG de ocio inclusivo en Almería. “Y le pusimos el nombre de A Toda Vela para diferenciarnos del resto de asociaciones, que tenían unos nombres horribles. Es un nombre que habla de mar, de verano… Y ha sido un acierto”.

Los inicios no fueron fáciles. Los niños no sabían qué les gustaba así que lo primero que hicieron fue llevarles a un karaoke. Después de tres días con la misma actividad decidieron probar en una bolera. “Pero solo querían ir al karaoke. Así que les obligamos a jugar a los bolos y al día siguiente ya había unos que querían cantar y otros ir a la bolera”.

"A la ONG le pusimos A Toda Vela para diferenciarnos del resto. Es un nombre que habla de mar, de verano… Y ha sido un acierto"

De aquello hace ya 20 años. “Entonces la discapacidad tenía que ver con la rehabilitación, pero nosotros nos dimos cuenta de que antes que personas con discapacidad eran niños, con intereses, con sueños”. Hoy son una gran comunidad de voluntarios y personas implicadas en un ocio inclusivo, es decir, en la realización de actividades al aire libre donde también se implican los vecinos. Tienen grupos de batucada, fútbol, baloncesto… “La verdad es que tenemos a toda Almería pringá”, reconoce Isabel, una de las primeras emprendedoras sociales seleccionadas por Ashoka.

El ocio no es solo pasarlo bien, también les ha permitido “crecer como personas”. “Se mueven mejor en el medio, cogen el bus, saben donde está la información, donde están los espacios públicos, los teatros… El ocio les permite desarrollar roles de ciudadanía. Por primera vez son clientes de unos servicios, donde pueden reclamar, o son considerados aficionados”.

“El ocio les permite desarrollar roles de ciudadanía. Por primera vez son clientes de unos servicios, donde pueden reclamar”

A Toda Vela también tiene otra labor, la de la mediación. Si alguno de los chavales quiere realizar una actividad, buscan un sitio donde les acojan, realizan la labor de apoyo durante un tiempo hasta que la relación entre unos y otros se normaliza. De igual manera con la integración en el trabajo. “Ellos también quieren tener dinero para gastar en ocio, viajar, vivir en sus propios pisos…”.

La labor de esta ONG ha tenido un gran impacto en la comunidad de vecinos, también a ellos les han enseñado a relacionarse con las personas con discapacidad y a saber cómo comportarse. “La gente les ha perdido el miedo, les saludan por la calle”.

Los próximos planes de la ONG se centran en conseguir ayudas para las actividades de ocio y en el futuro a largo plazo de estas personas, cuando sus padres no estén. Que puedan, por ejemplo, quedarse en sus casas cuando falten sus progenitores, “acompañarlos con dignidad y de la manera más inclusiva posible”.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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