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De Elche a la conquista del espacio

Jaume Esteve

PLD Space puede convertirse en la primera empresa española en colocar cualquier tipo de carga en la órbita terrestre

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olo una docena de países en el mundo tienen capacidad para lanzar cargas al espacio, de Estados Unidos a Rusia pasando por China, Japón, India o Corea del Norte. Raúl Torres, CEO de PLD Space, está empeñado en que España se convierta en el próximo miembro de esa ilustre lista. Quiere conseguirlo el año que viene gracias a un lanzador llamado Arion 1 que será capaz de colocar 100 kilos de carga útil - por ejemplo, experimentos científicos o tecnológicos - hasta una altura de 150 kilómetros en un vuelo suborbital que garantizaría entre tres y cinco minutos de microgravedad, de casi ingravidez. Esto convertiría al Arion 1 en un laboratorio en el espacio para realizar pruebas que necesitan de esa ingravidez.

Todo comenzó en un entorno universitario. Torres estaba estudiando ingeniería aeronáutica y gracias a su hermana entró en contacto con quien sería su principal socio, otro Raúl, de apellido Verdú y apasionado por la velocidad. “Estaba muy metido en temas de motos y de Fórmula 1 pero le convencí de que la velocidad de verdad estaba en otro sitio”, apunta Raúl.

La historia de PLD podría ser la de cualquier startup que, desde un pequeño local, crece de manera gradual hasta lograr sus objetivos. Pero para llegar a ese punto todavía tiene que lanzar con éxito ese Arion 1 que debería abrir la puerta, en 2021, al Arion 2, un cohete que ya podría colocar cargas en la órbita terrestre. Por el momento, la compañía emplea a 50 personas.

El motivo de que haya costado tanto tiempo y dinero lo explica el propio sector en el que PLD se desenvuelve. “Hay muchas cosas que no se pueden probar y tienes que simularlas. Y esa simulación cuesta tanto… A lo mejor puedes necesitar un conjunto de ordenadores que cuesta entre 100.000 o 500.000 euros para hacer unas pruebas. Y luego esperas el tiempo necesario para que esas simulaciones que hagas tengan validez. Hay que enfrentarlas con un modelo que sea real y empírico y lo único empírico en este sector es volar. O vuelvas o nada”, ilustra Torres.

Con los años, PLD ha ido desarrollando algunas infraestructuras para hacer esas pruebas. La firma cuenta con un banco de pruebas en el aeropuerto de Teruel en el que ya han probado sus motores, además de utilizar otras herramientas como túneles del viento para testear otros componentes necesarios para un vuelo al espacio.

La firma cuenta con un banco de pruebas en el aeropuerto de Teruel en el que ya han probado sus motores

Una de las novedades que propone la empresa de Torres pasa por el uso de motores propulsados por combustible líquido. “No es una solución única en el mundo porque lo usa SpaceX, Soyuz, Antares o Angara. Decidimos usar keroseno, aunque no hay experiencia en Europa. Es muy económico y está líquido a temperatura ambiente, que es muy importante porque lo puedes almacenar a 20º”. Torres pone el ejemplo del oxígeno líquido (que se debe conservar a -185º) para ilustrar las ventajas del uso del keroseno en sus motores.

Apoyo de la ESA

Puede que PLD Space no haya volado todavía pero el trabajo de Torres, Verdú y el resto de empleados de esta empresa ya ha sido reconocido en el extranjero. No es casualidad que la firma haya ido levantando rondas de financiación a medida que han pasado los años —la última, anunciada este verano, inyectó 7,1 millones en las arcas de la empresa— e incluso la Agencia Espacial Europea (ESA) les ha brindado su apoyo para desarrollar la tecnología necesaria para recuperar los lanzadores después del vuelo.

Aunque la maniobra no será exactamente igual que la que ejecuta SpaceX en la actualidad, la firma de Torres pretende que sus lanzadores se posen suavemente sobre el mar para poder recuperarlos y reutilizarlos en el futuro. El ahorro de costes, como comenta Torres, es exponencial: “Imagina que te compras un iPhone X, haces una llamada y lo estampas contra el suelo. O que tienes un coche nuevo, le das una vuelta y lo metes en una máquina de prensado. El tema es cómo lo consigues en un vehículo sometido a tantos ambientes distintos: el despegue, el vuelo subsónico, el transónico, el supersónico, la reentrada, el impacto en agua… Pero se puede hacer”.

La ESA les ha brindado su apoyo para desarrollar la tecnología que recupere los lanzadores después del vuelo

Y PLD pretende hacerlo desde el primer vuelo del Arion 1. Torres señala que tienen ya listo un manifiesto de vuelo en el que habrá tres lanzadores (las misiones Test Flight 1, Test Flight 2 y Commercial Flight 1). El lanzador que regrese en mejor estado será el que vuele en la siguiente misión, apodada Commercial Flight 2.

Han retrasado las fechas del primer vuelo de prueba del Arion 1, que se iba a lanzar en verano, hasta octubre de 2019. Será el momento clave en el que el vehículo de 13 metros de largo y dos toneladas de peso tendrá que validar todo el trabajo hecho durante los últimos ocho años y en el que todo el equipo resalta el gran aprendizaje que ha supuesto esta aventura. “Es un sector tan complicado que cuando crees que la solución a un problema es por un camino, al final te das con muro y tienes que dar mil vueltas para corregirlo”, apunta Torres.

De conseguir colocar esa primera carga en el espacio en octubre de 2019, PLD se convertirá en la primera firma comercial española en lograrlo. Pero a Torres eso de ser los primeros no termina de sorprenderle ya que opina que debería haber mayor competición en el sector. “Me sorprende que no haya más o que no se haya hecho antes. Nosotros hemos tenido la iniciativa de hacerlo y nos ha costado años y muchos dolores de cabeza. ¿Por qué no hay mas Tesla o más proyectos de ciencia y tecnología? Creo que la política hacia el desarrollo científico y tecnológico en nuestro país a día de hoy es errónea. Hay un miedo al riesgo en la inversión que se nos inculca desde pequeños”, reflexiona.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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